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¿Fue honrosa la derrota de Cruz Azul en el 'Clásico Joven'?
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LOS ÁNGELES -- Sábados así. Tan llenos de futbol. Tan llenos de prodigios. Tan llenos de artistas. Sábados así, de sudor y drama. Tan llenos de lo inesperado.

Ya, de por sí, uno se despierta con la Liga Premier en un culto fascinante al futbolista jugando al filo del abismo físico y espiritual, tararearía Juan Luis Guerra, "cruzando el Niágara en bicicleta", para que después, de la chistera infinita e inagotable del futbol nos exploten en el alma, las taquicardias y el drama, el agobio y la liberación, hasta las castizas mellizas, truculentas, del placer y el dolor.

Es así, porque es futbol. Sí, es sólo futbol. Sí, sólo es futbol. Sí, es el futbol.

Apenas el ronco tambor cardiaco se apaciguaba con el frenetismo inglés, y al mediodía, casi, lo inesperado. En esas tierras aventureras donde el júbilo infinito se transforma en esa sensación de amargo tributo al privilegio de la batalla. Porque sí, porque es futbol.

En Los Ángeles, en una rivalidad tan "Made in USA", en un logaritmo fastuoso del marketing, se fabrica un "Clásico" aberrante a la definición misma: Galaxy frente a LA F.C.

Sí, ahí, aquí, en la MLS. Un rincón millonario, extravagante, excéntrico de un futbol empobrecido porque se queda fuera del Mundial. Y ahí, en la Liga del Adiós, chisporrotea lo impensado.

Y comienza con Carlos Vela. Un mexicano con standard europeo, que elige vivir sin tener que pervivir. Y elige la MLS. Y se le siente como un reflejo de lo que más le extasía: el basquetbol. Vela es un Globetrotter futbolero.

El primero es un arcoíris al arcoíris del Galaxy. Ahí, donde dicen que las arañas tejen su nido. Y en el segundo pone a rapear y a perrear a sus entumecidos cinco adversarios, para colgar el balón del techo traslúcido del arco. LA F.C. se apoderaba de la plaza, pero...

Con esa cicatriz de bandolero a lo ancho del rostro. Sí, con esa sonrisa de Guasón, de Joker, su código de barras del cinismo, aguardaba en la banca. Ese hombre pegado a una nariz, como Cyrano, que había aterrizado un día antes con ese aroma europeo de triunfador.

En el marcador todo parecía perdido para el Galaxy. Y Sigi Schmid trata de rescatar la mercadotecnia, porque sus dos muñecos de taquilla, Jonathan y Gio dos Santos estaban averiados.

Y la MLS se transformó en la MLZ, con zeta de Zlatan. Poco reposo, poco futbol recientemente, pero el tipo tiene más sabiduría en ese bulbo exquisito de la astucia, que cicatrices en el cuerpo.

Al final Zlatan Ibrahimovic, con esa sonrisa tatuada en el rostro, como para burlarse del universo, ingresa. Y como él mismo lo decidió, sí, la MLS pasó a ser la MLZ.

No es Messi. No necesita serlo. No es Cristiano... y no necesita serlo. Ni es Neymar. Es, Ibrahimovic, un futbolista engendrado en campos de batalla. Esos que él mismo desata en su ira deportiva.

Donde hay paz, él desata la guerra. Donde hay guerra, Zlatan desata holocaustos. Donde hay holocaustos, él organiza el Juicio Final.

Y el primer gol lo define. Un balón que habría resultado un problema de trigonometría para el resto del universo, él elige el instinto sobre la razón. Casi 40 metros, recorre ese obús. 3-3.

Histeria absoluta en casa del Galaxy. Azoro. Sólo la explosión inconsciente del festejo supera el momento atónito. Paroxismo es una palabra hueca para definir la locura. Así debieron ser las funciones de circo de Nerón.

Y el bautizo de fuego en la MLZ de esta MLS. Minuto 90. El cronómetro del árbitro se desangraba. Un balón al frente. Zlatan adelantado. ¿Habíamos hablado de astucia? Renuncia a ir por el balón. El juez se traga el escenario, se cohíbe, se inhibe. Y deja seguir mientras repasa mentalmente la regla del fuera de lugar. 1+1=0, la aritmética en la cabeza del silbante.

Ibrahimovic había confundido a todos. Especialmente a la defensa del LA F.C. Se refugia en su hábitat favorito. El tigre en la jungla, el león en la selva. Ahí, observa y acecha. El reloj se colapsa, pero La Bestia estaba en el área. Zlatan tuerce el descomunal pescuezo. El 4-3 se columpia en los infartos de la gloria.

