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Brizio: 'VAR iniciará en 4 estadios'
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LOS ÁNGELES -- De hinojos hacen jirones sus vestimentas de hipocresía, moralistas de ocasión (antimadridistas y barcelonistas, que no es lo mismo), mientras deploran el penalti concedido al Real Madrid ante Juventus, e imploran el advenimiento del VAR, para que acaben esos linchamientos arbitrales que se perpetran en las canchas del balompié mundial, generalmente en beneficio de la plutocracia futbolera.

Más allá de que en redes sociales, en ese estéril e inofensivo campo de batalla bajo la impunidad e inmunidad del anonimato, estalla el Fin del Mundo, por uno más de los capítulos dantescos del arbitraje en la Champions, lo cierto es que el VAR puede terminar por hacer aún más encarnizados y virulentos los berrinches y los abusos.

El VAR es casi perfecto. La tecnología es daltónica: no sabe de colores. Y su pasión es tan inquietantemente intensa como el discontinuo parpadeo de sus lucecitas.

Además, aún no se descubre instinto asesino en los milimétricos chips que conforman la fantástica osamenta cibernética. Ni se ha comprobado que el cable rojo sea más maligno que el fanfarrón cable amarillo o el inescrupuloso cablecito negro.

El VAR es perfecto, hasta que ese coloso justiciero cae en la imperfección injusta de las garras humanas.

El VAR resucita lo ocurrido. El ojo humano resucita lo que quiere ver. Benatia cree que juega con fuerza y Lucas Vázquez asegura que un meteorito le partió la espalda. Los jueces apoltronados ante el VAR... verán todo distinto.

Acépteme la rudeza y crueldad de la comparación. Si el Rey Salomón levanta en vilo al bíblico mocoso y ofrece partirlo a la mitad, ante las dos madres que lo reclaman, imagínese que en lugar de las progenitoras comparecen Hitler y Herodes. Estos, sin duda, carnicera y sanguinariamente se regocijarían y solazarían con la mitad del chamaco en disputa.

Lo mismo pasará con el VAR. El justiciero queda investido y habilitado para hacer justa la injusticia, desde la comodidad de un palco con edecanes, bebidas y aire acondicionado.

El VAR operará bajo la lealtad de la tercera dimensión, acaso. La lealtad y la deslealtad interpretan en cuarta dimensión desde la exquisitez de la inmunidad.

Ya ha habido casos. Recientemente en la MLS se hizo justicia a una decisión arbitral injusta, y también se perpetró una injusticia a una decisión justa.

En balompiés europeos se detectó que algunos jueces involucrados en el VAR se equivocaron misteriosamente en beneficio de equipos con los cuales tenían filiación, membresía o acciones.

El VAR puede ser una ruleta rusa. ¿Alguien garantiza que el penalti marcado tras el simulacro de asalto de Benatia sobre Lucas habría sido revertido? Nadie. Hoy el árbitro Oliver seguirá convencido de que vio lo que quiso ver.

La castidad del VAR no está en la conciencia de sus circuitos, sino en la perversidad de quienes lo operen, y de quienes operen el poder sobre esos mismos operarios.

Las diferencias entre las decisiones arbitrales y las concesiones arbitrales, no quedan en manos de un sistema operativo de imágenes, sino de quienes las manipulan y las auscultan.

Voy a un escenario inmediato: imagínese a los visores del VAR en el torneo mexicano. Imagíneselos, por ejemplo, en estadios de futbol donde la cercanía de los palcos con la tribuna, por ejemplo, están a tiro de piedra de cualquier hielazo o, como ya se ha modernizado la violencia, a tiro de piedra, de una piedra de celular o del celular completo.

¿Recréelo mentalmente en el estadio de Tigres, de Toluca, de Puebla, en el Jalisco, en el Azul, en Tijuana, por citar sólo a algunos?

Lejos de estar blindados y seguros, los operarios del VAR están tan o más expuestos a la furia de una decisión controversial, como el mismo juez de cancha.

Cierto: el VAR debe ayudar a erradicar y castigar a los fantoches, a los teatreros, a los simuladores, a los extorsionadores de la cancha, que fingen faltas o, en casos puntuales, a definir si una pelota colocó su obesa humanidad dentro o fuera de la cancha.

Siguiendo con los jueces del futbol mexicano, si hoy la credibilidad y confiabilidad en ellos se mide con César R. Palazuelos o Luis Enrique Santander como modelos, con evidencias irrefutables de su torpeza o dolo, ¿se imagina al resto y a los que, eventualmente, se les asigne como todopoderosos del VAR?

Puede ocurrir que los que hoy reclaman, proclaman y aclaman la presencia del VAR, en esas decisiones torcidamente inesperadas del destino, terminen, al tiempo, reclamando, proclamando y aclamando su desaparición. Porque así será.

Porque, entonces, habrá quien pida que se agregue un VAR que supervise a los supuestos jueces que operen el VAR.

¿Quién verificará a los verificadores del VAR?

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Futbol Mexico, Fútbol

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LOS ÁNGELES -- Chivas quiso, supo y pudo. América quiso, pero ni supo ni pudo.

La batalla concluyente es entre México y Canadá. EE.UU. no va al Mundial y ni siquiera a la Final de la Concachampions: Guadalajara contra Toronto. Un plantel sólo con mexicanos, contra un combinado de ocho nacionalidades.

Chivas vivió un calvario. Rodolfo Cota fue la figura. Él y una jornada en la que todos los sortilegios y chamanes se acurrucaron de su lado.

Jugando con diez, porque el Bruce Willis de copete hitleriano (AKA Alan Pulido), fue el mejor recuperador de balones para RedBulls, Chivas montó su trinchera, resistió el vendaval de los neoyorquinos, que por instinto embestían con su sello, como toros enloquecidos, y no les alcanzó.

En un frontón humano, los rojiblancos terminaron con migraña y cita para urgentes encefalogramas: 27 cabezazos en el área para alejar el peligro, a sabiendas incluso que Cota era el hombre clave para evitar el naufragio.

