LOS ÁNGELES -- Los números no mienten. Los hacen mentir quienes quieren escribir cuentos de hadas con ellos. El maquillaje de la mujer barbuda.

Pero, entonces, las estadísticas son como La Cenicienta: a la medianoche de la gran verdad, dejan vestidos en harapos, y descalzos, a los que se visten de ajeno. Y la desnudez es un oprobio.

La historia la escriben las proezas en el genuino campo de batalla. Y no en las kermeses populacheras, entre saltimbanquis y globos.

Y Jared Borgetti hizo 36 de sus 46 goles en tiempos de guerra de la selección mexicana, no entre floristas y algodones de azúcar, como Javier Hernández, con 24 de sus tantos en partidos ficticios de guateques. Uno es héroe de batallas, el otro, rey de los carnavales de SUM.

Y no es lo mismo anotar para conquistar, que anotar para pervivir. Lo primero es oficio de colonizadores, lo segundo es consigna de burgueses.

Insistíamos este lunes en Raza Deportiva de ESPNDeportes que darle legitimidad a esta carrera parejera entre Jared Borgetti y Javier Hernández, debe ejecutarse en escenarios genuinos de competencia.

Entonces, partamos, como caligulescos contemplativos de sacrificios ajenos de genuinos espartanos, de la competencia directa entre ambos, para que Chicharito alcance la cifra de los 36 goles en juegos oficiales de Borgetti y partiendo de la cifra de 22, que certifica ESPNFC, en confrontaciones sancionadas por FIFA.

Imago7/Mexsport
Indudablemente Javier Hernández es un goleador con virtudes innegables, entre ellas la capacidad de la accidentalidad de sus anotaciones, por eso, en este espacio hemos hecho referencia a su prodigiosa sapiencia para el trompicón, como el Chaplin del Gol.

Prácticamente, a la edad en que Jared asomaba como titular del Tri, es la misma en que ya Chicharito lo alcanza en la suma de los goles totales: los de Museo y los de bisutería, y eso abre una formidable oportunidad para el acunado y acuñado en Chivas, de seguir en ese desafío consistente.

Irrefutablemente, cuando Javier Hernández alcance y/o supere a Borgetti, de la rancia y alguna vez muy prolífica incubadora rojinegra, entonces, y sólo entonces, se podrá hacer de manera congruente el desfile mediáticamente mitómano, que en este momento se lleva a cabo.

Para fortuna de Hernández, este mismo año tendrá encuentros oficiales en la Copa Confederaciones, y aunque no estará este martes ante Trinidad y Tobago, le vienen aún seis más del Hexagonal: dos en junio, dos en septiembre y dos en octubre.

Y claro, el próximo año, el majestuoso escenario de la Copa del Mundo con un mínimo de tres encuentros, aunque ya en el exitismo precipitado de Juan Carlos Osorio y sus directivos, el Tri aspira al quinto partido... y más allá.

Así, con al menos seis años más opcionales en la selección mexicana, Javier Hernández tendrá la oportunidad de taparle la boca a los melindrosos que queremos distinguir entre los campos incendiarios de los juegos oficiales y las verbenas ocasionales de SUM.

Ahora, si después de ese lapso, no lo consigue, podríamos invitar a las exequias futbolísticas de Chicharito en el Tri a la señora Camila Sodi, para que le reinterprete aquello de "te quedó grande la yegua...".

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LOS ÁNGELES -- Pep Guardiola cita a Johan Cruyff quien sostenía que el equipo debía ser reflejo de su entrenador. México ya lo es: espeso, confuso, confundido, soso, pragmático, aburrido, conformista... pero, eso sí, cumpliendo la meta de ir camino al Mundial.

2-0 sobre Costa Rica. Javier Hernández alcanza a Jared Borgetti en la lista de goleadores, mientras Néstor Araujo hace el gol 400 en los Hexagonales de Concacaf (dato de Mr. Chip). Tres puntos, líder de la zona y 80 minutos de sopor.

Los Ticos están lejos de la versión de Jorge Luis Pinto. Domesticados emocionalmente, sin la belicosidad que le daba el técnico colombiano, ni la confianza en que la victoria era posible.

En la doctrina cínica de la decepción, estuvieron a la altura del desencanto un México que presentaba ausencias importantes, y una Costa Rica que sigue evidenciado calidad de futbol, pero no esa intrepidez moral y espiritual.

Así, más allá de los dos goles, en los cuales puede involucrarse la lentitud de Keylor Navas, con todo y el arropo madridista que evidente lo enorgullece, la diversión debieron ponerla en la tribuna, intentando organizar sus mosaicos, o arrullándose, más que excitándose, con el Cielito Lindo.

Destacando Carlos Vela en los pocos momentos de futbol, Guillermo Ochoa fue determinante con tres atajadas en el primer tiempo que impidieron un marcador que hiciera más denso el descolorido rendimiento del Tri.

Más allá de que Héctor Moreno mereció una roja por falta sobre Venegas, el ridículo absoluto se lo llevó Juergen Damm, tres jugadas de penetración, de manifestación de esa velocidad que tiene, pero su elección en la última jugada, es lamentable. Damm corre como teléfono inteligente... pero razona como teléfono de monedas.

Pocas conclusiones tiene México al final del 2-0, y muchas penitencias aguardan a Costa Rica, aunque, evidentemente, poco debe preocuparse ante el nivel de esta eliminatoria, el más bajo de los últimos tres Hexagonales.

Para quienes se conforman con las cifras, México domina de manera invicta esta fase eliminatoria, pero, seguramente, con el plantel que se tiene, sí debe exigirse otro nivel de futbol en la cancha, otro nivel de compromiso, y por encima de todo, no demostrar que se puede ir al Mundial, sino que se puede mejorar las historias patéticamente repetidas de desilusiones.

¿O acaso la legión de conformes y conformistas creen que con lo mostrado hasta el momento, esta selección mexicana, con su realidad actual, puede aspirar a más, a mucho más, dentro de una Copa del Mundo?

