MOSCÚ -- Rafa Márquez y Javier Hernández quemaron su pólvora en infiernitos, en juegos pirotécnicos de kermese.

Ambos se apresuraron en redes sociales a aclararle al bullicioso entorno de la selección mexicana que el pase a Octavos de Final es sólo mérito suyo y que no existe padrinazgo de Corea del Sur por humillar a Alemania, 2-0.

¿Y...?

Márquez y Hernández puntualizan que es mérito del Tri el haber sumado los seis puntos que los envían a enfrentar a Brasil, y que la sacudida de Corea del Sur a Alemania ocurrió en otro universo y no en su vecindario mundialista.

¿Y...?

Pasaron, los seleccionados, en cuestión de horas, de #ImaginémonosCosasChingonas a imaginarse complots.

Sin duda tienen razón. Los seis puntos los acercaron a un desenlace dramático, especialmente porque nadie podía apostar por la debacle alemana.

México siempre fue dueño de su destino, claro, hasta antes de que Suecia le diera tres tiros y no en el pecho, sino más abajito. Y entonces, sus feligreses tricolores prefirieran pujar por Corea, y olvidarse de sus héroes, que ya eran fiambres en descomposición en la cancha de Ekaterimburgo.

Márquez generaliza con el término "mediocres" a todo aquel que hizo mofa, meme, tweet, reporte noticioso, análisis o simplemente un chascarrillo, por la fortuna de que Corea del Sur finiquitó las esperanzas alemanas, y ahuyentó el peligro.

Márquez debe recordar que "el que generaliza, se descalifica y exonera", y al igual que Hernández, soslaya, lamentablemente, que en la amargura del 3-0, cabe la festividad consoladora de rendir tributo y agradecimiento a los futbolistas coreanos, que, dicho sea de paso, fueron recibidos de manera humillante en su país.

Contrastes pues: en Corea del Sur no se permite vanagloriarse por vencer a Alemania, porque no sana la herida de la eliminación; y en México se les trata como héroes porque sirven de catarsis para olvidarse de la abominación del 3-0 ante Suecia.

Ni Rafa Márquez ni Javier Hernández, ni otros seleccionados nacionales que se han inconformado de manera confidencial con algunos comunicadores, ninguno de ellos tenía porque desgastarse en esos mensajes de autocompasión.

¿De verdad Márquez cree que se les considera mediocres por la derrota ante Suecia? El 3-0, penoso, doloroso, no puede competir con la contundencia de no sólo vencer a Alemania, sino ofrecer 45 minutos brillantes ante los vigentes campeones del mundo y de la Confedereaciones.

¿Y de verdad Javier Hernández cree que se les considera "pendejos" por perder ante Suecia?

Curiosamente, cuando les conviene, los futbolistas argumentan que ni son los mejores cuando ganan, ni son los peores cuando pierden.

Y, ahora, mientras los aficionados se deleitan con el folklore tan mexicano de bailar un jarabe o un huapango sobre su propia tumba, son los mismos seleccionados, a través de sus aparentes líderes, Rafa y Chicharito, quienes se quejan de considerarse, a sí mismos, los peores porque perdieron ante Suecia.

Tal vez fueron celos: esperaban un apapacho y una felicitación, pero todas las atenciones fueron hacia los sudcoreanos.

Tal vez, el estar enclaustrados, el vivir entre cuatro paredes y la cancha de entrenamiento, los aísla de la realidad. A más de 48 horas después del descalabro ante Suecia, los aficionados mexicanos montan su caravana llena de ilusiones con rumbo a Samara

Rafa y Javier deben saber que ningún peregrino de sus propias fantasías, que se encuentra en Rusia, devoto del Tricolor, piensa que México ya perdió ante Brasil.

El fenómeno que implica una psicomotricidad anímica y espiritual, ese del "sí se puede", los lleva a esta jornada trasiega, porque creen que tras la exhibición ante Alemania, en verdad, ellos pueden.

¿Sabrán los seleccionados que hay fanáticos suyos que mal comen, mal duermen, viajan en tren, a veces no consiguen boleto, y hasta hay gente anciana que sufre para subir los escalones de los estadios?

Calificar y clasificar de "mediocres" a quienes festejan el triunfo de Corea del Sur, o pensar que sus seguidores les consideran que perdieron "por pendejos", es quemar pólvora en infiernitos.

Recordemos: en la Arena Ekaterimburgo no hubo abucheos, no hubo reclamos, aunque, ciertamente, no hubo ese éxtasis festivo como el alboroto que se armó tras vencer a Alemania y a Corea del Sur.

Si no hubo reproches, ¿a quiénes reprochan Márquez y Hernández, a nombre de todos en el Tri a través de sus epístolas mediáticas?

Es más, internamente, el aficionado debió agradecer esa dosis extra de estremecimientos, de angustia, de ansiedad, al olvidarse de bendecir a los de Ekaterimburgo, para implorar a todas las virgencitas para que el milagro ocurriera en Kazán.

Insisten ambos en que ya entendieron en qué se equivocaron y que pretenden solucionarlo ante Brasil. Ni falta hacía aclararlo. Ni por parte de ellos, ni por parte de otros jugadores que envían quejumbrosos mensajes directos a otros comunicadores. ¿Acaso no es su obligación?

Ahora, si estos boletinazos en redes sociales pretenden ayudar a la catarsis, a la autoexpiación de culpas, tiene todo su derecho. Tal vez, incluso, pueda ser un método de liberación que caiga en el librito de Imanol Ibarrondo.

No siempre estas reacciones son eficientes ni efectivas. Recordemos aquella cartita de Márquez, que balbuceó Héctor Moreno, y que le escribió un tundeteclas, por consejos de Decio de María y de Justino Compeán.

En realidad, el que tipos experimentados, con recorrido por torneos europeos, ganadores de varios de ellos, con un historial en las primeras ligas del mundo, parecen demasiado bobalicones, distrayéndose del momento en que están.

Aquí falla Ibarrondo: debe hacerlos entender que ellos son los protagonistas de su propia historia, y no pueden perder tiempo y esfuerzo en lamentaciones, simplemente porque el aficionado y los medios se subieron al carrusel festivo del "coreano, hermano, ya eres mexicano".

Porque, ojo, estos futbolistas profesionales, predestinados, privilegiados, y ciertamente porque lo merecen, tienen la oportunidad histórica de invitar a la fiesta y al orgullo a 130 millones de mexicanos, con ese quinto partido, algo que ya hicieron balompiés con ligas inferiores a la mexicana, como Costa Rica y Estados Unidos, y sin tanto lavatorio público de sus culpas, como lo han hecho Márquez y Chicharito.

Ellos, todos, tienen algo más importante que enfrentar, antes que el chacoteo festivo de su perímetro pasional, como a un tal Neymar, una tal Coutinho, un tal William, un tal Marcelo, etc...

Lamentable pues que se distraigan en murmullos inocuos, inofensivos, inocentes y juguetones, cuando el entorno los ampara para que sean dignos competidores ante Brasil...

Por eso, insisto: dónde quedó aquello, Javier, de #ImaginémonosCosasChingonas en lugar de andarse imaginando complots...

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