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'No pudimos estar durante la pretemporada'
LOS ÁNGELES -- ¿Crisis en Chivas? ¿Caos? ¿Desahucio? ¿Eliminado en la Jornada 5? Cierto: es sotanero, tiene sólo tres puntos, huérfano de victorias y es el sexto equipo más castigado.

Hace unos meses, en el Clausura 2017, Tigres, campeón del Apertura 2016, llegó a la Fecha 6 con cuatro puntos, cierto con una victoria incluida, y sobre su víctima en la Final, el América.

Hasta esa Fecha 6, el equipo con el mejor plantel de todo América, parecía condenado a la guillotina de la Campeonitis, y por igual se le desahuciaba de pretensiones de Liguilla.

Al final, ese mismo Tigres desahuciado en la Fecha 6, disputó el título y sucumbió ante Chivas, quien tuvo de aliado al árbitro Luis Enrique Santander.

Hoy, Chivas encara la resaca del campeón. Sus cifras tienen ese saborcito fúnebre del epitafio. Para Liguilla necesitará conseguir 23 puntos de 36 en disputa, es decir, a partir de este miércoles ante Santos necesitaría cosechar el 64 por ciento de las unidades en disputa.

Matías Almeyda, Chivas no alcanza el nivel de futbol del torneo anterior. Hoy, juega bien, pero sólo por momentos, y carece de solución de gol, como debería serlo Alan Pulido.

Hay explicaciones puntuales del momento actual del Guadalajara. Parecería precipitado, pero no infundado, entender a quienes ven a Chivas fuera de la próxima Liguilla, y abdicando al trono de la Liga MX.

1.- LOS DESAPARECIDOS...

¿Dónde están Orbelín Pineda y Rodolfo Pizarro? Hoy son una versión muy lejana a su protagonismo del torneo anterior. Pelean menos por la pelota, recuperan aún menos, y se equivocan cuando la tienen a su servicio.

Más dramático es el caso de Orbelín, considerado el mejor jugador mexicano del torneo anterior. Aquella serenidad e inteligencia para transformar cada balón en una propuesta ofensiva, ha desaparecido. Su presencia en el área ha perdido la astucia, y hasta asombra su inseguridad para salir con el balón.

Parecería que la experiencia fallida y penosa, por la confusión de posiciones y funciones con Juan Carlos Osorio, en la vergonzosa Copa Oro, aún sigue enquistada en las cabecitas de ambos jugadores.

2.- LOS ALIADOS SE VOLTEARON...

La mano oscura que les dio el título al perdonar aquel penalti, es la misma que hoy ha metido en problemas al Guadalajara. Parecería que quieren lavarse la cara con nuevos errores.

Y si el arbitraje saca la daga a traición, Matías Almeyda ayuda menos, hurgando en las molleras rencorosas del cuerpo arbitral. Ya debería haber entendido que en el futbol mexicano el que hiere con el verbo, muere a silbatazos.

A una serie de desaciertos arbitrales, nocivos al Guadalajara, se agrega de manera monumental lo ocurrido ante Puebla. Le expulsan a Pereira (minuto 16) quien ni siquiera le dio un zape al rival, mucho menos lo toca.

Además, Ríos Jácome decide no marcar un claro penalti sobre La Chofis López, a pesar de que él y su juez de línea estaban de frente y sin estorbos en la jugada. Dos bayonetas desleales en un mismo juego.

Cierto: los americanistas dirán que a ellos les ocurrió lo mismo y sin embargo vencieron a un equipo mejor estructurado que el Puebla, como lo es Lobos BUAP, pero las Águilas de Miguel Herrera son capítulo aparte.

3.- BAJA DE JUEGO...

En un acto de desesperación y poca mesura, pero de evidente impacto, Matías Almeyda se sumó, de motu proprio, a la mesa de debate de Futbol Picante por ESPN.

En un acto de expiación, innecesario bajo el riguroso razonamiento de "explicación no pedida, acusación manifiesta", Almeyda reconoció que su equipo no ha podido alcanzar el nivel de futbol del torneo anterior. Ah no, pos brujo, Matías.

Más allá de las desapariciones subrayadas de Orbelín Pineda y Rodolfo Pizarro, habrá que agregar el bajo ritmo de un Ángel Zaldívar pagando aún réditos de su lesión, más los descensos de Michael Pérez y el acertijo de Carlos Cisneros, con el agregado de la inhabilitación y rehabilitación de Alan Pulido.

Pero, ojo, Chivas no juega mal, aunque sus momentos de futbol, de buen futbol, carecen de constancia y, sobre todo, de contundencia, entendiendo que el Conejito Brizuela aún no rasura mentalmente la lesión por el pisotón de Rubens Sambueza, y que La Chofis, pues, La Chofis, sigue siendo más La Chofis que Javier López.

Por eso, desahuciar en la Fecha 5 al Guadalajara, parecería precipitado, claro está, a menos que tenga razón Matías Almeyda y a alguien le siga supurando el título del Guadalajara, y los árbitros sigan queriendo cobrar en abonos, las supremas pifia de Santander.

Etiquetas:

México, Fútbol, Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- Decadencia de un Imperio. Así se interpretan los lamentos de Xavi, de Piqué, y los comentarios, cebados de sorna, de Joan Laporta.

Verídico en cierta medida. Barcelona contemplaba los cadáveres de sus muertos, sin ver el riesgo de su propia muerte.

En esa casi decenio poderoso de fascinación y conquistas, se dedicó a explotar su presente y fortalecer su pasado. Mató a la hormiga para venerar la cigarra.

El argentino José Ingenieros lo estructura así: "Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van".

Barcelona sabe de dónde viene. Pero olvidó hacia dónde debería ir. Traicionó a su cuna. La Masía pasó de ser La Meca a la Comala de Juan Rulfo y sus fantasmas.

Y el resfriado se ha convertido en neumonía. Aunque sus huestes, de escritorio o de tribuna, elijan el escapismo de la negación.

1.- Neymar decidió irse. Fue a fundar su propio imperio. Hoy su cuenta bancaria amenaza con ser más gorda que la de Cristiano y Messi. Su Hada Madrina viste de seda en la boutique de Coco.