RedBulls ensayó con el ordinario y primitivo repertorio del pelotazo al área. Una frase de Jesús Bracamontes es digna del epitafio neoyorquino: "Van tanto al pelotazo que se olvidan de jugar al futbol". Impecable síntesis.

Y en esa resistencia extrema, Chivas mantuvo de pie su Muro de Jericó, resistiendo nueve remates a la portería y un buscapiés que se arrastró paralelo a la línea de gol, sin que dos atacantes emeleseros llegaran a la cita por la eternidad de una milésima de segundo.

Cierto: Chivas deberá mejorar muchísimo para poder confrontar a Toronto. Sufrir enconchado nuevamente en la Final, ante un adversario más poderoso, sería un suicidio.

Por lo pronto pierde a dos jugadores para el Juego de Ida en Toronto: un Jair Pereira, a quien no se extrañará, pero sí a un heroico Rodolfo Cota.

¿América? Quiso. Quiso siempre. Pero más allá de que Alex Bono tuvo también su noche afortunada, jugó con ansiedad, con nervios, con desesperación.

Pero, encima se encuentra con una descolgada, desatención en el fondo y Jonathan Osorio desplumó las ilusiones en El Nido. El 0-1 se convertía en un escandaloso 4-1 que tranquilizaba a Toronto, que sufría desde el minuto cinco la ausencia por lesión de Jozzy Altidore.

Con Michael Bradley como genuino líder, clavado en ocasiones como otro defensa central, resistieron el oleaje desordenado de las Águilas.

Y así, Oribe Peralta, Andrés Ibargüen, Mateus Uribe, Renato Ibarra y Paul Aguilar, entre otros, terminaron reverenciando a Bono, mientras que Henry Martin confirmó que tuvo su noche de Cenicienta ante unos Lobos BUAP con diez hombres, y luego volvió a la calabaza del Nunca Jamás.

Un regalo arbitral hace más patética la eliminación americanista, con el cobro de Uribe. 1-1 en el Azteca. Inútil... el resultado.

¿Fracasotototote americanista, según la elocuencia de Manuel Lapuente? Sin duda. Ahora, Miguel Herrera lo sabe: ganar el título de la Liga MX es absoluta obligación.

Ahora Chivas, concretamente con Paco Gabriel De Anda como responsable, deberá tomar la chequera del patrón, Jorge Vergara, para saldar las cuentas millonarias que adeuda a los futbolistas, que, necesario decirlo, demostraron que no los consume ni los agobia el adeudo.

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Chivas... RIP

FECHA
08/04
2018
por Rafael Ramos Villagrana
LOS ÁNGELES -- Una de las últimas imágenes del funeral de Chivas ante Veracruz (0-1), escaneó de manera perfecta al Guadalajara.

Con el perfil enfilado hacia la puerta de salida, Jorge Vergara, de pie, es captado por unos segundos. Se detiene. El rostro es una máscara de decepción. Pero se le ilumina cuando el reloj se colapsaba. Tiro libre para Chivas.

Sí: la esperanza es una arpía de puro sadismo cuando ya estás en la plancha de autopsia y no te han avisado.

Eso fue el Rebaño en este torneo. Un rostro preocupado, frustrado, pero ilusionado. Un equipo que sabía que podía, Y que sabía que debía. Pero que sólo empezó a querer hasta que recibió el bautizo de fuego ante el América.

Ahora es difícil precisar si ante las Águilas comenzó para el Guadalajara la epifanía de sus propias posibilidades, o el principio de su extremaunción.

Lo cierto es que Chivas, viviendo, tras ese postergado y tardío acto de arrepentimiento, en el frágil dintel de la ilusión, terminó su viaje ficticio a la Liguilla este sábado por la noche.

Y lo peor, ante el Veracruz. Y en términos de barriada "lo más pior", en su estadio, donde la victoria es casi una leyenda urbana. Y "lo mucho más pior", sin tener aún tomado del pescuezo el boleto a la Final de la Concachampions.

¿Se equivocó Matías Almeyda? Hoy, sometido a juicio, el Pelado, tendrá que ser sojuzgado bajo el escrutinio de tres cabezas. Una: que tiene voz, Paco Gabriel de Anda. Otra que tiene voto: Jorge Vergara. Y la otra que tiene, pues cabeza nomás, como El Pelagatos 2.0 de Vergara (AKA José Luis Higuera), según Ricardo Peláez.

Y claro, la hidra de millones de cabezas: la afición. Aquí, permítaseme un acápite: ¿Por qué los seguidores de Chivas que han sido intolerantes, despiadados, brutales, con otros técnicos de mejores números que Almeyda, hoy son hasta abogados parlanchines del argentino?

Más allá de que ya fue lamentable que Benjamín Galindo fuera crucificado inmisericorde e injustamente por el error mental y técnico que causa la derrota ante Veracruz, volvió a ser deplorable, y ahí no hay defensa, que el delantero más caro que ha llegado al futbol mexicano, el Bruce Willis Tenocha (AKA Alan Pulido), tuviera de nueva una noche de arrogancia.

Ese hombre, capaz de someter secuestradores, y aspirante a copiloto de Vin Diesel en Fast and Furious, con esos aires de sentirse el ombligo del universo, no pudo enjaretar la pelotita en el ombligo de Melitón.

Ciertamente Chivas tuvo otra jornada paladeable. Eso exculpa a Matías Almeyda sin duda: la calidad y vistosidad de juego. Dominó a Veracruz de manera absoluta y Melitón eligió ser sublime esta vez, porque el ridículo le espera a la vuelta del calendario.

Y además esa parvada de mozalbetes, con cara de rufianes de kindergarten, que disfrutan en la cancha a pesar del sufrimiento a cuestas de apagar la última antorcha de la ruta agreste a la Liguilla. Y eso también exculpa a Matías Almeyda.

Para los amantes de las estadísticas: en la era de Jorge Vergara, ningún técnico había dado la oportunidad a tan genuinas promesas del Rebaño, pese incluso a que el cunero rojiblanco ha sido saqueado los últimos años con los exilios de Efraín Flores y José Luis Real, y con el caos temporal con la llegada de Albert Benaiges, y hasta la actual "reconstrucción" de los amigos de El Pelado.

