Lo humillante para Pumas no es el veredicto (1-4) que tiene facha y fecha de epitafio...

Lo humillante para Pumas no es la virtual eliminación, porque al fin y al cabo su clasificación a la Liguilla tenía el diagnóstico del chiripazo...

Lo humillante para Pumas no es el nombre (América) ni el apellido (Ódiame Más) del burlón victimario, con ese odio sulfúrico gangrenado con tantos antecedentes...

Lo humillante para Pumas no es que le asalten la guarida, esa otrora fortaleza, hoy derruida, pero aún custodiada, inútilmente, por la lealtad genuina de porristas y el fanatismo de porros...

No, lo humillante es que los Pumas salieron castrados del vestidor y el América, técnicamente, si cargó, hasta el Olímpico, la canasta con todos los huevos de El Nido de Coapa... Lo humillante para Pumas es que claudicó en el pasaje tenebroso del acobardamiento antes de pisar la cancha. Fue una blasfemia espiritual contra su propia cancha...

Sus jugadores nunca fueron lo suficientemente hombrecitos para enfrentar a los nombrecitos del América. El grito de "Goya" se quebró como un himno fúnebre arrullando la derrota.

Salieron los Pumas acicaladitos, perfumados y con las zapatillas impecables, pero las entrañas, todas, con las gónadas incluidas, se quedaron en el casillero vejado....

Y América, masculinamente serio, futbolísticamente comprometido, encontró en la noche explosiva del explosivo Mateus Uribe, y en el calvario del manchón de las sentencias, la guillotina exquisita de Jeremy Menéz.

Oribe Peralta sigue sin encontrar la red, pero sigue tendiendo la red en el área para atrapar a la presa. Ayer intervino en tres los goles. Parece el notario público que legitima las historias que terminan en el marcador.

Lo de Pumas apesta también a suicidio táctico. Los castrados universitarios, encima, salieron mal acomodados. Patiño decidió inventarle a Matías Alustiza el oficio de gatillero, pero lo enclaustró entre el embudo defensivo americanista, y al hombre alevoso de las cobardes pistolitas de balines en Puebla, le entregó arma con balas de salva.

Curiosamente la mejor propuesta que pudo mostrar Pumas, la inventó Patiño tratando de parchar sus propios errores, pero el 1-4 narcotizaba cualquier ilusión de hazaña.

Y lo simplificó el América: con Oribe como gestor, con Uribe de francotirador, y Menéz tomando té activando el patíbulo, el 1-4 fue el premio a la disciplina, el compromiso y sobre todo eso, que el equipo viajo de Coapa a C.U. con la indumentaria hormonal completa.

A Miguel Herrera a poco debió saberle el felino. Ocho veces le ha tendido la emboscada y salido victorioso.

¿Puede remontar Pumas? Necesita ganar por cuatro goles de diferencia. Hasta la aritmética puede diferenciar en estos casos entre lo improbable y lo imposible.

Y los Pumas de este miércoles por la noche, parecen más dispuestos para la ordeña que para la inseminación... de una hazaña, claro.

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