Sí es la MLS, perdón, la MLZ, la liga de un futbol sin mundial y sin haber ganado nada importante en la misérrima Concacaf. Pero tuvo a Vela y a Zlatan

¿Quiere más? Sevilla ganaba 2-0. Podía ser 5-0. Barcelona condenado. Cómo le dolía la ausencia de Busquets. Y súbitamente, el que agonizaba en la trinchera argentina elige el Domingo de Resurrección, el sábado en que ocurre la quema de Judas. En dos minutos, Suárez y Messi bailan sevillanas.

Y con estos pasajes, el mundo se pone la mano en el corazón. El médico le explica: no es nada, es sólo futbol. No es nada, sólo es futbol.

¿Quiere más? Hurgue en los anales del Benfica. El balón se escapaba a terreno prohibido. Raúl Jiménez, más audaz y astuto que las peripecias de su propio cuerpo, elige una rabona, para sacar el centro medido, con teodolito, al corazón del área. El gol marca el veredicto, pero la jugada del mexicano se roba las memorias.

Y vuelven los estertores, las sudoraciones. ¿Qué pasa doctor? Nada, es sólo futbol. Nada, sólo es futbol.

¿Y por la noche?, bueno, no pasa nada, no es para tanto. Cruz Azul es Cruz Azul.

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LOS ÁNGELES -- Este viernes, en Raza Deportiva de ESPNDeportes, revelábamos una confidencia de Juan Carlos Osorio a su cuerpo técnico sobre los lamentos puntuales de Rodolfo Pizarro, al inventarle una posición incómoda en el amistoso que perdió México ante Croacia.

"¡Ah! Y en un Mundial, ¿cree Rodolfo que va a tener juegos cómodos? Este chico no entiende que tiene todo para explotar, para marcar diferencia... y no lo hace", expresó Osorio, mientras sus allegados le reportaban los comentarios de sus convocados a diferentes medios, en la víspera de que el colombiano viajara a Los Ángeles para observar este sábado el juego entre Galaxy y LAFC.

Esa misteriosa e inexplicable telepatía. Porque Rodolfo Pizarro le dio la razón a Osorio la noche de este viernes en Morelia. Marcó dos soberbios goles, coqueteó con dos más, pero, sobre todo, se convirtió en el pastor de un Rebaño plagado de promesas.

Imago7Rodolfo Pizarro.

El veredicto de 2-1 no refleja el dominio rojiblanco, aunque tampoco la pujanza combativa de Monarcas. Fue un juegazo con todos los ingredientes que suelen acompañar a un partido que, con los alargues, se disputó por 100 minutos.

Con 15 puntos, Chivas aún multiplica por el coeficiente generoso de la esperanza la justeza de sus ansias de clasificar. Su margen de riesgo es extremo: bajo cero. Un empate lo trastabillaría.

Pero, ante Morelia, Guadalajara ganó en todo. Especialmente, cuando soltó en la cancha a la banda de mocosos que cobija Matías Almeyda con los Torres, los Mayorga, los Godínez, los Macías y el respaldo a Sandoval, mientras el Conejo Brizuela sufría, pero contenía a los diferentes adversaros que Roberto Hernández le movía por su carril.

Dinámico, vertiginoso, con relevos y rotaciones que embaucaban al Morelia, Chivas tomó el mando del primer tiempo, sufriendo por precipitaciones e imprecisiones, reflejo natural de un equipo que le reclamaba caudillaje a Pizarro, ése, el marginado ante Croacia.

Ante un equipo superior en la tabla, que se codea con los que alistan el frac para la gala de la Liguilla, Chivas mantuvo la posesión de la brújula y, especialmente, muy especialmente, destacando y rescatando ese sabor exquisito del futbol belicoso, de ataque.

Envuelto en ese acoso humeante de un Guadalajara sin posición fija, sin prisión táctica, el Morelia respondía lo mejor que podía, a pesar de ese sufrimiento evidente para poseer el balón.

Llegaría Rodolfo Pizarro. Con una mano le dijo a Osorio que tenía razón. Con la otro, le tapó la boca al técnico del Tri.

El primer gol es una joya de oficio, traslado y serenidad absoluta, especialmente ante uno de los mejores arqueros de la Liga y que, incluso, a los medios uruguayos sorprende por no ser convocado por Óscar Washington Tabárez.