Ante Veracruz, más allá de la hegemonía absoluta en balón y cancha, a Chivas le faltó la cicatriz en el marcador: el gol, ese salomónico juez.

Mientras Red Bulls, al igual que Toronto, reposa en la MLS, y entrena cómodamente en el glaciar neoyorquino, Chivas decide salir a la cancha sin Rodolfo Pizarro. Eso implicaba más sudor, para que el músculo subvencionara el talento.

No hubiera parecido necesario Pizarro, si el delantero más costoso en la historia del futbol mexicano hubiera hecho uno de esos goles, que alguien, uno solo, ya sabía que iba a fallarlos siempre: Tuca Ferretti.

Pero Pulido, y la transmisión lo demuestra, acicaló más su copete hitleriano, este sábado por la noche, que lo que sobó la pelotita.

Aaaaaahhhh, pero si tuviera con el pie esa misma puntería que tiene con el gel, Pulido se habría quedado en Europa... O Chivas estaría en la Liguilla.

Hay una respuesta que pertenece a la afición: ¿indemniza, los anhelos rojiblancos, ganar, si ocurre, la Concachampions, ante otro fracaso al quedarse sin Liguilla al menos?

Recordemos que la afición de Chivas se burló de la americanista porque en el Año del Inde-Centenario azulcrema, sólo pudieron ofrendar ser los mejores de Concacaf. Amargo es el merengue de la despiadada revancha.

En el círculo íntimo de Matías Almeyda se insiste que si no va a la Copa Mundial de Clubes, empaca maletas. Paco Gabriel de Anda ya tiene al sucesor: Víctor Manuel Vucetich, aunque la afición se seduce con Rafael Puente.

Como sea, es deseable que Chivas gane al menos el torneo de vecindario que es la Concachampions, porque, lejos de cualquier filiación rojiblanca en este espacio, como lo saben los tres o cuatro asiduos, insisto en que el Guadalajara es el único bastión --y casi desfalleciente--, de reivindicación del tan vapuleado futbolista mexicano.

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Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- En la cima del oficio. En la sima de la ansiedad. Así deberán ejercer Chivas y América en el cierre de Semifinales de la Concacaf.

Malherido, con tres heridas en el pecho, América tiene la ventaja de emboscar en El Nido a un Toronto reposado y con una médula espinal de oficio, sin Mundial, cierto, pero con oficio, y un bajito con los focos encendidos como Giovinco.

El 3-1 oscila en esa fascinación anunciada, innegable, entre la tragedia y la hazaña. El águila obligada al rol enigmático del Ave Fénix.

Getty Images

Chivas, en tanto, consiguió un reintegro apenas del pase a la Final. El 1-0 del miércoles por la noche tiene ese saborcito de insuficiencia. Matías Almeyda fue inteligente: "Estamos 0-0". Ni más ni menos.

Como sea, la victoria contrasta. En Guadalajara hay una sonrisa nerviosa, pero en El Nido hay un falleciente y desfallecido en terapia intensiva.

Con la única ganzúa que tiene, Rodolfo Pizarro, Chivas colapsó la caja de caudales que le montó Red Bulls en su estadio, que lejos del trapío de su mote, parecían los Toros Rojos más lívidos, pálidos, mojigatos prófugos del arado, sembrando surcos en la cancha del Akron.

Mientras Rodolfo Cota sólo una vez desquitó el sueldo, ante la paranoia vacuna por no perder, Pizarro se convirtió de nuevo en la figura de Chivas. Le sentó bien la Fecha FIFA porque le quedó claro que tiene que ser más y hacer más que el convaleciente Giovani y el resucitado Marco Fabián, si quiere ir a comprar matrioskas.

Pizarro repitió la faena del viernes ante Morelia: robó, enfiló, pero esta vez sirvió a Brizuela, que dejó de ser un patético conejito de Pascua, y evolucionó en Roger Rabbit, para definir de manera compleja, pero eficiente, a la salida del arquero.

A sabiendas que Pompi (por Luis Pompílio Päez, auxiliar del Tri), entregó notas reprobatorias en la Copa Oro, Pizarro ha decidido conseguir lo que nadie ha podido: que Juan Carlos Osorio esté en sus cabales, y lo convoque. No será fácil.

Sin embargo, cabe la pregunta: ¿Si Osorio tan impacientemente paciente, tan intolerablemente tolerable para tratar de encontrar ese Sergio Busquets que Diego Reyes no lleva dentro, no podría dedicar un poco de terquedad a Pizarro?

Porque si Osorio dijo en Nación ESPN que "Diego Reyes es el jugador con mejor salida" en la selección mexicana, podría tal vez, total, ya en esa doctrina del autoengaño, de la alucinación, ver en Pizarro dotes de Mbappé. Digo, si de alucinar se trata.

Por lo pronto, Pizarro tiene en sus manos su visado a Rusia. Si el tándem colombiano, que fue capaz de forzar las salidas de Santiago Baños y Raúl Gutiérrez, no lo quiere, ahí estarán, en ese estricto orden, Dennis Te Kloese, Gerardo Torrado y Memo Cantú, para abogar por él.

Reasumiendo y resumiendo del tema original, Chivas y América tienen ese oficio en situaciones de alta tensión que no tienen Red Bulls ni Toronto, aunque éste último tiene cartas ocultas.

En la vuelta, Toronto jugará con la desesperación americanista y seguramente levantará ese muro fronterizo, deportivamente hablando, ante las embestidas americanistas.

Con Red Bulls será distinto. Incluso no sería extraño que el estadio se poblara de rojo y blanco, pero no tanto por la pasión local, sino por la migración mexicana con pasión por Chivas.

Claro, al final, todo se resuelve con futbol. Y, por supuesto, por las debilidades de los árbitros y las debilidades avariciosas de la Concacaf, porque recordemos que en sus entrañas, se piensa, se habla y se elucubra, no en inglés, sino en estadounidense.

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Hizo la gran Juan Carlos Osorio. Fue esclavo de sus palabras. El colombiano ninguneó al equipo B de Croacia y... Miguel Herrera había ninguneado a la MLS "no es un parámetro para la Liga MX".