2.- Luis Suárez se ha lesionado. Cinco semanas dice el cuerpo médico, mientras enciende veladoras, recita conjuros, y ata a San Cucufato de las partes nobles.

3.- Lionel Messi sigue dejando su único bolígrafo en casa. Ya hubo acuerdo para renovar contrato hace meses, pero hasta este jueves, no ha firmado. Y la huella dactilar de su promesa se diluye ante el espeluznante horizonte de su soledad en el ataque. Su corazón sigue en el iglú.

4.- ¿Coutinho? ¿Dembelé? ¿Mbappé? ¿Di María? Y agregue los nombres que quiera. Son piezas de refacción, pero no la solución, porque Valverde aún tira trabalenguas en oídos ensordecidos de momentos gloriosos que ahora yacen en el museo. La momificación de las leyendas.

Parecería que la separación, primero, y después el deceso de Johan Cruyff, pusieron fin a la última voz exigente que reclamaba al Barcelona preocuparse por su futuro.

Tarareaba Atahualpa Yupanqui que "para que crezcan los nietos no es necesario matar a los abuelos".

Cierto. Pero, entre los torpes, imberbes, bobalicones y mezquinos herederos de un, cierto también, pecaminoso Laporta, decidieron privilegiar a los abuelos sin procrear ni criar a los nietos.

Ambos derroteros son síndromes extremos de decadencia y de extinción. Y semejante brújula torcida conduce a la caída del Imperio.

Con la aportación generosa de Neymar, al entregarle un fondo de 220 millones de euros, el Barcelona se encuentra ante la encrucijada de solucionar lo urgente y lo importante. Pero, primero, deberá distinguir cuál es cada cual.

Habida cuenta que Messi es un ermitaño, al que le han hurtado, por venta y por lesión, sus dos mejores compinches en el asalto indiscriminado del 80 por ciento del resto de las aldeas de su Liga, necesitará de inmediato jugadores de alto nivel que lo entiendan y que entiendan que él, y sólo él, es el epicentro de los milagros y de las hazañas. Báculo, hay uno sólo.

No todos los cortesanos se hicieran para todas las cortes, y no todos los plebeyos aceptarán vivir a expensas y al servicio de Leo. Suárez lo ha entendido y Neymar lo disimuló muy bien, mientras fue necesario.

Pero el trabajo urgente lo viene recomendando Montesquieu desde hace 300 años, y sin saber que en 2017, 3 mil 500 millones de fanáticos y/o villamelones lo usarían para diagnosticar una crisis ante la futilidad del juego de futbol: "La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principio sobre los cuales fue fundado".

Y el principio de todos los principios del Barcelona había sido La Masía.

Hoy, como turistas desahuciados, los dirigentes catalanes saldrán a hacer compras de pánico. A pagar oro por soluciones de oropel. El mercado universal del futbol se llenó de baratijas.

No hay soluciones en embrión. La matriz está seca, infértil. La Masía fue esterilizada en los tiempos de bonanza y éxito, y en sus resacas de exitismo.

No hay ni Xavis, ni Iniestas, ni Puyols, ni Piqués, en gestación, ni exploradores, ni colonizadores genuinos para descubrir algún Messi en un arrabal, un potrero o un lote baldío, o un Rafa Márquez en otra Liga.

El Barcelona pensó que sería infinito, inmortal, eterno. Pensó que sería el edén de la gloria a perpetuidad.

Pero, hoy, la victoria, esa dama voluble, advenediza, se fue a venderle sus favores al Real Madrid. Y a las vitrinas del Camp Nou, le aparecen canas.

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Getty ImagesVíctor Montagliani, Sunil Gulati y Decio de María, presidentes de las federaciones de Canadá, Estados Unidos y México, respectivamente.

LOS ÁNGELES -- El futbol mexicano se pavonea. Le toca una tajada, por cierto, desabrida, del pastel mundialista a hornearse para 2026. Mejor que morir corroído de los ácidos gástricos de antojo.

Habida cuenta que Marruecos es el rival de esa alianza en la que EEUU es el oligarca, y reparte mendrugos entre un indigente financiero como México y un indigente futbolístico como Canadá, queda claro, pues, que el Mundial 2026 se prepara para ser el primero con tres países sedes. Tres enanos futboleros procreando el gigantismo: 48 equipos.

Habida cuenta que la inauguración será en Canadá y la Final en EEUU, pero México ya sabe que su selección jugará cuatro partidos en el vecindario del Azteca, en Monterrey, en Guadalajara y otro coliseo más que llegue al precio de alquiler de la cortesana tricolor. Un dedo, el mayor, claro, pero bien embarradito de atole.

Como fiesta universal, como placer del escapismo de 90 minutos, y como exaltación de la bulla y el jolgorio que genera el futbol, para una nación que requiere de semejante teatro ilusionista, siempre debería ser bienvenidas ese rosario de partidos mundialistas en territorio mexicano, que además, inevitablemente, garantiza al Tri ser cabeza de serie. El Flautista llega desde Hamelín.

Con la esperanza poco esperanzadora de que las condiciones de salud económicas, sociales, de seguridad, de estabilidad, y de civismo mejoren en estos siete años de feria premundialista, no puede soslayarse la brutal realidad actual de México y, claro, de su futbol, controlado con trampas, mentiras, violaciones al reglamento de FIFA, y el coro irrefrenable del "Eeeeeeee...tcétera".

Con cierto tono segregacionista, este Mundial 2026 entregará a México sus propios capítulos y, después, si lo merece en la cancha, le arrebataría a su Tri, para que ayude a pulular y poblar los estadios estadounidenses. Y claro, eso implicaría que los mexicanos de México se queden en su vecindario. Cuando la fiesta genuina comience, cuando la guerra se vuelve más exquisita, ya sólo podrán seguirla por televisión.

Y claro, con los precios unificados para los tres países, la fiesta no será para todos, a menos, claro, que la renta, la despensa o los útiles escolares, en algunos casos, sean canjeados por boletos. Inicialmente, los cálculos implican que el costo de entradas en la primera ronda será entre 80 y 400 dólares.