El segundo refleja las mismas virtudes. Control, serenidad, elección y técnica. Y de nuevo, Pizarro coloca el balón lejos de un Sebastián Sosa que adelantaba pasos para reducir el área de fusilamiento.

Tendría dos más Pizarro, una de ellas al intentar cazar al arquero de Morelia con un balón flotadito que el uruguayo saca por encima.

Pero, más allá de esa pirotecnia ante el arco contrario, Pizarro se desplegó como almirante de una fragata de relevistas, mientras Almeyda reservaba algunos para el juego de Concachampions ante RedBulls de Nueva York.

Chivas sufrió cuando jugó, ya con el 2-0 bendiciéndolo, con Alanís, Salcido y Pereyra en el fondo, éste en relevo supliendo a un insolente Óscar Macías, quien metió pierna y barrió ante los experimentados de un Morelia que sólo había perdido ante Pumas como local en este torneo.

¿Alcanza este escuadrón híbrido de imberbes y veteranos de Chivas para, alternando planteles, cumplir la ilusión de ganar la Concachampions y llegar a la Liguilla? Jugará tres partidos en casa, recibiendo a puro desesperado: Veracruz y León, además de "visitar" al Atlas. Su único viaje es a Tijuana.

Tácticamente, Chivas tiene más orden que todos ellos, pero no ha podido ganar en su estadio en este torneo. Sus tres victorias han sido como incómodo huésped.

Morelia, mientras tanto, pese al revés, aún con victorias de Monterrey, Puebla y Tijuana, no saldrá del convoy de los ocho primeros.

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LOS ÁNGELES -- El silencio es una forma de opresión o de represión. Pero, el silencio por sumisión es un acto de complicidad.

Y el silencio de los inocentes no los hace menos culpables, por el contrario. La autocensura es el peor acto de cobardía porque germina en la tierra fértilmente estercolada por el miedo.

Juan Carlos Osorio DT Tri
Imago7

Pero, finalmente -y tal vez tardíamente-, algunos ya alzaron la voz. Andrés Guardado y Guillermo Ochoa invocaron, porque creen que sí existe, "la inteligencia del Profe Osorio", para que saque "conclusiones importantes" y "reflexiones útiles" tras la oscuridad mentirosa del 3-0 ante Islandia y tras las penumbras genuinas del 0-1 ante Croacia.

Ambos, el capitán del equipo, y el líder del cuadro bajo, le censuraron el acto suicida de jugar con tres en el fondo y un contención, que, por cierto, no contiene ni la risa, que es Diego Reyes.

Coinciden Guardado y Ochoa en que, de esa manera, Osorio fragilizó a México, y claro, más que dolerles la derrota ante Croacia, les duele el consumarlos como el hazmerreír en un juego que debió ser aprovechable y no de autoflagelo. Nadie les avisó que serían los payasos del circo.

A ellos, en tonos distintos, se unen Miguel Layún, y hasta un Rodolfo Pizarro -sacrificado inmisericordemente en el festival aberrante de las improvisaciones y las ocurrencias-, ambos, decía, se manifiestan en contra de los experimentos del Frankenstein colombiano, quien arma a retazos su mamarracho, a poco más de dos meses del Mundial de Rusia.

"Esa es una táctica que nunca ensayamos, así es complicado", dijo Pizarro, quien tal vez puso clavos a su ataúd, tras la tumba que le cavaron las recomendaciones lapidarias y dictatoriales de Pompi, para sus amigos, es decir, Pompilio Páez, quien metió el hígado y corazón de pollo del jugador chiva y se los tragó en una arepa.

Así, más allá de que le sobra el tiempo para enviar ramos de 36 rosas en encendido escarlata a algunas personas, pero acomodarles las espinas a sus jugadores, llegó el momento de que alguien obligue a Juan Carlos Osorio a ejercer el oficio de la autocrítica y trabajar en ello.

Este jueves, en Raza Deportiva de ESPNDeportes, Denis Te Kloese, director general de la Comisión de Selecciones Nacionales de México, aceptó que el recurso de la autocrítica es un bálsamo en tiempos de dudas o "de funcionamientos sólo regulares", como evaluó momentos del Tri.

Se le preguntaba a Te Kloese si, eventualmente, recomendaría una terapia de grupo, una lluvia de ideas, y hasta un ceremonial de catarsis entre los jugadores inquietos, el cuerpo técnico y quienes tienen o mantienen el hilo de autoridad absoluta: el mismo holandés, Guillermo Cantú y hasta Gerardo Torrado. No descartó hacerlo.