Efecto bumerang: Toronto 3-1 América. El Piojo los trató de piojoso y le empiojaron la altanería. Los ninguneados 3. La arrogancia 1. Y pudieron ser más. Varios más.

En El Nido, las Águilas deben revertir la historia... y la histeria. La Espada de Damocles oscila ansiosa de sangre.

Más amargo será para el americanismo si Chivas hace la faena a los Red Bulls de Nueva York esta noche. Hiere más el éxito ajeno que el penar propio.

Giovinco, Bradley y Altidore se apoderaron del juego. En especial el italiano, que dejó enredados como spaghetti recocido los nervios, ligamentos y coyunturas cervicales de la zaga americanista.

Del penalti que irritó al americanismo y cobró Giovinco, el América tuvo un momento de respiro, cuando Ibargüen se tragó el Messi del videojuego y sembró de cadáveres al área rival con el 1-1.

Fue un espejismo mexicano. Sólido, ordenado, pertrechado, desesperado en su trinchera, pero astuto en despliegues, Toronto terminó por arruinar las intentonas del América, incluso cuando en la desesperación táctica, Miguel Herrera empezó a hacer cambios como coleccionista de Panini. Pero igual, casi le llenan de goles el álbum de Marchesín.

En la apuesta, en un tiroteo mutuo, ambos equipos recrearon una zacapela dramática en la cancha. América azuzaba, pero en verdad Giovinco y Altidore perdonaban en posición y con posesión de gol.

En el ajedrez de la angustia, con sus peones enloquecidos, Henry Martin entró de cambio para vivir una noche trágica: tres entregas en el área, dos de ellas en posición de fusilamiento, perdonó, como antes lo había hecho el resto del pelotón.

Lamentable para el América, porque mientras Toronto mantenía el aplomo defensivo y las venenosas descolgadas como opción, se precipitaba en la entrega del balón, en disparos desafortunados y además, en elecciones equivocadas en la jugada final.

En la banca, la histeria absoluta de Miguel Herrera poco ayudaba, cuando en su frenetismo era evidente el desencanto furioso con todos sus jugadores.

William da Silva, el "Marcelo americanista", fue una avenida y un pésimo alfil del ataque, mientras que Cecilio Domínguez, nuevamente, entre esa indefinición de abulia, de apatía, o de pánico, intentaba con recelo cada regate.

¿Puede América revertir la situación en el Estadio Azteca? Nada es imposible. El clima será más benigno, y el arbitraje cambiará de óptica.

Pero el pie veterano de Toronto, y ese desdoble fulminante de Giovinco, pueden ser el detonante de una peligrosa emboscada.

Por lo pronto, Miguel Herrera deberá encender veladoras para salvar el pellejo en la Concachampions: una de ellas para que no gane Chivas este miércoles, y la otra para que las ánimas en pena que fueron sus jugadores este martes en la noche, regresen a sus cuerpo con menos nerviosismo.

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LOS ÁNGELES -- Sábados así. Tan llenos de futbol. Tan llenos de prodigios. Tan llenos de artistas. Sábados así, de sudor y drama. Tan llenos de lo inesperado.

Ya, de por sí, uno se despierta con la Liga Premier en un culto fascinante al futbolista jugando al filo del abismo físico y espiritual, tararearía Juan Luis Guerra, "cruzando el Niágara en bicicleta", para que después, de la chistera infinita e inagotable del futbol nos exploten en el alma, las taquicardias y el drama, el agobio y la liberación, hasta las castizas mellizas, truculentas, del placer y el dolor.

Es así, porque es futbol. Sí, es sólo futbol. Sí, sólo es futbol. Sí, es el futbol.

Apenas el ronco tambor cardiaco se apaciguaba con el frenetismo inglés, y al mediodía, casi, lo inesperado. En esas tierras aventureras donde el júbilo infinito se transforma en esa sensación de amargo tributo al privilegio de la batalla. Porque sí, porque es futbol.

En Los Ángeles, en una rivalidad tan "Made in USA", en un logaritmo fastuoso del marketing, se fabrica un "Clásico" aberrante a la definición misma: Galaxy frente a LA F.C.

Sí, ahí, aquí, en la MLS. Un rincón millonario, extravagante, excéntrico de un futbol empobrecido porque se queda fuera del Mundial. Y ahí, en la Liga del Adiós, chisporrotea lo impensado.

Y comienza con Carlos Vela. Un mexicano con standard europeo, que elige vivir sin tener que pervivir. Y elige la MLS. Y se le siente como un reflejo de lo que más le extasía: el basquetbol. Vela es un Globetrotter futbolero.

El primero es un arcoíris al arcoíris del Galaxy. Ahí, donde dicen que las arañas tejen su nido. Y en el segundo pone a rapear y a perrear a sus entumecidos cinco adversarios, para colgar el balón del techo traslúcido del arco. LA F.C. se apoderaba de la plaza, pero...

Con esa cicatriz de bandolero a lo ancho del rostro. Sí, con esa sonrisa de Guasón, de Joker, su código de barras del cinismo, aguardaba en la banca. Ese hombre pegado a una nariz, como Cyrano, que había aterrizado un día antes con ese aroma europeo de triunfador.

En el marcador todo parecía perdido para el Galaxy. Y Sigi Schmid trata de rescatar la mercadotecnia, porque sus dos muñecos de taquilla, Jonathan y Gio dos Santos estaban averiados.

Y la MLS se transformó en la MLZ, con zeta de Zlatan. Poco reposo, poco futbol recientemente, pero el tipo tiene más sabiduría en ese bulbo exquisito de la astucia, que cicatrices en el cuerpo.

Al final Zlatan Ibrahimovic, con esa sonrisa tatuada en el rostro, como para burlarse del universo, ingresa. Y como él mismo lo decidió, sí, la MLS pasó a ser la MLZ.

No es Messi. No necesita serlo. No es Cristiano... y no necesita serlo. Ni es Neymar. Es, Ibrahimovic, un futbolista engendrado en campos de batalla. Esos que él mismo desata en su ira deportiva.