Es como la ironía en esos rincones del mundo, donde los misioneros se emperran en enseñarles a usar los cubiertos a quienes no ven comida en su plato. Hambreado, pero con buenos modales.

Y los escenarios dramáticamente más importantes para México deberán haber mejorado notoriamente para esa cita. Hoy, el mexicano desafía retos cada día para atreverse salir de casa y bendecirse por regresar a ella. Y que nadie me diga que yo vivo en la serenidad en Los Ángeles, y poco sé de las tribulaciones de los paisanos.

Hoy se vive bajo el miedo. Y el crimen. Y la miseria. Escenario dantesco, en el que hasta la muerte acude por transfusiones de sangre.

Entre el desempleo, la incapacidad para combatir la delincuencia, y la carestía, que sólo para los que viven al amparo generoso y hedonista de Los Pinos, no existe, la realidad es que hasta los pobres compadecen a los que creen vivir en la clase media.

Pero, cuando hemos vivido, in situ, en coberturas puntuales, la realidad de mundiales como Sudáfrica y Brasil, la resaca mundialista puede ser extremadamente peligrosa para una sociedad que ya no está en condiciones de naufragar por sufragar el circo, por encima del pan.

No olvidemos un dramático ejemplo sintetizado en cifras finales: antes de organizar su Mundial, Alemania era el país con el más poderoso Producto Interno Bruto del mundo. Después del Mundial, a pesar del peregrinaje turístico que vivió, tardó dos años en recuperar esa posición de liderazgo.

Lo de Brasil ya no es necesario ni reseñarlo. Aún hay abiertas heridas de auditorías sangrando y monumentales construcciones silenciosas derruyéndose tras el Mundial y los JJOO.

Esta FIFA y estas tres federaciones de futbol de tres países, me recuerdan un fragmento de José Luis Alvite: "buscan amamantarse arrimados como reptiles al cadáver de una mujer con las pupilas de cuarzo y la leche de leña".

Sí, así.

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LOS ÁNGELES -- A falta de la atrofiada y tembleque lanza, con hidalguía, el moderno Don Quijote de Cruz Azul alzó en ristre el agobiado dedo mayor hacia la tribuna de Cruz Azul.

Paco Jémez ve más dragones que el alucinante caballero de Miguel de Cervantes, donde sólo hay inocuos, pelafustanes, pero inocuos, molinos de viento.

Jura Jémez, que su dedo enhiesto y flamígero, lo sacudió, como la falange encendida de un E.T. indignado, para combatir las soeces palabras contra sus Dulcineas adolescentes, ciertamente, sus dos hijas que merecen el mayor y el más absoluto de los respetos.

En improvisado citatorio ante los medios, por aquello de los miedos a castigos dentro y fuera del club, el entrenador español asegura que mostrar ese dedo políglota no fue contra el ulular amargo y ponzoñoso de una afición que exige más de --y a--, Cruz Azul.

Afirma Jémez que cabalgando sobre el Rocinante de su rabia, no intentó promulgar una procaz mentada de madre contra los seguidores celestes que terminaban decepcionados de un insufrible empate con Toluca, en un 0-0 que el entrenador considera, además, la mejor actuación de su equipo.

Puntualiza que no era condenar con toda su furia los abucheos y la insatisfacción de la afición, a la que asegura, respeta y casi ama por su lealtad ciega y compungida, a una institución que de su estirpe ganadora pasó a padecer una agonía de 20 años sin título... y contando.

Más allá de que en el orfeón decibelicamente demencial y enrarecido, y a la distancia a la que se encontraba, parece tener un oído muy selectivo para escuchar lo que menos le conviene, y lo más fascinante, identificar, entre la turba insatisfecha, al canalla, ciertamente, que ofendía sus dos más grandes -y tal vez únicas-victorias en su vida.

Su mensaje, sin duda, es impecable, en la conferencia de prensa: "No hay nada más detestable que un adulto sea capaz de insinuar cualquier tipo de degradación sexual hacia dos menores con la intención de insultar a su padre", afirma en un discurso perfecto, totalmente respetable y que es un modelo de defensa de la doncellez moral de sus hijas. Bravo, sin duda.

Lo que carcome en su comparecencia es que en menos de 24 horas sus composturas oscilen tan dramáticamente.

Ciertamente, sólo él sabe la verdad, pero sus comportamientos recurrentes, desde retar a golpes a un colega con ya de por sí dudoso equilibrio mental, como Ricardo LaVolpe, le colocan esa volatilidad de la incredulidad a sus aseveraciones.

Expuesto, ciertamente, a reprimendas disciplinarias dentro de Cruz Azul y por parte de la tan pueril, insalubre y lamentable Comisión Disciplinaria, que dirige Eugenio Rivas, y mangonea mezquinamente Decio de María, presidente de la FMF, Jémez eligió la única armadura que le es favorable e inmaculada: la protección de su familia.

Jémez tiene una ventaja: mostrar el dedo del corazón, y con todo el corazón y de todo corazón, es un hábito prohijado por los directivos mexicanos, a excepción tal vez en el caso del entrenador Rubén Omar Romano, a quien le costó el puesto en Santos, por responder así a la pelandusca del tendido.

Pero, además, recordemos, que hay casos de impunidad evidente, en el futbol mexicano, para quienes osan levantar esa antorcha de indignación desde su mano.

1.- El actual presidente de la FMF, Decio de María, se pavoneó, en cámara lenta, casi como escena de Gravity, mostrando ese famoso dedo interpelador, a la tribuna poblada de aficionados estadounidenses.

La Concacaf y la FMF, de la que entonces era un eficiente mandadero, se sulfuraron y prometieron un castigo, que nunca ocurrió. Impunidad 1.

2.- Justino Compeán, hoy el poder oculto en la Concacaf y ex presidente de la FMF, a la que sigue manipulando, dedicó a medios mexicanos y hondureños, ese potente y erecto dedazo, desde la camioneta de la propia federación catracha.

"Nada más quiero recordarte que yo este dedo siempre lo he tenido así, caído", explicó Compeán. Desahuciadas pues su falange, falangina y falangeta. Impunidad 2.