A esos, a ellos, a esos hijos bastardos por el matrimonio feliz de Doña Pusilanimidad y Don Timorato, les dejo una frase de Bernard Le Bouvier de Fontenelle: "Cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas".

Y, lo sabemos, el conformismo es la forma más prolongada de agonía.

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LOS ÁNGELES -- Pura vida, eso espera Juan Carlos Osorio al enfrentar a Costa Rica este viernes en el Estadio Azteca.

Precipitadamente, Osorio incubó ilusiones en la afición mexicana, que aún siente resquemor por los Aztecazos.

En charla con José Ramón Fernández, Osorio asegura que "jugador por jugador", de club a club, y "de Liga a Liga", México es superior al futbol de Costa Rica.

Difícil rebatirle. Innecesario cuestionarle. Ocioso desmentirlo. México es favorito sobre Costa Rica además con el amparo del Estadio Azteca.

Pero Osorio olvidó uno de los principios que tanto defiende: "Los partidos hay que jugarlos". Y en efecto, porque desde ese primor soberbio y altanero del autoengaño, lo cierto es que el futbol mexicano ha desfallecido hasta el estado catatónico en las dos eliminatorias anteriores.

Sufrió en la ruta a Sudáfrica 2010, hasta casi rozar la eliminación, y para Brasil 2014 debió ir a la repesca ante Nueva Zelanda, principalmente por un acto de generosidad de EE.UU. al quitarle ese privilegio a Panamá en su propia casa.

Entonces, los antecedentes no pueden ser usados cínicamente cuando convienen, para, después ser desdeñados, cínicamente, cuando no nos convienen.

La historia reciente en eliminatorias debe despertar zozobra y cautela. Y la historia reciente de Costa Rica también debe provocar respeto y prudencia.

Los ticos llegaron a instancias deseadas por el futbol mexicano antes que éste. Llegaron a semifinales de la Copa Mundial de Clubes con el Saprissa, mientras los equipos mexicanos seguía y siguen, como los leprosos del banquete.

Además, su impresionante irrupción en la Copa del Mundo de Brasil, con un protagonismo absoluto, rebasando los estándares de la zona tercermundista de Concacaf, reclama que se le contemple con deferencia y aclamación.

Renegar de la historia, es exponerse a repetir esos mismos errores. La desgracia de la reincidencia es un pecado de arrogancia. Y Costa Rica se ha empeñado en enviar notificaciones constantes al Tri.

Incluso, en la Copa Oro anterior, la eliminación de Costa Rica, y después de Panamá, a manos de México, ocurrió como efecto de una balandronada arbitral para escoltar de manera aviesa, a que el Tri de Miguel Herrera ganara el otro medio boleto para jugar la repesca a la Copa Confederaciones de Rusia.

Y, lo cierto, es que ya entonces, ya por la época del primer Aztecazo, hasta las referencias recientes, las palabras de Osorio respaldaban el regocijo prepotente de la generalidad de los mexicanos, porque ya entonces, la Liga, los clubes y de jugador a jugador, México era superior, pero, entonces como ahora, el juez supremo, al final, es la cancha de futbol...

Tras el desborde emocionado de Osorio sobre la superioridad de México, enseguida, el técnico colombiano sacó el paragua: "Caminando no (pasará al Mundial de Rusia)", subrayando que será complicada la batalla.

Partiendo del principio de Osorio, si fuera por medir el poderío de Liga a Liga, Inglaterra dejaría de ser el hazmerreír de los Mundiales, y si fuera de hombre por hombre, Argentina y Brasil llevarían el privilegio, y si fuera de club a club, España montaría su señoría, y si fuera de afición por afición, China o la India, por número, se apoderarían de la Copa FIFA.

Lo único cierto, irrefutable e incuestionable, es que México sólo necesita la devoción, la pasión, la entereza, la adrenalina, la testosterona y la rabia de cada uno de los jugadores, con la que enfrentaron a Estados Unidos en Columbus.

Con eso, con, sin y a pesar de Osorio, México, genuinamente, estaría en la Copa del Mundo... caminando.

Pero, los hombres que sometieron a EE.UU. a veces dejan la piel de guerrero en la casa del burgués, y salen a la cancha con epidermis de porcelana...

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LOS ÁNGELES -- Mauro Boselli pudo ser un ejemplo. Hoy recibe un castigo ejemplar. ¿Era tan difícil ser honesto? ¿Era más fácil ser deshonesto? ¿Por qué en lugar de levantar el puño para el festejo no levantó el índice para declararse culpable?

Lo más grave lo perpetra después en su absurdo testamento en la ventisca de las redes sociales, que absurdamente muchos le aplaudieron. Confesar lo evidente fue un acto de cinismo de Boselli que sólo los cínicos podían aplaudir.

Lejos, muy lejos de defender o de ejemplificar, o de prohijar la trampa de Boselli, es complicado entender ese momentum crítico del futbolista.

Dictado su castigo de un juego de suspensión es colocado ya Boselli en la galería de los carteristas con dedos de seda, la cual encabeza, pero con el inculto indulto absurdamente generalizado, por su grandeza futbolística, Diego Maradona, con La Mano de Dios ante los ingleses en México 86.

Ya sentenciado, y sin derecho a apelación, este malabarista del área, al que denuncia y sataniza más el video que las certezas arbitrales, nuevamente en crisis de miopía, merece ser puesto a contraluz.

Boselli jamás lo va a confesar. En el acto de remordimiento llevó una dosis extra de culpa. En la desesperación por redimirse, en ese texto a través de redes sociales, terminó por hacer más soez y patético el nudo de su propia horca.

Por eso, insisto, lejos de vanagloriarlo, quiero poner a contraluz, en el ejercicio suicida del Abogado del Diablo, al Boselli de ese momento, de ese momentum, de ese minuto 41.

Ojo, porque todo lo que puede enlistarse enseguida, no pudo recapacitarlo en esa milésima de segundo el jugador, pero, es, sin duda, reflejo de todos los motores siniestros y silenciosos de cada acción prohibida del futbolista.