Donde hay paz, él desata la guerra. Donde hay guerra, Zlatan desata holocaustos. Donde hay holocaustos, él organiza el Juicio Final.

Y el primer gol lo define. Un balón que habría resultado un problema de trigonometría para el resto del universo, él elige el instinto sobre la razón. Casi 40 metros, recorre ese obús. 3-3.

Histeria absoluta en casa del Galaxy. Azoro. Sólo la explosión inconsciente del festejo supera el momento atónito. Paroxismo es una palabra hueca para definir la locura. Así debieron ser las funciones de circo de Nerón.

Y el bautizo de fuego en la MLZ de esta MLS. Minuto 90. El cronómetro del árbitro se desangraba. Un balón al frente. Zlatan adelantado. ¿Habíamos hablado de astucia? Renuncia a ir por el balón. El juez se traga el escenario, se cohíbe, se inhibe. Y deja seguir mientras repasa mentalmente la regla del fuera de lugar. 1+1=0, la aritmética en la cabeza del silbante.

Ibrahimovic había confundido a todos. Especialmente a la defensa del LA F.C. Se refugia en su hábitat favorito. El tigre en la jungla, el león en la selva. Ahí, observa y acecha. El reloj se colapsa, pero La Bestia estaba en el área. Zlatan tuerce el descomunal pescuezo. El 4-3 se columpia en los infartos de la gloria.

Sí es la MLS, perdón, la MLZ, la liga de un futbol sin mundial y sin haber ganado nada importante en la misérrima Concacaf. Pero tuvo a Vela y a Zlatan

¿Quiere más? Sevilla ganaba 2-0. Podía ser 5-0. Barcelona condenado. Cómo le dolía la ausencia de Busquets. Y súbitamente, el que agonizaba en la trinchera argentina elige el Domingo de Resurrección, el sábado en que ocurre la quema de Judas. En dos minutos, Suárez y Messi bailan sevillanas.

Y con estos pasajes, el mundo se pone la mano en el corazón. El médico le explica: no es nada, es sólo futbol. No es nada, sólo es futbol.

¿Quiere más? Hurgue en los anales del Benfica. El balón se escapaba a terreno prohibido. Raúl Jiménez, más audaz y astuto que las peripecias de su propio cuerpo, elige una rabona, para sacar el centro medido, con teodolito, al corazón del área. El gol marca el veredicto, pero la jugada del mexicano se roba las memorias.

Y vuelven los estertores, las sudoraciones. ¿Qué pasa doctor? Nada, es sólo futbol. Nada, sólo es futbol.

¿Y por la noche?, bueno, no pasa nada, no es para tanto. Cruz Azul es Cruz Azul.

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LOS ÁNGELES -- Este viernes, en Raza Deportiva de ESPNDeportes, revelábamos una confidencia de Juan Carlos Osorio a su cuerpo técnico sobre los lamentos puntuales de Rodolfo Pizarro, al inventarle una posición incómoda en el amistoso que perdió México ante Croacia.

"¡Ah! Y en un Mundial, ¿cree Rodolfo que va a tener juegos cómodos? Este chico no entiende que tiene todo para explotar, para marcar diferencia... y no lo hace", expresó Osorio, mientras sus allegados le reportaban los comentarios de sus convocados a diferentes medios, en la víspera de que el colombiano viajara a Los Ángeles para observar este sábado el juego entre Galaxy y LAFC.

Esa misteriosa e inexplicable telepatía. Porque Rodolfo Pizarro le dio la razón a Osorio la noche de este viernes en Morelia. Marcó dos soberbios goles, coqueteó con dos más, pero, sobre todo, se convirtió en el pastor de un Rebaño plagado de promesas.

Imago7Rodolfo Pizarro.

El veredicto de 2-1 no refleja el dominio rojiblanco, aunque tampoco la pujanza combativa de Monarcas. Fue un juegazo con todos los ingredientes que suelen acompañar a un partido que, con los alargues, se disputó por 100 minutos.

Con 15 puntos, Chivas aún multiplica por el coeficiente generoso de la esperanza la justeza de sus ansias de clasificar. Su margen de riesgo es extremo: bajo cero. Un empate lo trastabillaría.

Pero, ante Morelia, Guadalajara ganó en todo. Especialmente, cuando soltó en la cancha a la banda de mocosos que cobija Matías Almeyda con los Torres, los Mayorga, los Godínez, los Macías y el respaldo a Sandoval, mientras el Conejo Brizuela sufría, pero contenía a los diferentes adversaros que Roberto Hernández le movía por su carril.

Dinámico, vertiginoso, con relevos y rotaciones que embaucaban al Morelia, Chivas tomó el mando del primer tiempo, sufriendo por precipitaciones e imprecisiones, reflejo natural de un equipo que le reclamaba caudillaje a Pizarro, ése, el marginado ante Croacia.

Ante un equipo superior en la tabla, que se codea con los que alistan el frac para la gala de la Liguilla, Chivas mantuvo la posesión de la brújula y, especialmente, muy especialmente, destacando y rescatando ese sabor exquisito del futbol belicoso, de ataque.

Envuelto en ese acoso humeante de un Guadalajara sin posición fija, sin prisión táctica, el Morelia respondía lo mejor que podía, a pesar de ese sufrimiento evidente para poseer el balón.

Llegaría Rodolfo Pizarro. Con una mano le dijo a Osorio que tenía razón. Con la otro, le tapó la boca al técnico del Tri.

El primer gol es una joya de oficio, traslado y serenidad absoluta, especialmente ante uno de los mejores arqueros de la Liga y que, incluso, a los medios uruguayos sorprende por no ser convocado por Óscar Washington Tabárez.

El segundo refleja las mismas virtudes. Control, serenidad, elección y técnica. Y de nuevo, Pizarro coloca el balón lejos de un Sebastián Sosa que adelantaba pasos para reducir el área de fusilamiento.

Tendría dos más Pizarro, una de ellas al intentar cazar al arquero de Morelia con un balón flotadito que el uruguayo saca por encima.

Pero, más allá de esa pirotecnia ante el arco contrario, Pizarro se desplegó como almirante de una fragata de relevistas, mientras Almeyda reservaba algunos para el juego de Concachampions ante RedBulls de Nueva York.