3.- Y recordemos al Maza Rodríguez, cuando por accidente era capitán de la selección mexicana, y aprovechó las cámaras de TV Azteca para universalizarle a la afición sus sentimientos, después de los abucheos sobre el representativo en el Estadio Azteca, y eso fue lo único erguido que hubo en la cancha en esa ocasión, porque del Tri, ni hablar.

El castigo, en serio, aún está pendiente, y seguramente lo recibirá el Maza en el asilo futbolístico del cual está cada vez más cerca. Impunidad 3.

Aunque parece poco creíble la explicación de Jémez, especialmente en un escenario delirante de frustración como al final de ese 0-0, lo cierto es que, desde su llegada, Cruz azul está más cerca de descenso que nunca.

Y aunque debería esperar respeto, o tolerancia al menos, de una nación celeste de abnegada paciencia durante 20 años, de continuar así el rendimiento del equipo, a Jémez se le van a acabar los dedos y las excusas para usarlos.

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LOS ÁNGELES -- Reflexionaba Gabriel García Márquez en 'El Coronel no tiene quién le escriba' que: "Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía".

Rafa Márquez hoy lo sabe. Lo sufre. Lo lamenta. Sí, El Káiser hoy no tiene quién le escriba.

Y encima, se da cuenta que en sus aposentos de futbolista multicampeón en Europa y Concacaf su cama está vacía.

En ese mismo maravilloso texto, el Gabo hurgaba y purgaba en la voz del Coronel: "Nada en este mundo debe ser más tremendo que los escombros de un hombre".

Podría añadirse los escombros de un hombre solo. Y hoy, el Káiser, debe tener la piel trémula de abandono.

Tantos que tantas veces lo veneraron tanto como un caudillo, como su líder, como ejemplo, hoy le dan la espalda. A San Pedro al menos le tomó tres veces el acto de negación divina. Malditos gallos amordazados.

¿Dónde se refugian las hienas cuando el león está herido? En las mazmorras de sus propias conciencias.

Como aquellos que se sintieron calígulas tricolores en la versión arrabalera de Sodoma y Gomorra del Tri en Monterrey, especialmente a aquellos que Rafa logró rescatar de una sanción extrema y una humillación pública como a Carlos Vela y a Carlos Salcido. Los humores y los olores de Judas.

Bajo esas faldas de su propio miedo, deben otros observar este momento de crisis de Rafa Márquez, a quien la justicia estadounidense ya investigó y sentenció. Pero son silentes testigos en esas sombras del sigiloso caparazón de su cobardía.

En esa procesión de lealtad, de fidelidad, deberían agregarse hasta los quistes de pusilanimidad de la FMF, empezando por Decio de María, porque con la rehabilitación de Márquez después de su aventura fallida por la MLS, gracias a él, México recuperó ese Leónidas en la cancha para meter a México al Mundial de Brasil.

Sí: El Káiser, ese que hoy no tiene quién le escriba, ese mismo, rescató financieramente a una selección y a una federación, que podrían haberse podrido en sus propios desechos si no conseguían acudir a esas dos copas del mundo en las que fue determinante: Sudáfrica y Brasil.

Aún entre la espesa tormenta de sus pecados en la cancha, Rafa Márquez controlaba el vestidor para bien de intereses estrictamente mezquinos. Los fariseos, el bajito canoso apellidado Compeán, y el desaliñado que se hurga la borra del ombligo, Decio, esos, esos mismos.

¿Alguien puede olvidar cómo, milagrosamente, por sus jugadores, esta selección mexicana ha pasado de 125 a 250, y ahora a 650 millones de dólares de cosecha en ciclos mundialistas en la Federación Mexicana de Futbol?

¿Dónde está agazapada la asociación de futbolistas que fue redimida hace seis meses por Rafa Márquez? Acaso disfruta cómodamente de nuevo de las canonjías, el aire acondicionado, y las sobras de los bufetes y comilonas de la FMF. Los liberados se ciñen de nuevo el yugo de esclavos. Los patos presencian el harakiri de las escopetas.

¿Y dónde los que de repente se untaron de ese perfume de machitos, de gónadas ajenas, para empezar a alinearse al proyecto de la nueva agrupación de jugadores? Ese silencio, a ellos, a todos, no los hace inocentes, los hace culpables del crimen supremo de deslealtad.

Dicen los libros coreanos que "por más alta que esté una montaña, siempre estará por debajo del Cielo". Queda claro que esa pretendida nueva asociación de jugadores ha quedado acéfala y no por los cargos del Departamento del Tesoro de EEUU contra Márquez por vinculación con el narcotráfico, sino porque, seguramente, el Káiser, se ha dado cuenta que hoy, cuando más lo necesita, que no tiene quién le escriba.

Por si lo leyó o por si no lo ha leído, le adjunto el último acto de 'El Coronel no tiene quién le escriba'. La última palabra, bien puede emitirla hoy Rafa Márquez, este Káiser, que insisto, hoy se ha dado cuenta, no tiene quién le escriba...

"La mujer se desesperó. 'Y mientras tanto qué comemos', preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía. Dime, qué comemos.

"El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: 'Mierda'".

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LOS ÁNGELES -- En México, todo el mundo es culpable... aunque demuestre lo contrario. En Estados Unidos, todo el mundo es inocente hasta que...

Hoy Rafa Márquez, para el Departamento del Tesoro de EE.UU., es culpable de vínculos diversos con narcotraficantes. Tan impactante el anuncio que hasta la Oficina de la Presidencia de México quitó de las redes sociales la cariñosa fotografía de Peña Nieto con Julión Álvarez.

Ojo: ésta debe ser apenas la punta de la madeja. Seguramente la justicia mexicana reaccionará bajo la presión estadounidense de dar seguimiento a sus averiguaciones.

Y ciertamente debe ser culpable. Por obra u omisión. La ignorancia no exonera a nadie, y en el caso de un hombre con el recorrido del Káiser, menos aún.

Rafael Márquez
Mexsport

Cabe la posibilidad de que fue engañado. Cabe la posibilidad de que fue entrampado por sus socios y representantes. Cabe la posibilidad de que entregó la administración absoluta de sus bienes a gente con prioridades mezquinas.