Porque si el de Boselli es un acto inconsciente, prefiero, definitivamente, este tipo de actos virulentamente inconscientes antes que las perniciosas inconsciencias recientes, según lo han asegurado los culpables, en los casos de Jair Pereira, de Rubens Sambueza, del Riflecito Andrade o de Michael Orozco.

1.- Un goleador en la inopia. Ese, el de la mano maldita fue su tercero gol en diez jornadas. Un delantero codicioso y codiciado que se encuentra en la desesperación de asaltar para saciar su hambre. Hoy, sin embargo, el castigo sentencia a Boselli a una más feroz y grave hambruna.

2.- Minuto 41. 0-1 abajo ante Toluca. El remanso de paz, la tregua para irse al medio tiempo. La oportunidad perfecta de apaciguar la inevitable tormenta en el vestuario. No dudó nunca. Era un salvavidas mientras la nave zozobra.

3.- Un equipo en crisis. Boselli, el artífice de un Bicampeonato con el León, hoy se enfanga en el suplicio del sótano. El hazmerreír del torneo con seis puntos. Un relámpago de absurda ilusión, esa de que tal vez ninguna de las cuatro cámaras que lo enfocaban pudiera congelar ese timo con la mano. El sabor de la gloria extraviada, es mala consejera.

4.- El chivo expiatorio. Ha roto con su técnico. Ha tenido con Torrente todo un torrente de desavenencias. Y ha perdido la batalla. La directiva respalda al entrenador. La afición señala a Boselli. El desprestigio de ser el engendro de la cizaña y la discordia en el vestuario. Un momento magnífico para lavarse la cara. Terminó por tiznarle la fachada al equipo.

5.- Y el instinto. A pesar de las reflexiones anteriores, que requieren al menos un par de segundos de cavilaciones, imposibles en ese momento, Boselli en ese Juicio Final del segundo sólo actuó como acto reflejo, como impulso de supervivencia, como una automatización del instinto de conservación: el gol en el aspaviento de un manotazo.

Sí, en ese momentum suyo, Boselli hizo lo que cualquier otro jugador habría hecho, empujarla con la mano, pero, un segundo después, Boselli debió haber hecho lo que deben hacer los que dicen vivir por, con, para y del futbol: respetarlo, levantar la mano y declararse culpable.

Si el árbitro se hubiera atrevido a marcar la mano, Boselli se habría llevado una amarilla. Si Boselli hubiera confesado el pecado de ambos, de él y del silbante, habría sentado un ejemplo. Hoy, el estrado de la deshonestidad lo acogerá un partido.

Boselli recibió el premio por esa sagacidad ladina de improvisar el remate con la única parte de su cuerpo que sí podía, pero que no debía. Hoy, recibe, merecidamente, el castigo. La tecnología, a veces, y sólo a veces, desenmascara al tramposo.

Maradona acuñó una frase: "la pelota no se mancha". Él la manchó ese día ante los ingleses, pero quedó exonerado universal y eternamente por la exquisitez de manufacturar el gol más hermoso en una Copa del Mundo. ¿Picardía? No, trampa el primero, picardía celestial el segundo.

Pero, ¿eso lo hace menos culpable? ¿Y la FIFA de hoy, en verdad lo habría castigado como no lo hizo la FIFA de entonces?

En los balbuceos del siglo pasado, el escritor británico George Orwell decía ya que "en una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario".

Boselli pudo ser revolucionario. Debió, pero no quiso. Le ganó el culpable que lleva dentro.

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México, Mauro Boselli, León

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LOS ÁNGELES -- A Ricardo LaVolpe se le caen los soldaditos, pero se le levanta el equipo. El 2-3 de América sobre Pumas, percudido por torpezas arbitrales, lo fortalece.

Hay más aparentes titulares en el nosocomio y la congeladora de Coapa que en la cancha. Renato Ibarra, Paolo Goltz, Miguel Samudio, Carlos Darwin Quintero, Pablo Aguilar, y Paul Aguilar aún en lista de espera. "E pur si muove", y, diría Galileo, sin embargo, se mueve.

Se atreve, sin duda, con dos mocosos que en la espalda traen números de boleto de la Lotería Nacional: Edson Álvarez (282) y Diego Lainez (340), y que, aparentemente, muestran la sangre nueva de El Nido, esa que parecía haber sido contaminada brutalmente por adulteraciones de tianguis: contrataciones, algunas, de dudosa importación, de dudosa calidad, encarecidas y medio piratonas.

2-3 agradable. Vistosidad por lapsos, pero en un marcador vibrantemente estremecido con adrenalina, y el condimento perversamente morboso de errores arbitrales.

Hubo hombres decisivos. Para bien y para mal. Y en ambos equipos. Marchesin se traga uno por ponerle teatralidad al lance, pero rescata tres fogonazos inclementes. Pocos levantan sus cenizas del ridículo para redimirse en lo sublime.

En tanto, Oribe Peralta consuma uno de sus mejores partidos. Es un todo terreno de nuevo. Ya nadie dice que juega a lo Sambueza, pero juega más a lo que se esperaba de Sambueza: recupera, reordena, inventa y consuma, claro, sin un recorrido agobiante. Y su golazo tiene el ojo clínico del sabio veterano.

¿Por Pumas? Lo descollante de Nico Castillo se viene abajo porque el habitual referente de Pumas se vuelve ya sólo una referencia fatalista: Darío Verón. El diagnóstico, que resiste como autopsia, sólo pueden realizarlo puntualmente él y Paco Palencia.

En el primer gol, Verón titubea en la zona crítica. Y ni marca, ni anticipa, ni intuye. En el segundo, la cobertura es tardía y lenta. Y en el tercero, juega a los caderazos y sólo identifica el número de la placa del trailer llamado Cecilio. La forma de jugar de Pumas, especialmente bajo urgencia, desnuda la paquidérmica lentitud de su ¿líder? Claro, la culpa no es sólo del indio, sino del compadre en la banca...