Recordemos que, al menos de palabra, Cantú dijo a este reportero que la lista de jugadores mundialistas se depurará de manera consensuada entre directivos y cuerpo técnico, con diálogo, sin caprichos y sin imposiciones.

Y recordemos que Torrado también a este reportero le aseguró que tras sus experiencias como jugador rudo, ríspido, con caudillaje en vestidor, saltaría de su investidura de director deportivo a alzar la voz en el vestuario en beneficio del equipo.

Pues llegó el momento. Los jugadores empezaron a salir de ese capullo represivo de la sumisión y si ya antes cuestionaron esa ruleta rusa de las rotaciones, es el momento de dejar de cuchichearlo ante los medios para hacerlo cara a cara con Osorio, Pompi y compañía.

Lamentablemente, los jugadores dependen exclusivamente de su propia fortaleza como grupo. Y eventualmente del respaldo que encuentren, en una retribución de empatía, con los propios Te Kloese, Cantú y Torrado.

Y quede claro: si estos tres dirigentes del Tri abandonan al futbolista inconforme, estarán traicionando sus obligaciones. Y sus propias raíces como futbolistas.

Por otro lado, entre los directivos, hay un silencio sepulcral. Todos han inclinado la testuz. Se han puesto el yugo. Los dueños de equipos, tigres en sus empresas, hoy son zombis millonarios en el tema de futbol.

Nunca mejor que hoy, el bautizo de Sven-Göran Eriksson: "La Yunta de Dueños". Aran hoy los surcos donde sepultan su dignidad y derecho a réplica.

Recordemos que el último intento de sacudir a Osorio lo hizo el Grupo Pachuca. Presentó sus 14 beligerantes puntos acerca de las deficiencias del técnico colombiano, y Decio de María lo sintetizó todo en un: "Gracias por tu preocupación, ahí déjamelos y luego te aviso qué decidimos...".

Esto que cito es genuino: el documento que entregó Andrés Fassi, en esa reunión, lo depósito Decio en el basurero de la misma sala de asambleas.

Obviamente Osorio, quien ya renunció a la selección de México cuando la exigua vida del tricolor expire en el Mundial de Rusia, sabía y sabe que tiene aún más libres las manos para comprar tres docenas de rosas rojas a unos y espinas a otros.

A menos que Guardado, Ochoa, Layún, Chicharito, Moreno u otros entiendan que esta es su última oportunidad de conseguir algo histórico en un Mundial.

Ghandi les tendría un consejo: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

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LOS ÁNGELES -- Matías Almeyda montó su propio Muro de los Lamentos. Plañidera de su propia desgracia, sollozó ante los medios las desventajas de Chivas ante rivales de mayor capacidad, en cantidad y calidad, para poder reforzarse.

Bajo una visión estricta, parece una voz de renuncia, de rendición, de abatimiento. Un "no podemos, aunque lo intentaremos".

Cuando el torneo recién comienza, parece extraña la cavilación de Almeyda, especialmente cuando al llegar a Chivas se le vino encima un tsunami de presiones, inconveniencias, compendiado todo ello, metafórica y equivocadamente, en esa figura torpe de "un dinosaurio" que los orinaba de desventuras.

Almeyda no tiene una nómina inferior a la de otros equipos. Tiene, en cambio, un plantel de jugadores que se sienten inferiores a los de otros equipos. Y él poco ayuda.

Bien lo dice el técnico de Chivas: fueron campeones bajo el amparo de un funcionamiento colectivo. Fueron superiores a Tigres -sin olvidar la fechoría o torpeza de Santander-, que evidentemente cuenta con una nómina que encandila con la gama de seleccionados nacionales de diferentes países.

El Pelado se equivoca al apapachar a sus futbolistas de manera subliminal, enviándoles el mensaje de que su responsabilidad se reduce ante cuadros plagados aparentemente de estrellas.

Monterrey, tal vez la nómina más codiciada en los últimos torneos en México, no ha podido ser campeón, incluso a pesar de favores arbitrales descarados en aquella Final ante Pachuca.

Ratifico: el plantel de Almeyda es competitivo. "Once contra once", como descubrió maravillosamente el mismo entrenador.

Y lo primero que debe distinguirse es la diferencia entre valor y precio. No por ser más caro un jugador de Tigres, Cruz Azul, América o Monterrey es necesariamente más valioso o más útil que un jugador de Chivas.