Rafa Márquez puede incluso argumentar amenazas y ampararse jurídicamente en que "actus me invito pactus, non es meus actus (lo que hice contra mi voluntad, no es obra mía)", pero difícilmente procederá ante los años de relación comprobados por las autoridades de Estados Unidos.

La fortuna multimillonaria de Márquez tiene un origen identificable: el futbol. Su paso estelar por Mónaco y Barcelona le bastó para blindar la seguridad económica de sus descendientes directos por generaciones. En la MLS recibió un salario sin precedentes, mientras que con León y Atlas sus ingresos eran de diez dígitos.

Seguramente Rafa Márquez, en la comodidad de una vida compartida entre sus equipos y la capitanía de la selección, además de actos sociales de una Fundación, hoy bajo querella, poco tiempo e interés tenía en convivir con los facinerosos del Cártel de Los Flores, lo que no significa que como socio e inversor no debiera preocuparse por saber un poco más por la filiación moral de sus asociados.

Seamos claros: en México, hoy, la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de la Defensa Nacional saben perfectamente dónde viven y qué hacen y dónde lo hacen y con quién lo hacen, desde cada cabeza de cartel de narcotraficantes, hasta el más infame e infeliz de sus camellos. Que no quieran encarcelarlos es otra historia.

Más allá del daño moral evidente contra el jugador y sus empresas, de cualquier tipo, se despertarán suspicacias y se avivarán otras, como el hecho de que los socios del Atlas nunca lo consideraron a Márquez como un legítimo aspirante a comprador del equipo, sin definir las causas, lo cual es hilar con un cinismo impresentable.

Deportivamente este escándalo trae consecuencias severas. Comienzan en una selección nacional que aún lo considera su caudillo, y siguen en un Atlas que deberá proceder contra el jugador, aunque seguramente la pusilanimidad de Decio de María en la FMF dejará que las cosas pasen.

Con una carrera respetable, notable, y un prestigio como futbolista innegable, con los trofeos más importantes de UEFA y Concacaf en sus aparadores, seguramente Rafa Márquez encontrará solidaridad en el aficionado mexicano y seguramente precipitará su partido de despedida del Tri, porque, insisto, esta es apenas la punta de la madeja.

Obviamente, más allá de las rebeldes y constantes afecciones en la espalda, para el capitán de la Selección de México será difícil concentrarse en el futbol, cuando gran parte de sus bienes y hasta su propia libertad, pudieran estar en riesgo.

Sería sin duda un triste final para una carrera brillantísima como jugador, y seguramente por la mezquina avaricia de quienes le rodean y se creyeron, por estar bajo la égida de Rafa Márquez, impunes a cualquier repercusión por asociación delictiva.

Y las tribulaciones continúan para Juan Carlos Osorio. Márquez seguramente será baja ante Panamá y en Costa Rica. Mientras Marco Fabián está descartado, con Andrés Guardado y Miguel Layún en duda, en tanto que Giovani dos Santos y Carlos Vela podrían declinar su convocatoria.

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LOS ÁNGELES -- Pantuflas. Una mecedora. Una chimenea. Y una jubilación millonaria.

Sintetizábamos con este escenario, en un Blog para ESPNFC hace unos días, la forma en que el futbolista mexicano contempla a la MLS. El Plan de Retiro perfecto sin aportación previa alguna.

Carlos Vela es el nuevo jubilado, prematuro, del futbol europeo. No más batallas encarnizadas en España, ni el desasosiego valeroso de cada semana por sobrevivir en la segunda mejor Liga del mundo. El frac del conformismo, a su medida.

Aún, de lejos, el mejor futbolista mexicano en la actualidad, cierto, venido a menos, pero aún así, el jugador más inteligente y técnicamente completo de México. La buena vida en el edén de San Sebastián le aumentó una talla en su ajuar.

Después de aquella fantástica temporada en que se le arrimó al podio en el que gobernaba -entonces- Messi, a quien le gruñía y reñía -entonces- Cristiano Ronaldo, mientras que Carlos Vela, en la sociedad irreal de la Real Sociedad, disputaba créditos con el depredador Diego Costa.

¡Qué año ese de Carlos Vela al lado de Antoine Griezmann! Compinches de masacres llenas de fascinación. Y el mexicano superaba al francés, pero...

Obvio, el Atlético de Madrid indagó antes de decidir entre Vela y Griezmann. El mexicano no está hecho para la doctrina espartana del Cholo Simeone. Lo suyo es vagabundear en la cancha y concebir artísticamente la fecundidad del gol en la devoción casi cínica de unos segundos.

Simeone entendió que mientras Griezmann tenía el hambre intacta, hambre de gloria, hambre de trascendencia, de museos, de guirnaldas, Vela apenas se desperezaba en la modorra dominical de sus 90 minutos, pero, asombrosamente con eso le bastaba. Las cigarras siempre serán cigarras, en la parábola de su destino.

"Cualquier día de estos decido retirarme. Mi pasión es el basquetbol; el futbol es mi forma de vida", explicó alguna vez en conferencia de prensa Carlos Vela. Ese día las excusas y las esclusas se cerraron, y el mexicano quedó exiliado de los grandes clubes en el confort hedonista de su canal.

Hoy, tal vez sin saberlo, la MLS, se está llenando de notables jugadores mexicanos, que esta liga ve con el prisma que más le conviene a ella. La MLS ve a Gio, a Jonathan y a Vela, y en julio próximo a Javier Hernández, como lo que quiere que sean, y no como lo que en este momento pueden y van a ser.

Fue evidente en Copa Confederaciones: el Gio que protagoniza la MLS naufragó en la competencia y fue relegado en el Tri. En ese torneo, Jonathan fue tal vez el mejor jugador mexicano, pero ahora empezará a vivir en la fascinación de sus instintos y los placeres de la urbe angelina. Su talento está de luto.

Con Vela ocurrirá lo mismo. Y se dará cuenta que tras la trampa semanal del relajo y el relajamiento, le bastará con lo que aún le sobra, de futbol y de vergüenza, para merecer su salario en la licenciosa rutina de 90 minutos en la MLS.

Ojo: tiene todo el derecho de hacer con su vida y con los talentos privilegiados que tiene, lo que le dé su muy regalada gana. La mayor oscuridad está justo debajo de la lámpara, dice un proverbio coreano.