Chivas sufrió cuando jugó, ya con el 2-0 bendiciéndolo, con Alanís, Salcido y Pereyra en el fondo, éste en relevo supliendo a un insolente Óscar Macías, quien metió pierna y barrió ante los experimentados de un Morelia que sólo había perdido ante Pumas como local en este torneo.

¿Alcanza este escuadrón híbrido de imberbes y veteranos de Chivas para, alternando planteles, cumplir la ilusión de ganar la Concachampions y llegar a la Liguilla? Jugará tres partidos en casa, recibiendo a puro desesperado: Veracruz y León, además de "visitar" al Atlas. Su único viaje es a Tijuana.

Tácticamente, Chivas tiene más orden que todos ellos, pero no ha podido ganar en su estadio en este torneo. Sus tres victorias han sido como incómodo huésped.

Morelia, mientras tanto, pese al revés, aún con victorias de Monterrey, Puebla y Tijuana, no saldrá del convoy de los ocho primeros.

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LOS ÁNGELES -- El silencio es una forma de opresión o de represión. Pero, el silencio por sumisión es un acto de complicidad.

Y el silencio de los inocentes no los hace menos culpables, por el contrario. La autocensura es el peor acto de cobardía porque germina en la tierra fértilmente estercolada por el miedo.

Juan Carlos Osorio DT Tri
Imago7

Pero, finalmente -y tal vez tardíamente-, algunos ya alzaron la voz. Andrés Guardado y Guillermo Ochoa invocaron, porque creen que sí existe, "la inteligencia del Profe Osorio", para que saque "conclusiones importantes" y "reflexiones útiles" tras la oscuridad mentirosa del 3-0 ante Islandia y tras las penumbras genuinas del 0-1 ante Croacia.

Ambos, el capitán del equipo, y el líder del cuadro bajo, le censuraron el acto suicida de jugar con tres en el fondo y un contención, que, por cierto, no contiene ni la risa, que es Diego Reyes.

Coinciden Guardado y Ochoa en que, de esa manera, Osorio fragilizó a México, y claro, más que dolerles la derrota ante Croacia, les duele el consumarlos como el hazmerreír en un juego que debió ser aprovechable y no de autoflagelo. Nadie les avisó que serían los payasos del circo.

A ellos, en tonos distintos, se unen Miguel Layún, y hasta un Rodolfo Pizarro -sacrificado inmisericordemente en el festival aberrante de las improvisaciones y las ocurrencias-, ambos, decía, se manifiestan en contra de los experimentos del Frankenstein colombiano, quien arma a retazos su mamarracho, a poco más de dos meses del Mundial de Rusia.

"Esa es una táctica que nunca ensayamos, así es complicado", dijo Pizarro, quien tal vez puso clavos a su ataúd, tras la tumba que le cavaron las recomendaciones lapidarias y dictatoriales de Pompi, para sus amigos, es decir, Pompilio Páez, quien metió el hígado y corazón de pollo del jugador chiva y se los tragó en una arepa.

Así, más allá de que le sobra el tiempo para enviar ramos de 36 rosas en encendido escarlata a algunas personas, pero acomodarles las espinas a sus jugadores, llegó el momento de que alguien obligue a Juan Carlos Osorio a ejercer el oficio de la autocrítica y trabajar en ello.

Este jueves, en Raza Deportiva de ESPNDeportes, Denis Te Kloese, director general de la Comisión de Selecciones Nacionales de México, aceptó que el recurso de la autocrítica es un bálsamo en tiempos de dudas o "de funcionamientos sólo regulares", como evaluó momentos del Tri.

Se le preguntaba a Te Kloese si, eventualmente, recomendaría una terapia de grupo, una lluvia de ideas, y hasta un ceremonial de catarsis entre los jugadores inquietos, el cuerpo técnico y quienes tienen o mantienen el hilo de autoridad absoluta: el mismo holandés, Guillermo Cantú y hasta Gerardo Torrado. No descartó hacerlo.

Recordemos que, al menos de palabra, Cantú dijo a este reportero que la lista de jugadores mundialistas se depurará de manera consensuada entre directivos y cuerpo técnico, con diálogo, sin caprichos y sin imposiciones.

Y recordemos que Torrado también a este reportero le aseguró que tras sus experiencias como jugador rudo, ríspido, con caudillaje en vestidor, saltaría de su investidura de director deportivo a alzar la voz en el vestuario en beneficio del equipo.

Pues llegó el momento. Los jugadores empezaron a salir de ese capullo represivo de la sumisión y si ya antes cuestionaron esa ruleta rusa de las rotaciones, es el momento de dejar de cuchichearlo ante los medios para hacerlo cara a cara con Osorio, Pompi y compañía.

Lamentablemente, los jugadores dependen exclusivamente de su propia fortaleza como grupo. Y eventualmente del respaldo que encuentren, en una retribución de empatía, con los propios Te Kloese, Cantú y Torrado.

Y quede claro: si estos tres dirigentes del Tri abandonan al futbolista inconforme, estarán traicionando sus obligaciones. Y sus propias raíces como futbolistas.

Por otro lado, entre los directivos, hay un silencio sepulcral. Todos han inclinado la testuz. Se han puesto el yugo. Los dueños de equipos, tigres en sus empresas, hoy son zombis millonarios en el tema de futbol.

Nunca mejor que hoy, el bautizo de Sven-Göran Eriksson: "La Yunta de Dueños". Aran hoy los surcos donde sepultan su dignidad y derecho a réplica.

Recordemos que el último intento de sacudir a Osorio lo hizo el Grupo Pachuca. Presentó sus 14 beligerantes puntos acerca de las deficiencias del técnico colombiano, y Decio de María lo sintetizó todo en un: "Gracias por tu preocupación, ahí déjamelos y luego te aviso qué decidimos...".

Esto que cito es genuino: el documento que entregó Andrés Fassi, en esa reunión, lo depósito Decio en el basurero de la misma sala de asambleas.