El Ferrari que le compraron a LaVolpe se destartala, pero aún está en zona de Pits de la Liguilla. No es culpa suya totalmente. Ha conseguido que sus jugadores pujen y empujen al límite. No puede ser de otra manera: en el América la pusilanimidad es casi un acto de traición.

Sería muy fácil llamar a LaVolpe un afortunado en resultados. Pero la fatalidad le juega a traición, tomando en referencia las ausencias de los citados al principio: un listado de presuntos titulares.

Cierto que él se ayuda poco. Convoca a Gerson Torres, y los árbitros más en su chamba, en su responsabilidad, en su oficio, en sus obligaciones, que los hombres del cuerpo técnico y administrativo de El Nido, se dan cuenta que no puede jugar. Culpa de LaVolpe, de Peláez, pero sobre todo del sobretodo (gabardina) de su suegro, el Chiquis García.

Y claro, América dista mucho del embeleso y la gracia, del "tiki-tiki (que le iban a dar) al Real de Madrid", pero el equipo, si bien ha perdido los destellos y el arrebato visual del futbol que se prometió, ha recuperado, al menos ante Pumas (como ante Cruz Azul), esa mística, esa religiosidad del equipo que se inmola carismáticamente con el "Ódiame Más".

Sin renunciar a la Liguilla, tiene enfrente, más allá del pendiente ante Necaxa, dos confrontaciones muy incómodas. Monterrey y el rencor supurante de Antonio Mohamed, y el reto de visitar a Xolos, donde, aparentemente, los espera, sedicioso, su nuevo entrenador: Miguel Herrera.

Dos duelos morbosos, ambos, para ver si esa sangre generosa de rebeldía de América ante Cruz Azul y Pumas, aún mantiene el encono en ebullición para llevarlo a la cancha.

Por lo pronto, insisto, la Liguilla está en el radar del América, y como un valor agregado, vencer a Pumas y en su guarida, humedece la ardiente sed de una afición que se quedó en sequía durante 2016, ese año conmemorativo del #indeCentenario.

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LOS ÁNGELES -- Lo del El Chaco Giménez no debe sorprender que aún sorprenda. Sólo le rinde homenaje a su cuna, al terruño. Nació en Resistencia, Argentina. Y está todo dicho.

La Colonia Nápoles donde se asienta el Estadio Azul, tiene más habitantes que Resistencia, que fue el último reducto, resistente obviamente a la evangelización europea. Y El Chaco se rebela ante la evangelización del tiempo.

Este sábado, ante Tigres, salvó de la ejecución a Cruz Azul. Una jugada clave. Impensable e impensada en un futbolista de 36 años, cuando las piernas, la mente y los pulmones vacilan, y en territorios ajenos a los de sus habituales roles.

Descolgada de Tigres. Balón a Gignac, el francés de 31 años, que además, estaba casi fresco. Había jugado a la estatua de sal casi la totalidad de esos 85 minutos. En esa visión technicolor, tercera dimensión del suplicio, Jesús Corona observaba la embestida en solitario del ídolo regiomontano.

Gignac olisqueaba el fin de su sequía. Pero detrás de él, aparece un espectro, cinco años más grande, 13 centímetros más pequeño, varios kilos menos atlético. Y El Chaco le mete el brazo, lo desplaza, lo rebasa, lo despoja de ese balón que era el heraldo de la sentencia de muerte del Cruz Azul.

Y entonces, Gignac claudica, azorado e impotente, mientras el Chaco aún jala aire para reordenar la salida con el balón. El presunto verdugo había sido desarmado.

Y en tanto, la tribuna sale de esa parálisis, de contemplación, de martirio, pasando de la angustia, del pavor, al asombro, al estupor, al alarido, a la ofrenda, a los vítores. El hombre de las piernas más cansadas de la cancha, tiene, aún, el corazón entero.

Al minuto 85, mire Usted, El Chaco Giménez impidió, simplemente, que Cruz Azul, la cruzazuleara.

Entrevistado al final del juego, dice que desarmar al pistolet francés de Tigres se facilitó "porque yo venía con la inercia de la carrera, por eso pude ganarle la pelota". Así, sencillo. Sin ornamentarse las sienes con una corona de laureles tejida con la humillación al rival.

Había sido un juego complicado. Y El Chaco había sido más un activista que solamente un activo participante. Le cometió un claro penalti a Damm, al abrazarlo por detrás, en un recurso que Los Pumas argentinos de rugby, le obligarían a mandarle una convocatoria, de no ser por la estatura, la edad y el peso.

Pero fue un todo terreno en el 0-0. Se trabó en la pelea por el balón, emboscado en una de las cinturas más entrampadas del futbol mexicano, como es la de Tigres, y participó en jugadas al frente, desde cambios de juego, hasta desprendimientos o pases profundos, pero el desencanto suyo, como el de la nación color azul frustración, se dio al ver a Cauteruccio, el flamante y frágil héroe de la Copa, desperdiciar cuatro oportunidades claras de gol, que habrían teñido de gloria el marcador de la Colonia Nápoles.

El Chaco Giménez ya recibió su título de entrenador. Es de suponerse que con la docena de técnicos que le han dirigido en casi 20 años de carrera (debutó a los 17 con Boca), se habrá amamantado de todo lo aprovechable y todo lo tóxicamente desechable entre la fauna de esos entrenadores.

Al final, más allá de las lecciones y de las repulsiones asimiladas en su carrera de jugador, tiene un código genético para predicar: con el último aliento, con el último soplo rebelde, con el hálito de ahí, de la cuna, de Resistencia, el balón aún le pertenece.

Cierto, habrá quien retraiga aquella estampa del 26 de mayo de 2013, cuando Moy Muñoz trastocó el desenlace en el Estadio Azteca, en la mejor final en la historia del futbol mexicano, con el América oficializando el verbo cruzazulear, en el epitafio celeste.