Si ya tiene Vela, como Gio y Jona, el futuro financiero asegurado, y elige la jubilación discretamente millonaria de la MLS, es el bendito derecho de elegir ser maceta de un corredor en penumbras en una Liga que vive en la histeria de tener como mayor ambición, la liliputense ilusión de superar lo más pronto a la Liga Mexicana...

Obviamente sufrirá la selección mexicana, cuando quiera competir en pastizales más honorables -en todos sentidos- que los conkakafkianos, y vea que tres de sus posibles referentes se abotagan de las licenciosas ofertas nocturnas de Los Ángeles.

¿Dónde se meterán ahora aquellos lascivos promotores advenedizos de la hazaña en el Mundial de Perú? ¿Recuerdan a quienes vanagloriaban en exceso a los Niños Héroes de Perú? ¿A aquella, la generación dorada? ¿A los Reyes Midas del 2005 que transformarían la genética del futbol mexicano?

Ahí, ahí están. Unos en las mazmorras del infelizaje, y los dos más notables en las jaulas de oro de su retiro anticipado, en la MLS. Las nueces, salieron vanas...

Reitero, ratifico: Pantuflas. Una mecedora. Una chimenea. Y una jubilación millonaria. La lujosa sala de té de la MLS para el futbolista mexicano.

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SANTA CLARA -- Se podrá estar en franco desacuerdo con las rotaciones... ...con las excentricidades ...con los métodos ...con la retórica ...con las contradicciones ...con el doble discurso ...con alineaciones absurdas ...y hasta con ciertos delirios tácticos.

Sí: usted y yo podemos estar en desacuerdo. Y con todo lo que se quiera, pero...

El derecho de disentir acompaña el compromiso de discernir. Aquello del vaso medio lleno es una falacia. El vaso debe verse siempre medio vacío y llenarlo es el reto.

Las imágenes de Juan Carlos Osorio repudiado públicamente por aficionados al salir del Rose Bowl de Pasadena o al arribar al aeropuerto de la Ciudad de México, tras el fracaso acumulado en tres torneos, dejan una estampa suprema.

Juan Carlos Osorio
Imago7

Y no hablo de los corifeos agrios, entendibles --no justificables--, cuando le piden su renuncia o su salida del Tri, o cuando se le pide que emigre con sus rotaciones al futbol de Colombia. Eso es coreografía abominable... apenas.

El rostro de Osorio. Cabizbajo. Contraído. Colapsado. Esa es la estampa dramáticamente dolorosa de todo este acto de ajusticiamiento público. Un linchamiento físico inofensivo, inocuo, y si se quiere, baladí, para todos, menos para él... Viñeta de claroscuros.

No hay nada más triste, sobrecogedor, doloroso, que un castigo así, un sometimiento así, a una purga semejante, para un hombre leal a sus ideales, sus convicciones como profesional y como ser humano. Nada.

Nada justifica que un hombre, necio tal vez, obcecado sin duda, obstinado en creer que sus métodos pueden funcionar porque funcionaron en otros escenarios, sea sobajado públicamente.

Osorio se ha equivocado, se equivoca y se equivocará, como Usted, como yo, como cualquiera. Pero, y eso lo reconozco, y lo respeto, con la defensa de su propia doctrina de trabajo. Antepone sus ideales, sus convicciones, y, especialmente, no le ha hecho daño a nadie. La fe en su credo.

Osorio ha fracasado. Ha provocado incluso que al jugador mexicano se le menosprecie, se le empequeñezca, se le degrade. Hay un juicio generalizado de que esos seleccionados nacionales no pueden dar más. Y es un error.

Pompilio Páez, auxiliar de Osorio, avivó esa tendencia: "Esto es lo que se puede conseguir con estos jugadores, se necesita más trabajo", dijo sobre los desenlaces en Confederaciones y Copa Oro.

Pero, insisto, reitero, que cualquier persona que fracase una vez, dos, tres, no lo convierte en un fracasado absoluto.

Las pocas veces que he hablado con Osorio o que he hablado acerca de Osorio con algunas otras personas vinculadas al Tri y al futbol en general, hay una sensación irrefutable de caballerosidad, de buenas intenciones, de limpieza.

Por eso, esas postales dantescas de una turba en Pasadena y otra en la Ciudad de México, no las merece alguien que no haya atentado contra el bienestar de otro. Y el futbol en México, aún, con lamentables excepciones, tiene las manos sin sangre inocente.

Habrá quienes, hasta aquí, piensen que este es un tratado cínico de expiación de este reportero. Imposible. El entrenador puede haber sido crucificado, pero el hombre ha sido puesto bajo una jaula de cristal. La cancha y su hábitat humano viven en vecindarios opuestos.

Sí, el técnico debe responder por sus circunstancias, pero el ser humano no debe temer por sus circunstancias.

Abundan en redes sociales quienes se lavan las manos, por intereses o por cobardía, atribuyendo a los medios de comunicación ese clima de linchamiento. También son parte del drama. La hipocresía es un acto escapista acobardado del fanatismo. Las ratas mueren en silencio.

Aseverar que los medios incitaron los hechos en Pasadena y en el aeropuerto, equivale, entonces, a brutalizar a los actores y a los autores de las vergonzosas agresiones.

¿Acaso una crítica de oficio es una sentencia de oficio? No hay, definitivamente, un líder de opinión sobre deportes en México, que pueda soliviantar ese comportamiento.

Esa turba, esa caterva de exaltados, en Pasadena y en la Ciudad de México, no tienen nada personal contra Osorio. Reaccionan así porque no pueden accionar ni reaccionar contra quien quisieran, si pudieran, porque debieran hacerlo. Ni el 0-7, ni el 1-4, ni el 0-1 ante Jamaica les quitó el pan de la boca.

¿Recuerdan el pasaje bíblico de Barrabás? Ciertamente el Barrabás tricolor de este México actual, incandescente, rebelde, existe. Aunque, por supuesto, Osorio está muy lejos de ser Jesús, pero ese Barrabás, ese culpable de su realidad, ese responsable de la realidad que esos enardecidos del Rose Bowl y del aeropuerto sufren y buscan, ese, vive plácida y apaciblemente en la residencia oficial de su impopular voto popular...