La gran diferencia es que ha sido evidente que el futbolista del Rebaño ha perdido esa devoción, ese compromiso, esa rabia, esa pasión por mostrarse a plenitud en cada partido.

Durante el torneo en que se corona campeón, a pesar de lesiones, a pesar de algunas situaciones personales que le quitaron ritmo al equipo, al final, el grupo se solidarizó en la cancha, hubo una voluntad granítica, absoluta, por demostrarse a sí mismos y un escenario gremial, colectivo, que eran los mejores.

Tal vez eso ha perdido Almeyda: la capacidad de reconstruir un discurso lo suficientemente poderoso para sacar de sus debilidades a futbolistas que están por debajo de su nivel.

Pero, también, no puede soslayarse que el futbolista tiene deberes: jugar bien y al tope cada partido de futbol.

Si cada jugador de Chivas necesita un lavado de cerebro y de meninges antes de cada partido para salir a disfrutar un placer para el cual además debe considerarse un predestinado, quiere decir que dentro de las cabecitas veleidosas, frágiles y huérfanas de testosterona hay podredumbre espiritual.

Si un futbolista necesita de una terapia motivacional en cada juego, significa que no comprenden ni la camiseta que visten, ni la trascendencia histórica del Guadalajara, ni las ilusiones en millones de personas, y lo más grave aún: no perciben, ni remotamente, el privilegio maravilloso de dedicarse a su pasión.

En verdad, ¿es demasiado pedirles a esos 23 aburguesados que dediquen dos horas de trabajo diario, que cuiden sus organismos en su vida particular y que, principalmente, salgan durante 90 minutos a reembolsar a la afición, al club, a su entorno y a su placer mismo, su máxima capacidad como futbolistas?

1.-Que si Orbelín Pineda sigue embobado venerando a la venus que la vida le ofrece en su camino...

2. Que si La Chofis perdió kilos, pero no ganó en seriedad como para alejarse de esos sitios de cupidos asalariados...

3. Que si Pizarro sigue pensando que él debió viajar antes que Chucky Lozano y vive frustrado por ello...

4. Que si Brizuela sigue prefiriendo ser simplemente El Conejito...

5. Que si Alan Pulido sigue viviendo en un mundo paralelo de mentiras, lujos y excentricidades, como lo demostró, nuevamente, con aquel accidente automovilístico...

Y podemos seguir con otros ejemplos similares dentro del plantel.

Por eso, reitero: Almeyda no tiene un plantel inferior, sino un plantel con algunos jugadores que se obsesionan con placeres inferiores al futbol, lo que denota la inferioridad de su capacidad mental y espiritual ante la dimensión de los retos monumentales que representa Chivas.

Y poco ayuda que El Pelado, públicamente, los apapache, pobreteándoles, porque cuestan menos, en lugar de convencerlos, que aunque cuesten menos, pueden valer más como equipo.

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Mundial FIFA, México

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LOS ÁNGELES -- Javier Hernández languidece en la banca. Miguel Layún titubea en el péndulo de la incertidumbre. Héctor Moreno no encuentra la ubre de la Loba en Roma. Raúl Jiménez argumenta con golazos ocasionales el desdén en Benfica. Tecatito Corona juega con su propia ruleta. Héctor Herrera en círculo de la modorra a la explosión. ¿Diego Reyes? Es, simplemente, Diego Reyes.

Chucky Lozano y Andrés Guardado son los únicos que tranquilizan a Juan Carlos Osorio, quien hurga, intrigado, respuestas en la báscula, en las siluetas y en los índices físicos de Giovani y Jonathan Dos Santos, mientras Carlos Vela organiza su prematuro semiretiro entre su modorra hacia el calendario del LAFC y su excitación por el de la NBA.

Getty ImagesJuan Carlos Osorio e Hirving Lozano

En charla con Futbol de Primera, Osorio reitera que sus dotes de pitoniso le permitieron prever que el 60 por ciento de los "europeos" se quedarían sin la titularidad, y por eso urdió un plan alternativo para resanar esa falta de competencia directa.

En el desamparo de la banca o en el desdén de la tribuna, la osamenta experimentada del Tri rezuma y resume su frustración porque el Mundial está más cerca que la titularidad.

El entrenador del Tri asegura que adelantándose al siniestro destino de esa legión de mexicanos, recluidos, confinados a las bancas europeas, entregó a cada jugador una alternativa de acondicionamiento para no perder el ritmo competitivo.