Sí, ahí estaba El Chaco, pero ¿cómo puede solo uno y uno solo redimir de ese pecado ancestral, de casi 20 años, a los otros dolientes en la cancha

Tal vez, sólo tal vez, este sábado, en ese minuto 85, en ese entorno de desesperanza, ante un adversario cinco años más joven, 15 centímetros más alto, y varios kilos más atlético, como Gignac, El Chaco Giménez demostró que hay esperanza de que Cruz Azul, algún día, deje de cruzazulearla.

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LOS ÁNGELES -- Dice un dicho -machista, sexista, misógino-, tan colombiano como el técnico de la selección mexicana, Juan Carlos Osorio, que "el que no tiene para más con su mujer se acuesta". En México, más recatados, se dice que "a falta de pan, buenas son las tortillas".

Al final, es lo mismo, con apetitos o hambrunas hogareñamente distintas, pero es lo mismo, y Osorio lo sabe bien. Especialmente cuando Gio, 'Chucky', 'Tecatito' y Brizuela se le salen del horno.

Con su legión convocada para recibir a Costa Rica y visitar a Trinidad y Tobago, Osorio amparado en su discurso reiterado de que nadie puede exigirle títulos, se pertrecha con lo disponible porque no hay mucho. Agregue la reflexión de las favelas brasileñas: "El que no tiene perro, caza con gatos", y al Tri le sobran opciones que ronronean.

Queda claro que hay más mexicanos activos en el extranjero que en su país, con la segregación despiadada de la Regla 10/8 claro, a excepción de Chivas, equipo al que por cierto, voltea a ver poco Osorio, tal vez por el resquemor ante la forma descarada -y aventuradamente aventurera- de Matías Almeyda, de candidatearse al puesto y además ofrecer un frondoso ramillete de humo psicodélico diciendo que México puede, ya, ser campeón del mundo.

Jorge Luis Pinto había advertido, con ese ladino sarcasmo con el que clava sus estiletes en la joroba del vencido, y el 'Chepo' de la Torre no le prestó atención, que lustrar su alineación con los europeos en el Estadio Azteca era un acto suicida.

En aquel entonces se dijo que la memoria genética, biológica y fisiológica del mexicano le permitía readaptarse de inmediato a la altura de la Ciudad de México y a su contaminación. Grave error. Por eso, en la eliminatoria anterior, irrumpieron en la derruida fortaleza del Azteca e irrespetaron al Tri.

Esta vez, Osorio, más allá de su mitomanía de las Fibras 1A y 2B, con la que apenas arribando engatusó a esos inocentones con vestigios y atavismos de colonización y esclavitud, entendió el mensaje y se los lleva a Cuernavaca a trabajar los días previos a la encerrona con los ticos, que, obvio decirlo, ya no es el cuadro arrogante, descreído, impávido, intrépido de la era de Pinto, pero mantiene lo más importante: buen futbol.

Abriendo el paraguas, gimoteando antes de la nalgada, Osorio ha dicho al Diario Marca que "México no tiene la competitividad de Argentina o Brasil", en lo cual hay un descubrimiento tan glamoroso e impactante de manera universal, como el hallazgo del agua tibia o el hilo negro o que el agua moja.

Olvida Osorio que Brasil tuvo que gozar de todos los favores federativos y arbitrales, para poder llegar y coronarse en la Final de 2016 y colgarse, finalmente la medalla olímpica de oro, y que Argentina acumula 31 años sin ganar una copa del mundo y 24 años sin brindar con una Copa América.

¿Y si Luis Aragonés hubiera pensado de igual manera en la Eurocopa 2008? Porque la versión 1964, jugada en España, y las hemerotecas no mienten, fue más conseguida por la omnipotencia y omnipresencia ensangrentada de Francisco Franco, que por un despliegue maravilloso de la Furia Roja.

Evidentemente, lejos de tratar de poner en el mismo balcón a México que a Argentina y a Brasil, lo cierto es que enviar el mensaje público del "no se puede" por parte de Osorio, es aparte un desafío a una conciencia rebelde, insuficiente en el futbol, con ese emblema del "sí se puede", que de la corriente y de la doctrina del activista César Chávez, fue adoptada por el escuinclerío mexicano que humilló a Estados Unidos en su deporte nacional, el beisbol.

¿Podrá más la reticencia de Osorio a la fe, que la responsabilidad nacionalista -deportivamente hablando-, de sus jugadores, en apego, insisto, a esa consigna del "sí se puede"?

Porque parece una escalerilla de emergencia, una salida falsa, de Osorio, para advertir que no puede ganar la Copa Confederaciones, la cual ya ganó el Tri en 1999, cierto en el Estadio Azteca y, cierto, ante la selección Sub 23 de Brasil.

O será acaso que está preparando "a este México, cuya pasión por el futbol me ha sorprendido maravillosamente", dixit Osorio, para un descalabro en la Copa Oro, la cual está decidido a dirigir, dejando el interinato en Pompilio Páez, de quien vale decirlo, tiene más "triunfos" el as de bastos de la baraja española, que el auxiliar colombiano.

Por lo pronto, es de suponerse que tras sus largas sesiones, casi espiritistas, "con especialistas en neurociencias (¿la bioquímica, la farmacología, y la patología?)"(sic), y con Bielsa y Sampaoli, Osorio pondrá en pie de guerra a esta selección mexicana para respaldar los pronósticos más populistas que legítimos: sumar seis puntos de seis posibles, y de esa manera tener diez unidades y así, al menos las dos terceras partes del pasaporte a Rusia 2018.

Y porque como él mismo lo ha dicho con estos convocados aunque "no tiene para más", en términos colombianos, o "buenas son estas tortillas", en lenguaje mexicano, o porque puede "cazar con gatos", Osorio ha sostenido que todos sus convocados son del mismo nivel y capaces "de darnos la clasificación al Mundial sin sufrimientos".

Amén...

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LOS ÁNGELES -- Sin afán de desdeñar, o de degradar siquiera, hablemos de un organigrama zoológico. Una pirámide oligárquicamente antidemocrática en el futbol mexicano.

En ella, hablando siempre en términos de fauna, para tratar de ejemplificar correctamente, los felinos domésticos ya se rebelaron. Y provocaron un sismo. Les faltó poder, osadía, vileza, ferocidad, paciencia y valentía para provocar el cisma.