Por último, insisto, ante la dolorosa estampa de la imagen de Osorio desfilando entre el cadalso brutalmente verbal en dos ocasiones, primero no retiro ni rectifico sus errores como entrenador, pero solidario con el hombre que protege y escuda sus ideales, le recuerdo el trozo del poema de Ernest Henley:

"Fuera de la noche que me cubre/Negra como el abismo de polo a polo/Agradezco a cualquier dios que pudiera existir/Por mi alma inconquistable...".

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PHOENIX -- La FMF y la Liga MX advierten que tomarán medidas drásticas para frenar el racismo, la discriminación y la homofobia en los estadios de México. Y le castañean de miedo los dientes al chimuelo.   Un reglamento minucioso, hasta repetitivo en la especificación de las posibles violaciones, regirá los próximos torneos mexicanos. La madrastra agita la chancla en el rostro del mocoso rebelde y burlón.   Amenazan con suspender los juegos si el grito, que se debate en adopción reticente entre el folklore y la homofobia, reaparece en la tribuna. ¡Eeeeeeeh...! ¿Eh?   Ayúdeme. Cierre los ojos. Imagínese un Clásico América contra Chivas. El Estadio Azteca a reventar, bufando, en la hipertensión del odio deportivo. Y aparece ese alarido que los grupos que pugnan por la diversidad de género no consideran ofensivo.   Y entonces, apegado a reglamento, en medio de esa riña ancestral entre dos equipos insignia de la competitividad en México, el árbitro decide parar el juego y advertir por el sonido local. Los gritos, por supuesto, arrecian. Y decide suspender el juego. Se acabó. C'est fini.   ¿Se darán cuenta Decio de María y su alfil Enrique Bonilla de la batahola que se desataría en las tribunas y fuera del estadio? Estarían convocando a la barbarie.   ¿Y percibirán el escenario de policías incapaces, torpes, superados en número de manera alarmante, para tratar de frenar a una afición que, con la irracionalidad de la turba, se siente ofendida, robada, provocada, burlada? Decio, el maestro del caos.   ¿Y se imagina usted cuando el juego se suspenda, y la transmisión del partido se interrumpa, y las decenas de patrocinadores se lancen, no sobre Decio, no sobre Bonilla, sino sobre la Oficina Oval de Televisa? Los plutócratas no se entretienen en pelagatos, sino van ante su jefecito.   ¿Y se imagina un escenario idéntico en una Final del torneo mexicano? ¿Creen Decio y Bonilla que encontrarán solidaridad, respaldo, apoyo, apego, respeto por parte de los propietarios de los equipos, los entrenadores mismos, y por supuesto los jugadores, especialmente cuando los torneos ahora hasta se juegan el desenlace en Navidad? Fuenteovejuna, Comendador, Fuenteovejuna.   Y hay muchos otros escenarios posibles. Lleve esta fantasía, con los ojos cerrados, por ejemplo, a un Atlas contra Chivas, o a un Monterrey ante Tigres, al que acuden apenas tres mil policías. Un montaje del sálvese quien pueda.   ¿Y quién garantizará la seguridad de los árbitros para salir del estadio sin quedar expuestos a que una horda los encuentre culpables a ellos por obedecer órdenes? Serán la carne de cañón en ese desamparo.   O peor aún, imagínese un estadio de la Liga de Ascenso, en la que hay más cubeteros que policías, ¿alguien cree que el silbante va a atreverse a poner en riesgo su vida suspendiendo el encuentro? En guerra anunciada, no hay soldado muerto.   ¿De verdad se atreverían la FMF y la Liga MX a quitarle puntos a los clubes por ese mismo grito, a sabiendas de que se ha confirmado la incapacidad, la impotencia y hasta el desinterés de los equipos, por concientizar a su afición? La hipocresía empieza en los escritorios, no en la tribuna.   Y lo más grave: con esta medida, la FMF y la Liga MX, hijas ambas del terrorismo de la estulticia y la corrupción, han hecho oficial ante la FIFA que ese alarido del "eeeeeeehhhh..." ha dejado de ser una manifestación meramente folklórica, inofensiva, sana, anecdótica, costumbrista, simpaticona, para ser oficialmente declarada por Decio y Bonilla, como un sentimiento discriminatorio y homofóbico. La estupidez es la primera causa de suicidio.   La FMF se ha atado las manos. Ya no tiene excusas ni argumentos para explicarle a la FIFA que es un grito de pachanga, de humor mexicano, de cotorreo, sino que lo ha cotizado, lo ha encasillado, lo ha categorizado, como un delito que incluso puede llevarse, como manifestación de odio, según Decio y Bonilla, a instancias legales. ¿Quién cerrará la puerta del presidio?   Seguramente, están pensando ambos dirigentes que pueden dar atole con el dedo a los crédulos, inocentones y pizpiretos de FIFA, que se pueden tragar semejante embuste. Cuando el tonto cree que el tonto es el otro.   Se viene el partido eliminatorio México contra Panamá. Es un momento perfecto, entonces  para aplicar con todo el rigor estas medidas. Si hay grito en la tribuna, que lo suspenda el árbitro y que México pierda los tres puntos. No, Decio y Bonilla son machitos, pero no hombrecitos.   Porque, si hay esa osadía extrema de creer que con un régimen castrista y castrante es la manera de contener ese alarido, la mejor decisión es aplicarlo de manera inmediata y a rajatabla.   ¿Verdad que no? ¿Verdad que no hay cultura de rigor, de honestidad, de respeto, de credibilidad, de autoridad en el futbol mexicano?   Y replanteamos la dramática encrucijada: ¿con qué autoridad moral se pueden atrever Decio y Bonilla a imponer estas medidas, cuando tienen tantos esqueletos podridos en el armario?
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México, Fútbol