En su alocución, nuevamente, Osorio se contradice. Primero enfatiza que no hay posibilidad de nutrir al jugador de un nivel competitivo como el combate directo y semanal, pero afirmaría después que su guía especial de acondicionamiento hará ese milagro.

Ciertamente, Osorio tendrá su mejor oportunidad de rescatar a estos jugadores que tanto le preocupan. Le llegará su momento cuando pueda tener cerca de un mes de trabajo diario, de acercamiento serio y de práctica intensa, además de los juegos de preparación.

Pero esperar que con una guía de trabajo, con el futbolista aislado, personal, sin vigilancia, pueda encontrar esa exigencia física, emocional y espiritual que sólo dan las batallas dentro de la cancha, parece una utopía, una panacea o una mentira.

Sería como editar un libro de esa colección "For Dummies (para taraditos)" que hay en librerías estadounidenses. Ya veo el bestseller: "Cómo llegar al Mundial en plena forma para Dummies", compendio de Juan Carlos Osorio.

Sin duda, el horizonte ha cambiado para el entrenador colombiano. Cuando se hizo cargo del Tri, tenía más futbolistas con más minutos en Europa. Y con eso le bastó para engatusar a la mayoría, apoyado en la clasificación más cómoda de los últimos procesos, aunque ante la peor versión de la Concacaf.

Osorio sabe que recibirá a jugadores desmoralizados. En sus clubes les han venido erosionando la credibilidad. Hoy, en la fría lealtad de los números, se puede interpretar, para bien o para mal, que ni Chicharito era tan poderoso como parecía, ni Moreno es el Maldini que México anhelaba.

De ese descenso en el rendimiento de la mayoría de emisarios mexicanos en las canchas y las bancas de Europa, el menos culpable es Osorio, pero deberá asumir una responsabilidad o irresponsabilidad colateral.

Al menos, en este momento, el DT del Tri puede reclutar a 23 jugadores de nivel aceptable en la Liga MX y con ese grupo realizar un trabajo formal, serio, semana a semana, con microciclos que le permiten tener una selección alterna, a pesar de que él viva endiosando a los europeos. Sin duda se le atravesarán la Copa MX y la Concachampions, pero bien sabe que puede reclamar ante la Yunta de Dueños (dixit Sven-Göran Eriksson) con un argumento irrefutable: el impacto del Mundial es directo en el torneo mexicano.

Además, a excepción de Chivas, el impacto no sería tan brutal en otros clubes que tienen como medula espinal a jugadores extranjeros.

Sin duda, inventar opciones tan frágiles y hasta ficticias como este manual alternativo de acondicionamiento, equivale a no hacer nada, a cruzarse de brazos, y a justificarse con una ocurrencia para lavarse las manos por parte de Osorio.

Mientras tanto, los estelares de Alemania, Suecia y Corea del Sur juegan semana a semana, y la mayoría de sus suplentes están más cerca de la titularidad que el escuadrón suicida de mexicanos en Europa.

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LOS ÁNGELES -- Fue también un martes negro. Sí, dentro de un martes estremecedor, estrujante, luminoso, en que la voluble ruleta del Mundial detuvo sus giros y entregó pasaportes directos y a repescas. Drama y comedia.

Un martes, diría Diego Maradona, en que la pelota se percudió, como él mismo lo hizo ante Inglaterra con su mano atea invocando a Dios, pero después la higienizó, con tersura, hasta inmacularla, con el segundo gol en esa huracanada embestida napoleónica, tan chaparrón y regordete, sobre los alfiles de la Reina.

Una jornada mundialista en la que Islandia es la candorosa Cenicienta que adopta la humanidad con la primorosa inocencia de la que debuta en Mundiales, hasta un Lionel Messi que despierta del letargo en su iglú pectoral y hace tres goles para ganarse, en Rusia, su última oportunidad de ser exaltado a esa Basílica donde hoy sólo habitan dos divinidades: Pelé y Maradona.

Pero, el futbol también tiene esqueletos en el armario. Bochornos que se exhiben patéticamente para demostrar que los veredictos de la cancha no siempre se asientan en la red ni siempre se oficializan en el marcador.

Hay dos manifestaciones descaradas. Una que confirma que los árbitros fingen ser ineptos inocentes cuando hay perversas indicaciones. La otra, cuando el futbolista concilia con su adversario un pacto de no agresión.