Obviamente Osorio, quien ya renunció a la selección de México cuando la exigua vida del tricolor expire en el Mundial de Rusia, sabía y sabe que tiene aún más libres las manos para comprar tres docenas de rosas rojas a unos y espinas a otros.

A menos que Guardado, Ochoa, Layún, Chicharito, Moreno u otros entiendan que esta es su última oportunidad de conseguir algo histórico en un Mundial.

Ghandi les tendría un consejo: "Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena".

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LOS ÁNGELES -- México perdió todo: el partido, la dignidad, jugadores como la grave lesión de Néstor Araujo, en el amistoso con marcados tintes bélicos, ante Croacia, 1-0.

Ojo: lo único que nunca perdió el Tri de Juan Carlos Osorio fue el orden, la inteligencia, el funcionamiento, la solidez colectiva... no la perdió porque nunca la tuvo.

La derrota se agrava por la cruda realidad de México: no mostró idea, ni lineamiento, ni al menos un guiño por parte de esas exhaustivas jornadas de entrenamiento y charla que dicen tener en el Tri.

Si tanto trabaja, en su laboratorio sólo va depurando un engendro Frankensteiniano de misérrimo futbol y de apenas algunos chispazos inoidviduales.

Y se agrava más, porque Juan Carlos Osorio se indignó por los seis jugadores liberados por Croacia, y que fue interpretado, con extrema altanería, como un desaire por parte de los europeos.

Y así, los croatas que ninguneó Osorio, terminaron por ningunearlo a él y a su equipo en la cancha. A medio gas, Croacia fue siempre mejor y el 1-0 es tan escueto como mentiroso. Y así, también, esos, los Don Nadies que provocaron el berrinche de Osorio, terminaron haciéndolo ver a él como un Don Nadie y a su propios equipo, como otro Don Nadie.

Más allá de los lloriqueos posterior al juego, porque Islandia primero, y ahora Croacia, cruzaron la frontera dramática de la dureza a la rudeza, olvidan que ya en el Mundial, habrá aún menos contemplaciones.

Insisto: Croacia hizo uno, pero pudieron ser muchos más goles, mientras que México, nuevamente, respondió a impulsos individuales, mientras que jugadores como Rodolfo Pizarro y Burrito Hernández se enteraron que vivirán a plenitud el Mundial de Rusia gracias a la tecnología que les hará sentir en su casa, como si estuvieran en el estadio mismo.

Lamentable lo de Néstor Araujo. Los riesgos de una cancha montada al vapor, que significa siempre una emboscada. Lesión en los ligamentos de la rodilla izquierda. Al cierre, la gravedad oscilaba entre el optimismo de un mes y el pesimismo de seis meses.

¿Y ahora? Andrés Guardado subió este martes a redes sociales un discurso que él mismo y sus compañeros se encargaron de desmentirlo. El verso del jugador se vino abajo en la cancha ante Croacia.

Si tan enamorados están, especialmente Andrés, de su entrenador Osorio, ante Croacia habría sido una oportunidad magnífica para escribirlo con letra en sangre. Nada, lo garabatearon con saliva, ni siquiera con sudor.

Por lo pronto, a la selección mexicana se le agota el tiempo. Esta fecha FIFA no dejó espacio ni para un elogio, porque, insistamos, ante Islandia, fueron goles en condiciones accidentadas.

En la devaluación de futbolistas, Miguel Layún, el sol entre los icebergs islandeses, terminó siendo el chivo expiatorio, al dar tremenda, torpe y tonta patada para generar el penalti que marcaría Rakitic. A Layún le perdonaron la expulsión.

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LOS ÁNGELES -- Croacia manda a su equipo medular, con su respectiva fayuca, de regreso a Europa. No le interesa explorar ni experimentar ante México. Y Juan Carlos Osorio explota.

Al "Zar de las Rotaciones", lo madrugaron las rotaciones de Croacia. Y claro, hombre, es una falta de respeto. Cómo hurtarle las limosnas al sacristán, ¡por favor!

Para Osorio, Croacia debió acercarse a él, e incluso pedirle la alineación que requería para que el Tri la aprovechara al máximo. Irrespeto absoluto. ¡Uf!

Claro, cómo se les ocurre a los croatas pensar que sus intereses y los de sus titulares en equipos importantes en Europa son más determinantes que un amistoso, y que entonces puedan largarse sin la venia mexicana.

Recuerda este desliz de histeria de Osorio, el desahogo, también histérico de Miguel Herrera, cuando de último momento, en un amistoso, Bosnia decide alterar de último minuto, en Chicago, su alineación titular.

"Es una marranada", dijo El Piojo una decena de veces, porque, aseguró entonces, le alteró de golpe todo su proyecto de juego. Y claro, como si Bosnia hubiera sido el parámetro inequívoco para el Mundial.

Curioso que Osorio se suba al carrusel del desahogo porque Croacia privilegia sus intereses, cuando él, sus federativos, SUM y demás rémoras involucradas en los amistosos del Tri no embaucaran al enceguecido aficionado mexicano cuando acuden con arrejuntados de la Liga.

Y entonces, ¿son, los mexicanos que acudieron sumisamente al "Mausoleo del 7-0" ante Santa Clara, para Osorio y su comisión de selecciones nacionales, aficionados de segunda categoría?

¿Son los californianos fanáticos de Fibra 2B, es decir de segunda clase, porque Osorio guardó a su columna vertebral mundialista para los seguidores de Texas?

¿Y cuando Osorio decide no convocar a los gambusinos europeos porque tienen compromisos personales, familiares, no menosprecio entonces al adversario, a la afición y encima no deshonra esa letra chiquita del contrato moral?

Y además, hay un mensaje equivocado en el fondo: Osorio insinúa que México debe ser arrollador, avasallador, ante lo que deja entrever, son los vestigios, las sobras de Croacia.

Es decir, el técnico del Tri demerita anticipadamente a su equipo si acaso México llega a ganar, llega a gustar y, hasta en la demencial puerta que abre el colombiano, hasta golear. Equivale a un "¡qué chiste, si lo mejor de Croacia no jugó!". Ah, pero, ¿y si ocurre lo contrario?