Los intermedios, los futbolistas, amenazan con hacerlo cualquier día, semana, mes, año, lustro, decenio o siglo de estos. Para ellos, para la mayoría de ellos, es más importante que las jaulas sean de oro a que sean jaulas. Dicen los campesinos mexicanos que "el que por su gusto es buey, hasta la coyunta lame...". Y si es en dólares, mejor.

¿Y los aristócratas, los eupátridas del balompié mexicano, cuándo? Los grandes felinos de la pirámide del futbol mexicano, ¿cuándo se atreverán?

Tras la sucesión desoladora, lamentable y caóticamente bochornosa de hechos en el futbol mexicano, desde el zafarrancho entre pelanduscas de Tigres y Veracruz, hasta el colapso de autoridad y poder por la rebelión arbitral, el mando del futbol mexicano ha quedado más maltrecho, más hecho jirones que las cédulas arbitrales originales de los silbantes Miguel Ángel Flores y Fernando Hernández.

Pero, insisto, los últimos en la cadena alimenticia del futbol mexicano, los árbitros, ya se atrevieron, mientras los futbolistas dicen que ya merito, que les tengan paciencia, pero los supuestos dueños del balón demostraron que no quieren o no saben o no pueden o, simplemente, no se atreven.

Citaba una referencia de muy mal gusto, ofreciendo, de ser necesario, las disculpas correspondientes, pero muy apegada a la realidad y por favor, no sea usted malicioso, mal pensado y promiscuo, como para ponerle nombres a los protagonistas.

El amo del vecindario del futbol mexicano tenía un poderosisímo pitbull intimidando, amedrentado al barrio, para mantener el control bajo el ejercicio impúdico del miedo. Y claro, todos, huían ante la feroz y atroz presencia de semejante sanguinario, hasta que...

Sí, hasta que hubo una sublevación y el poderoso pitbull, en lugar de rugir, maulló. Y entonces, todos, Emilio, que dicen así se llama el dueño ese de ese vecindario, se dio cuenta que su carnicero ¡era vegano! y ya no intimidaba a nadie. Seguro piensa canjear a esa ostentosa fiera con ADN de chihuahueño.

Y aprovechando que el cancerbero ronronea, los árbitros impusieron condiciones, y los jugadores han acelerado sus reuniones y acuerdos, para capitalizar que el terror del vecindario sólo persigue bolas de estambre.

Pero, ¿y los dueños de los equipos? ¿Dónde se agazapan los gestores vociferantes del cambio? ¿No estaba Carlos Slim en las penumbras esperando para una nueva embestida sobre las televisoras mexicanas como la que hizo con América Móvil primero y con los derechos de JJOO después?

¿No lleva ya años, de manera subrepticia, el Grupo Pachuca, intentado apoderarse del control de la FMF, y hasta urgiendo a un pacto de alianza con Jorge Vergara y otros dirigentes?

¿Y a pesar de la rivalidad deportiva en el Norte, la coalición entre Alejandro Iñárritu y González Ornelas, arquitectos intelectuales y teóricos de los proyectos de los que se ha pavoneado Decio de María, no tiene en este momento la mejor oportunidad?

Innecesario recordar que la Asamblea de Propietarios -"Yunta de Dueños", dixit Sven-Goran Ericcson- tiene el poder de quitar y poner a quien considere que puede defender mejor sus intereses, especialmente los financieros.

¿No defendían varios directivos la urgencia de licitar los derechos de transmisión de la selección mexicana? ¿Cómo es posible que sean vendidos, casi a perpetuidad, por debajo de lo que cotizaban o cotizan algunos de quipos de Primera División?

Pero, a sabiendas de la alianza de Televisa (América) y TV Azteca (Atlas y Morelia) por lo visto, los dueños de los otros 15 equipos reculan, se culipandean ante la gran oportunidad que tienen de dar un golpe de autoridad para que, finalmente, la mayoría controle sus propios intereses.

Cierto, también sabemos y entendemos que muchos favores fiscales, financieros, políticos y deportivos, que han recibido esos otros 15 dueños de clubes, les han comprado conciencias, y saben, por ejemplo, que gozan de inmunidad, de blindaje, ante eventuales investigaciones hacendarias.

Entonces, ¿deberíamos deducir que esos 15 son apenas rivales farsantes de opereta y cómplices flagrantes, o en todo caso esclavos o rehenes de esa kermese de favores?

Así lo hacen pensar, porque, nadie puede creerles que actúan como personas íntegras, cabales, intachables, púdicas, puras y castas. Tienen, definitivamente, la misma avidez de sangre de poder que los que están en el poder. El mundo está lleno de hienas con abrigo de león. Aclaración pertinente:

Debo precisar que para hacer esta ejemplificadora clasificación elegí la universalidad de la zoología. Por un momento pensé en remitirme a la entomología. Pero, habría sido difícil distinguir entre la hormiga y la cigarra, más allá de la fábula, y corría el riesgo de que algunas alimañas rastreras de la naturaleza se sintieran ofendidas. Hasta los ciempiés y las vinagrillas tienen su encanto... y más dignidad.

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LOS ÁNGELES -- Pablo Aguilar y Enrique Triverio reciben el castigo que merecen: un año de suspensión. Pero, ojo, el Comité de Apelaciones está abierto a que América y Toluca repelen e interpelen, y les reduzcan la sanción.

Recordemos: en el futbol de México nada es absoluto, excepto la corrupción. En la FMF nada es absoluto, excepto la sumisión y la torpeza.

Los árbitros ganan el combate, aunque, ciertamente perderán a largo plazo. Algunos perderán el gafete FIFA, y otros irán perdiendo presencia en la Primera División. Una lenta aniquilación. Claro, al final, la historia los acogerá como mártires, de los que nadie, por cierto, se acordará.

De hecho los silbantes ya sufren su primer descalabro: no han podido, aún, deshacerse del Judas que tienen a bordo: Héctor González Iñárritu.