Ambos descréditos del futbol, de los árbitros, los dirigentes y los futbolistas mismos, ocurren en ese hemisferio, en el que Loretta Lynch determinó que hay más corrupción en el balompié: América. Se perpetraron delitos deportivos, morales, éticos, en Concacaf y Conmebol.

Ojo: no olvidemos que en Europa se consuman atracos similares. Austria y Alemania, en pleno mundial, pactaron jugar en media cancha, para que el 0-0 eliminara a Argelia. Y Thierry Henry encaminó a Francia a su peor mundial, de un manotazo. El karma cobra caro en el futbol.

El primero de ellos se consuma en favor de Panamá que, vale decirlo, obtiene de la manera menos grata, un visado mundialista que ya merecía y llegó a coquetearle en dos anteriores procesos. El destinatario del crimen futbolístico no es indigno del premio, pero si él es la forma.

Un balón que apenas husmeó, que apenas olisqueó la línea de gol, que merodeó en el inútil ya casi, fue dictaminada como gol. Sobre esa piedra, Panamá construyó su travesía mundialista frente a una Costa Rica ya clasificada, pero indignada por el asalto.

Panamá no es culpable. Cierto: siempre quedaba al equipo canalero el camino puro, muy improbable, de la caballerosidad y el honor, de decir que la pelota no había cruzado la línea de sentencia.

Pero, seguramente aunque Panamá intentara convencer al emisario de Concacaf, Walter López, éste, seguramente por consigna habría dado por bueno el gol. Ya no importaba si la pelota cruzó o no la franja homicida, sino que ya era oficial en el marcador.

Walter López fue, ha sido, y seguramente será, mientras la indecencia de Concacaf lo permita, un instrumento de los intereses de la zona. Es el tahúr que entrega la carta correcta al jugador correcto. Su favorito en estas lides siempre ha sido México, pero no significa que no pueda cambiar de ahijado. La corrupción y los vampiros no distinguen heráldica sanguínea.

La jugada siniestra de Walter López repercutió en oros frentes. Honduras se enteró que tenía repesca, y además ayudó al lento, penoso, ominoso, descarado, pero muy devoto suicidio de Estados Unidos.

Hay que recordar que es inexplicable que el silbante guatemalteco sea árbitro con gafete de FIFA, como apóstol del Fair Play, cuando su país está exiliado por corrupción de sus dirigentes. ¿Acaso el olmo da peras? O Infantino no lo sabe, o lo sabe y lo aprueba. En cuakquier caso, es cómplice.

El otro es escenario no es menos lamentable. Uno siempre defiende que lo más purificado en la cancha, generalmente, sí, generalmente, es el futbolista. Perú y Colombia arrullaron nuevas dudas hacia el gremio.

Aceptemos que Ospina se bloqueó mental, física y futbolísticamente, y por eso no llega al cobro de Paolo Guerrero, aunque iba a su poste, y aunque ha salvado de esas, y muchas, en su carrera este arquero colombiano.

El video lo muestra. Radamel Falcao deambula, casi cínicamente, pavoneándose, como ofreciendo algo prohibido, y tapándose la boca, con los jugadores peruanos. "Tregua, que estamos vivos", el mensaje.

El goleador colombiano asegura que "sólo les actualizaba sobre otros resultados de la eliminatoria", y claro el mensaje indicaba que el empate los tenía en la zona de clasificación. Pacto de no agresión.

Los jugadores peruanos aceptaron los diálogos con Falcao y agregaron a la lista de embajadores de paz, cuando en la cancha sólo debe haber guerra leal, a Cuadrado, quien redondeó el discurso pacificador de su compatriota.

Obviamente, aficionados de Colombia y Perú, defienden el gesto de divulgación de no agresión por parte de Falcao y Cuadrado, y la forma de consensuarlo con los resignados, abnegados y felices peruanos.

Y es entendible, porque, como seres humanos, y más en algo intrascendente, relativamente, como el futbol, para muchos, insisto, importa poco el cómo, especialmente si incluye un visado mundialista.

Cierto que Chile no hizo su tarea, pero en los códigos que tanto defienden a muerte públicamente los futbolistas, si estos comportamientos de pactar resultados los ejecutan con su selección, ¿lo harán también con sus clubes?

Puntualmente, en este caso, ese espíritu pulcro de futbolista, con quimeras de infancia y adolescencia en el barrio, se gangrenó. Y lo podrido, o se amputa o contamina.

Ya alguna vez el portero mexicano Oswaldo Sánchez pidió clemencia en una desesperada e histérica mímica, cuando sus adversarios hondureños estaban en pleno abordaje. Querían la zalea del Tri extendida en San Pedro Sula.