Es como si Islandia se quejara de que no se entregó a plenitud en el "Mausoleo del 7-0", porque México los irrespetó colocando el que tentativamente será su equipo B.

A propósito, ¿cómo actuarán la FIFA y la FMF por el empujón de Juan Carlos Osorio contra la cuarta árbitro, Karen Abt? El video no miente.

Irónicamente en el prólogo del juego, como acto protocolario, se exhortó a poner un alto a la violencia de género. Y Osorio reaccionó de manera agresiva a las recomendaciones de Karen Abt. Tal y como lo hizo en dos ocasiones en la Copa Confederaciones.

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LOS ÁNGELES -- LOS ÁNGELES -- El ratón es el primer convencido de que un gato negro siempre trae mal suerte. Y comenzar el sábado crispándole la cola a un gato negro es de audaces.

Pero, había que hacerlo: este blog debió despacharse la noche del viernes sentenciado por el glamour inútil del 3-0 de México sobre Islandia en la cancha del precioso "Mausoleo del 7-0" en Santa Clara. El modisto de la tragedia, la viste con seda.

Necio, escéptico, mareado y confundido por el desfile del triunfalismo en redes sociales, como un fenómeno viral y virtual que se recrearía, se sintetizaría exuberantemente con un sombrero zapatista sobre las guirnaldas del Ángel de la Independencia, ¿recreé? la repetición de esa jornada.

Recurrí a esa infalible memoria de las cosas perversas y pervertidas, No, no es la mente humana, sino ese enjambre de chips acomodados como sopa de fideos chinos en esa intrusa cajita negra conectada al televisor, con esos ojos verdes y parpadeantes diciendo: "sé lo que han hecho todos, todo el tiempo".

Con más devoción que convicción, con más obligación que diversión, había visto al siempre campeón de los juegos moleros-amistosos, al Tri, primero con el relato de colegas en español, y lo había dejado grabando con su versión en inglés.

Más allá de las dos versiones, antagonistas en juicios muchas veces, el esperanto del futbol las concilió de la mano con dos palabras: fortuna y golazos.

Lo fascinante del calvario de ver de nuevo un bodrio sin misterios, porque el final es insobornable, es tratar de ver en lo plano de la transmisión, todo lo que ocurre, mientras el partido ocurría.

Dicen los buenos analistas que ellos lo ven todo desde la primera vez, y dicen, los malos aficionados, que no les importa nada, sólo que coincidan sus emociones con el marcador. Partiendo de esos extremos, si a Einstein le hubiera seducido el futbol, habría sido un barra brava.

Hablaba de dos cromosomas comunes entre los relatos y análisis en las versiones en inglés y español del juego: fortuna y golazos.

Sin duda, el cobro de Marco Fabián es de un embeleso extraordinario, pero, curiosamente, viendo la versión extendida y sin cortes del 3-0 a Islandia, tal vez fue, como apuesta al Mundial, lo menos impactante de su parte la noche del viernes.

Esta vez, sin desesperaciones, sin prisas, con una sorprendente atención a sus obligaciones y a sus placeres, Marco Fabián dio la mejor versión de ese Frankenstein que él mismo ha sofisticado como saldo de la lucha contra sus propias adversidades. El mejor Fabián reclama una de las escasas vacantes a Rusia.

Golazos, pues. Porque si bien Miguel Layún saca ese taco de billar que en Sevilla aún aguardan, la forma en que consuma el 2-0, es un homenaje a la jugada matriz del Chucky Lozano, tras una pirueta sobre su propio eje, y eligiendo el mejor atajo entre la confusión de cinco islandeses, para después servir a Layún.

Y el tercero. Layún hace del masoquismo su doctrina de vida. Y del tesón y la rebeldía, para en lugar de nomás dejarse rodar a un ladito y caer en la tumba, se subleva y tiene noches como las del viernes. La empalma de zurda, por arriba, al limbo prohibido del arquero. Que no me diga que ahí quiso ponerla... pero le pegó tan torcido que ahí la puso. La hacen Messi, Neymar o

Cristiano, y es que así quisieron darle campanazos a la gloria. La hace Layún, y es porque quiso devolverla a su portero. #TodoEsYSeráSiempreCulpaDeLayún.

Y sobre Miguel, el paralelismo de retos con Marco Fabián. Porto y Sevilla lo miran con ojos de remilgo. Este viernes, como interior derecho, firma dos soberbios goles, el primero porque es Layún. ¿Y el segundo?, claro, dirán sus "bullys", "pos porque es Layún, ¿edá?".

¿Sorprende? Igual sorprendió Layún aquel 27 de septiembre de 2014. ¿Le suena? ¿Ante Santos? En la misma posición, hizo cuatro, con la bendición ¿demencial? de Antonio Mohamed. Y sí, uno de ellos fue un disparo de 30 metros que no quiso poner ahí, pero, igual, la puso.

Como sea, la sesión de más de 190 minutos, con un mismo drama, una misma modorra y dos narrativas distintas, fortalece esa sensación de un equipo indefinido, amorfo, garabateado, que debe cargar a cuestas el afortunado estigma de ser suertudo... o la estigmatizada fortuna de ser suertudo.

¿México en general? Hay varias manifestaciones. Momentos en el que se esfuerza en obedecer a Juan Carlos Osorio. Momentos en que se confunde de tanto querer obedecer. Y momentos en los que se rebela a obedecer y juega a lo que sabe, a lo que puede, a lo que quiere, que a veces puede ser más generoso que jugar a lo que debe.

Osorio se niega a entender algo: lo que él quiere de sus seleccionados, no es precisamente lo que sus seleccionados quieren de él. El técnico parece querer recovecos, y el futbolista prefiere, por arraigo, por definición, los atajos.

¿Islandia? Mientras a La Cenicienta europea la respetaron el cansancio, la melatonina y la responsabilidad, le puso a Corona el Jesús en la boca del gol, pero el arquero mexicano resolvió bien dos veces.

Por lo pronto, ante Croacia, ensayan ya las perniciosas rotaciones, que, sin duda, podrán parecer injustas absolutamente para Marco Fabián y el mismo Miguel Layún.

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