Porque él, Iñárritu se sienta, pavoneándose, a la mesa del patrón, no de la prole. El líder de los árbitros se viste en Beverly Hills, y su chusma de nazarenos poco le importan.

Ciertamente, por la estulticia voraz de Decio de María y sus lacayos, Aguilar y Triverio terminan siendo carne de cañón. Festín carroñero.

Ambos jugadores reciben la sanción que merecen, pero como un trofeo del arbitraje, no como un acto de justicia natural, inmanente a una postura moral, porque a la FMF lo distingue la inmoralidad, la laxitud y la propensión a la indecencia.

Y las represalias irán llegando. Y lamentablemente, el arbitraje está poco preparado para poder contrarrestarlas. De hecho están, los silbante, sobrexpuestos a cualquier acto de retaliación abusiva, extrema y despiadada.

Hasta ahora, errores y horrores de los jueces, habían sido casi tolerados, acaso, apenas, castigados con un juego de suspensión. Había una complicidad corrosiva.

Pero, ahora, tendrán que confrontar a sus mejores peores enemigos: la báscula, las pruebas físicas, la capacidad de criterio, el conocimiento de las reglas, y la personalidad para saber confrontar al jugador.

La decisión, por ser tomada torpemente a destiempo, y por ser vista como un acto rencoroso y revanchista, por la negligencia y la impericia de Decio y sus secuaces, enturbia, aún más, la relación entre los futbolistas y los árbitros.

Sin duda, y a partir de este nuevo castigo para Aguilar y Triverio, de este castigo pervertido, corrompido y envenenado, la fricción entre futbolistas y jueces tiene una frontera muy delgada y frágil para poder romperse.

Y claro, la autoridad gana presencia. ¿Están preparados los silbantes para no dejarse corromper por esa nueva potestad de mando y control dentro de la cancha? ¿Podrán los jueces sustentar con capacidad el nuevo crédito que han recibido? Dudoso. Cuidado.

Hoy los árbitros, los insurrectos, los insurgentes y en especial, los líderes, mientras sigan con vida estos meses por delante, ganan en jerarquía y poder, pero, determinante va a ser, insisto, en que no abusen de esta nueva faceta, y, por supuesto, que se preparen mejor técnica y físicamente.

Y también insisto: los árbitros deben rechazar esos regalos personales que reciben de los clubes en sus hogares, y hasta en los cumpleaños de hijos y esposa, además de no permitir que les ajusten generosamente los reportes de viáticos de cada juego.

Y por supuesto que cuando un club decida tener la finura generosa de enviarles una limusina con una edecán, será determinante que aprendan a rechazar y hasta denunciar ese tipo de cortesías que tienen algunos clubes.

Por eso, acépteme la pregunta con un matiz de duda: ¿está preparado el desacreditado clan arbitral para sobrevivir a esta gran victoria? No ha dado muestras de ello.

¿Cómo quedan Decio y su caterva de lacayos? Muy golpeados. Él perdió todas las confrontaciones. Iñárritu vale menos que las 30 monedas de Judas, mientras que Bonilla permitió que le pararan la Liga, su Liga, y en el caso de Rivas, fue un buen sonajero mientras requerían de un bufón.

En la próxima Asamblea de Propietarios, o "Yunta de Dueños", dixit Sven-Goran Ericsson, Decio llegará más débil y enclenque que cualquier otro presidente de la FMF en la historia.

Y, por supuesto, ante las pérdidas millonarias que ha originado, su amo, el dueño de la correa que lo saca a contonearse en la pasarela de los ridículos, se ha dado cuenta que ya no le sirve, que ya no le es útil.

Emilio Azcárraga Jean preferirá cambiar de mascota, con nostalgia seguramente por Justino Compeán, antes de permitir que alguna aventurada y aventurera sublevación de otros dueños, le quiera arrebatar el control absoluto de la FMF.

Porque, Emilio lo sabe... y De María también: Decio ha dejado mal parado, expuesto, desprestigiado y cuestionado, a Azcárraga Jean en su papel de amo absoluto del futbol mexicano, y sabe que la coalición: Slim, los Martínez y Vergara, puede provocar un cisma y un sismo.

Al final, para eso tiene Azcárraga Jean ahí a Decio y a su gavilla: para impedir conspiraciones que puedan impedir a otros revoltosos, a otros sediciosos que están al acecho.

¿Qué va a pasar con Triverio y Aguilar? Tal vez la Federación Paraguaya de Futbol quiera protestar en defensa de su zaguero central, porque su selección lo necesita, pero en la Conmebol ya sólo quedan directivos castrados.

Y en el caso de ambos, con las ganancias de una semana, se puede contratar a otro jugador de ese nivel medianón.

Muchos creen que América protestará airada y genuinamente. Hasta creen que podría amenazar con negarse a jugar. Vale recordarle a esas cabecitas somnolientas que el cheque de Ricardo Peláez lo firma el mismo que tomó la decisión.

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LOS ÁNGELES -- El arbitraje mexicano es patético y tétrico. Es decir: patétrico. Y es torpe, revanchista, haragán, sospechoso, doloso, ventajista, negligente, desidioso, soberbio. Y más.

Pero, cuidado, aún con todos esos pecados, los silbantes tienen derecho a unirse, a solidarizarse, a agremiarse, a protegerse y a reclamar seguridad y respeto, pero del genuino, del real, no de ese que malbarata y devalúa en su irrespeto, Decio de María.

El arbitraje es el gremio más frágil. Porque lo ha permitido. Entrenan mal, trabajan poco, estudian menos, descuidan su forma física, y encima, algunos, se desplazan como divas sobre tacones en aguja por el terreno de juego.

Pero, insisto, a pesar de todas sus impericias e ineptitudes, tienen el derecho legítimo como seres humanos y entes laborales, a reclamar protección y el ejercicio de justicia apegado a reglamento.

Deciden parar. La Fecha 10 queda aplazada. La Fecha 11 en riesgo. En medio los Cuartos de Final de la Copa MX. Y después se viene el parón por la Fecha FIFA. ¿Un mes sin futbol en México? Los intereses de las televisoras no van a permitirlo.