En el Mundial de 2002, en Oita, Japón, después de que Alessandro Del Piero consigue el empate a uno al minuto 85, Franceso Totti se acerca a Rafa Márquez para decirle que ese 1-1 los ponía en la siguiente fase para el deceso de Ecuador.

Insisto, no son vicios nuevos, pero no por habituales, son saludables.

¿Qué es más lamentable: la consigna conkakafkiana para Walter López o la procesión de rendición, pacificación y tregua de Falcao y Cuadrado y la sumisión de los peruanos?

Confirmo: lamentablemente, el fin justifica los medios... y los miedos.

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LOS ÁNGELES -- Nos merecemos el Muro. Merecemos pagar el Muro. Que lo pague la FMF. Por desagradecida.

Hace cuatro años, Estados Unidos le tendió un compasivo y misericordioso puente de salvación al desahuciado y sofocado México para que fuera al repechaje ante Nueva Zelanda. Como náufrago, el Tri besó la arena de Río de Janeiro.

Este martes, México debió corresponder. Este martes debió saldar deudas de honor. Pero mandó a Estados Unidos a Siberia, sin escala en Moscú. Al cabo, los desagradecidos o los malagradecidos tienen un nicho especial en el Infierno.

Este martes, ante un Estados Unidos agonizante, prostrado, famélico, tal y como el Tri del Chepo-Tena-Vucetich hace cuatro años, México debía derrotar a Honduras para darle un vaso con vodka ruso al moribundo.

Vaya, incluso por orgullo, el Tri debió tener misericordia, para que Estados Unidos no pudiera restregarle en el rostro que le salvó la vida hace cuatro años. Las deudas de honor son deudas de horror cuando no se pagan.

ABRAHAM DIAZ/AFP/Getty Images

Estados Unidos construyó un puente hace cuatro años, y este martes México levantó un Muro para que Estados Unidos no acudiera a Rusia. Miles de estadounidenses tendrán un verano de MLS en 2018.

Y saqueado en su presupuesto millonario de turismo estadounidense, Putin reubica sus misiles: de la Casa Blanca a la casa del Tri allá en el CAR, por el predio de Alquiciras, al sur de la Ciudad de México, junto a la caseta de Tlalpan.

Es cierto: en la banca del Tri estaba alguien ajeno a este compromiso moral: Juan Carlos Osorio, quien se obsesiona con los ensayos demenciales de rotar jugadores de nómina y de posición. El honor no entra en sus "alternativas tácticas".

Y Osorio, en ese tiovivo, en ese carrusel, entretenido con sus caballitos, desoyó la historia, y organizó a su equipo para perder más que para ganar. Otro Frankenstein en la lúgubre parodia del fracaso.

Por eso, insisto, nos merecemos el Muro. Merecemos pagar el Muro. Bueno, Usted y yo no.

Que lo pague la FMF...

O que lo pague la libreta de renglones torcidos de Osorio...

O que lo pague Andrés Guardado al desperdiciar al minuto 94 ese tiro libre...

O que lo pague Guillermo Ochoa, con ese autogol al más puro estilo accidental y chusco de Chicharito, anotado en su propio marco con la mollera...

En redes sociales, entre aficionados y comunicadores, era evidente ese malestar por la derrota de México, pero no por el zapotazo de una selección endeble en futbol y en proyecto, sino porque se perdió una magnífica oportunidad de pagar una deuda de honor.

Los desagradecidos son como esos cachorros de hiena, que no sólo se alimentan de la ubre materna, sino que la arrancan y se la tragan aunque se desangre su progenitora.

Ser desagradecido es el Onceavo Mandamiento, ese que no está escrito, pero si hasta Jesús aceptó el beso de Judas para agradecerle que le mostrara a la eternidad el camino de ser Redentor.

El irlandés Richard Steele es muy claro: "Un favor bien retribuido es tan maravilloso como el honor, para el que lo confiere y el que lo recibe".

En redes sociales se proclamó hace cuatro años a "Zusi, hermano, ya eres mexicano". Ante Honduras, Zusi y EE.UU. entendieron que todo Abel tiene un hermanazo como Caín con una quijada de burro, dispuesto a traicionarlo...

Insisto, pues: nos merecemos el Muro, al fin y al cabo, los mexicanos estamos doctorados en la hábil tarea de construir túneles hasta dentro de los túneles... y hasta Rusia, si es necesario.

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