En un clima de justicia, en un escenario de legalidad, en un entorno de Derecho, los árbitros mexicanos saldrían victoriosos. Los reglamentos, la razón, los videos, el sentido común y el legítimo derecho a gozar de garantías, los respaldan, pero...

Intransigente, dictatorial, soberbio, Decio de María ya les busca sustitutos a los nazarenos. Este lunes, no va a negociar con ellos. Va a tratar de imponer condiciones. Sabe que transigir es rendirse. Y recular sería sentar un precedente de debilidad.

Insisto: el castigo de la Comisión DECIOplinaria contra Pablo Aguilar era un anuncio de levantamiento de veda. Los árbitros quedaron expuestos como presas, como señuelos.

Ojo: Decio ya había sido advertido por Héctor González Iñárritu de que habría una sublevación arbitral, si Aguilar no era suspendido un año. Y aún así, los desafío a la rebelión.

Lo que los silbantes no saben es que, aludiendo a Bruno Traven, protagonizan La Rebelión de los Colgados. Lamentablemente, su nivel de calidad es comprobadamente bajo, pueril, lamentable, en aspectos técnicos, físicos y de personalidad.

Y ya han sido advertidos: son tan malos, que son prescindibles. De donde salieron hay muchos más, mejores o peores, pero, sumisos, dispuestos, ansiosos, oportunistas, para sustituirlos.

El mismo viernes por la noche, ordenó Decio iniciar contactos para contratar a silbantes de Centroamérica y de la MLS, e incluso de Sudamérica, que ganan muchísimo menos que la mayoría de los afiliados a la FMF.

En México, las subversiones laborales, sindicales, son sofocadas con, sin y a pesar de las leyes y los reglamentos internos. En México proliferan los sindicatos blancos, esos que se subyugan ante los patrones.

En México, y Decio lo sabe, existe la cultura de la esclavitud en temas laborales. Y sabe que ante los insurrectos, ante presuntos insurgentes, no se negocia, se les aniquila, se les extermina.

Insisto, no se trata solamente de si en la FMF creen que ese es el camino, sino de que las televisoras no van a cargar con pérdidas millonarias al no transmitir los encuentros de futbol.

Para ellos, Decio, FMF, y sus patrones televisivos, los árbitros son un mal necesario. Sustituible de manera inmediata.

Y, obviamente, los dueños de equipos exigirán de manera expedita la reanudación del torneo. A cualquier costo: social, financiero, moral, humano y legal.

Para las televisoras, los dueños de equipos, Decio y sus achichincles, queda claro que todos pueden ser damnificados... menos ellos.

¿Y alguien espera que los futbolistas, los técnicos o la misma afición se pongan del lado del arbitraje?

Los silbantes, insisto, son un compendio de defectos, pero nadie puede, ni debe, ni remotamente, violentar su derecho a agremiarse, protegerse, y pedir respeto, garantías y justicia.

Pero, en México, eso, unirse y sublevarse, es un delito más grave, que violar los derechos las leyes y los reglamentos que amparan al ser humano, sea o no competente como juez de futbol.

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LOS ÁNGELES -- Respeto. Eso reclama y proclama Decio de María, desde la promiscua tribuna del cinismo. El presidente de la FMF implora respeto, justo minutos antes de faltarle al respeto al arbitraje, a los jugadores lastimados, al reglamento, a la decencia y al futbol mismo.

Hablando profanamente de respeto, Decio y su Comisión DECIOplinaria le brindan un homenaje a la impunidad. El delito en las canchas y en la tribuna goza de garantías casi diplomáticas.

Respeto, pregona Decio de María. Y segundos después su canchanchán en la Comisión DECIOplinaria anuncia ocho semanas e suspensión para Rubens Sambueza, mientras el médico de Chivas no puede precisar el retorno a las canchas de Conejito Brizuela.

Respeto, arenga Decio, y Eugenio Rivas explica que Pablo Aguilar es suspendido diez fechas, a pesar de asestar un tope al silbante Fernando Hernández, y amenazarlo.

Respeto, interpela Decio, y su vocero subraya que El Riflecito Andrade es exonerado, a pesar de la fractura de peroné de Renato Ibarra. No hubo intención, pero la agresión la perpetra lanzándose por detrás. Aún las imprudencias deben castigarse.

Respeto, ruega Decio, y en ejercicio casi de ventrílocuo hace que Rivas informe que Triverio tiene ocho juegos por zarandear al juez Miguel Ángel Flores. ¿Es comparable ajetrear la humanidad de alguien que agredir de la forma más desleal y canalla como un cabezazo? Son dos partidos de diferencia.

Respeto. Este viernes por la noche, Decio de María tiene tanto derecho a hablar de respeto, como un político mexicano de honestidad, un narcotraficante de humanismo, una casquivana de pureza, y un asesino del derecho a la vida. O, en el más puro léxico mexicano: "El burro hablando de orejas".

Cierto: los dueños de equipos son cómplices. Toluca no protesta y Chivas se encoge de hombros.

¿América no protesta contra Andrade del León? Claro que no, consolida pactos que sólo hacen promiscua la Liga MX.

¿Por qué América no protesta por la lesión de Renato Ibarra? ¿Para que no le impongan merecidamente el año de castigo a Pablo Aguilar?

En el mercado de la impunidad, las piernas de los jugadores se cotizan de manera miserable, y sí Decio, sin "respeto".

Los árbitros bufan y gruñen indignados. Lo habíamos mencionado el jueves: Decio de María y su Mortal Kombat Reloaded (http://espndeportes.espn.com/blogs/index?entryID=3019657&name=rafa_ramos) abrían una cacería indiscriminada contra los habilidosos y contra los silbantes, que, según diversas fuentes, estudian boicotear la Jornada 10.

Decio pide respeto. Es hora de que alguien le enseñe a ser respetuoso. Y su mejor homenaje al respeto, es que renuncie.

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