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PHOENIX -- Tal vez la arranqué de la vida de un calendario agonizante. O saltó del vientre de una galletita china. "Las estadísticas no mienten, pero los mentirosos también usan estadísticas".   Hoy, a Juan Carlos Osorio lo sostienen sus estadísticas en el Hexagonal Final de Concacaf. Oxígeno puro de la región más impura futbolísticamente del mundo FIFA.   Y claro, lo cuestionan sus saldos rojos en torneos relevantes: Copa América Centenario y Copa Confederaciones. Se quiso vestir de ajeno y quedó desnudo.   Escoltado, blindado por esas estadísticas preñadas de conformismo, confrontará el examen este jueves ante Honduras. Al Rey Tuerto del Hexagonal, le arrojan el festín, presuntamente, de otro de los ciegos del área.   Cuando Osorio fue presentado, Decio de María juramentó que lo habían elegido para que "nos lleve más allá incluso del Quinto Partido", sí, así, con mayúsculas, como todos esos sitios que sólo existen en el vecindario de las utopías.   Ahora el mismo Decio reculó. "Su misión está cumplida, clasificar al Mundial", se culipandeó el presidente de la FMF. Reprobado en aritmética, seguramente, olvidó que aún necesita dos puntos más, para regresar a Rusia.   Pero, lamentable es el contraste. En dos años, transitó de la soberbia al miedo. Cuando se presentó a Osorio se le exigió la proeza de llegar al mundo de Peter Pan: el de Nunca Jamás. Hoy, como cómico de vodevil, Decio retrocede: "lo que caiga es bueno". Sin el frac hurtado, vuelve a ser un triste limosnero.   Dijo Bernard Shaw que "la estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno". Así la inexactitud de la conkakafkiana tabla de posiciones de una región que es el hoyo negro de la galaxia futbolística, según la misma FIFA.   En el mundo del revés del futbol mexicano, hay otras estadísticas, pero ajenas, totalmente, al futbol mismo. Y esas juegan en una cancha perversa y nociva para Juan Carlos Osorio.   Comensales en la lujosa cena de gala posterior a la entrega de los Balones de Oro reportan preocupación por las cifras que, al estilo del mismo Osorio, los directivos del futbol mexicano anotan en sus libretas de contabilidad con tinta roja. Con tinta negra firman los cheques de muchos, entre ellos, el del mismo Osorio.   Detallan anfitriones e invitados un hecho: que hay preocupación entre patrocinadores del Tri. Una camiseta devaluada es la peor marquesina para anunciar el producto. Recordemos, este ciclo mundialista envuelve cerca de 650 millones de dólares de ingresos.   Entre brindis y brindis, y canapés (dicen que el carpaccio mixto estaba espectacular) de esa fiesta futbolera, algunos directivos inquietos se dedicaron a cabildear.   Entre el sazonado menú, saltó la desazón por el desazonado momento financiero.   Y todo va desde la inquietud en la baja de venta de camisetas, hasta el descenso en los ratings de televisión en esta Copa Oro.  "Están por debajo de las transmisiones de algunos partidos de la Copa Mx". Convoca más un atropellado que el Tri atropellando en Concacaf.   De hecho, todo se originó en una reunión de dueños que tuvo lugar el sábado antes de la ceremonia de premiación. En ese aquelarre de directivos, dos llevaron la voz cantante: José Luis Higuera y Jesús Martínez. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Enrique Bonilla, presidente de la Liga MX, escuchaba y asentía, lo que sin duda es lo único que le sale sin faltas de ortografía en su vida dentro del futbol mexicano. Seguro sus notas para Decio de María eran en color rojo.   Cuando en Río de Janeiro, en la Casa Adidas, un día antes de la Final del Mundial Brasil 2014, se renovó contrato por ocho años y más de 80 millones de dólares, Justino Compeán, aún presidente de la FMF, dijo que "renovar (contrato con Adidas) es parte del compromiso para el próximo Mundial y para ello hemos renovado también a Miguel Herrera".   Hoy, Adidas sigue con el Tri, aunque sin la euforia de otras épicas épocas de ventas de camisetas de México, y 'El Piojo' se fue. ¿Y la promesa?   Llegar al Quinto Partido (así, con mayúsculas, como todas las fábulas inconclusas), implica un incremento del 20 por ciento en el contrato... o cambiarse a la ansiosa y seductora oferta de Nike.   Más allá de las desquiciantes y enfermizas rotaciones, en un técnico que ha dicho que "la repetición hace la perfección", y más allá de que el equipo no emociona, no cautiva, no arrastra, y que suma dos fracasos en torneos trascendentes, más allá de eso, sería aberrante, pero normal en el futbol mexicano, que la continuidad de Osorio no la determinaran sus números conkakafkianamente futbolísticos en negro, sino los números financieros en rojo, que más preocupan a los propietarios.   Por eso, la pregunta en esa reunión de dueños, previa a la entrega de premios, y ese cabildeo rinconero en la fiesta posterior, no tiene ninguna pretensión o preocupación de desarrollo futbolístico, sino de contrataque a un eventual colapso financiero. "¿Y si perdemos con Honduras?".   Ya no se trata de la cancha, sino de la chancha.

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SAN ANTONIO -- Los agravantes ahí quedan, brutalmente silenciosas: rotaciones, altibajos, sin estilo definido, fracaso en dos torneos relevantes (Copa América Centenario y Copa Confederaciones), anodino, etcétera, pero, el tipo trabaja. Sin duda, trabaja.

Sábado 7:15 a.m. San Antonio ya transpira. Silenciosa, pulcra, con la modorra sabatina de los 80 grados Farenheit en el momento, la Universidad Trinity aguarda a la troupé de la Selección Mexicana.

Esta, la del domingo, en el Alamodome, será la última parada en fase de grupos. Destinos aún ocultos.

Primero la avanzada. Una camioneta. Los utileros comienzan la dura faena, con uno de los encargados de seguridad del Tri. Para entonces una decena de medios ya montó sus maniquís de tres patas con multigigas de memoria para grabar escenas.

Los camarógrafos recrean en su imaginación una escenografía de Copa del Mundo. Mientras reporteros y productores discuten el menú del desayuno. A ganarse el pan con el sudor de frentes ajenas.

Rápidamente, los utileros trasladan el equipaje con zapatos, bebidas, casacas, balones desde la vereda a la cancha de juego. Transpiran, pero no emiten sonidos de queja. Sólo indicaciones. Los artistas del orden y los pequeños detalles. La logística perfecta.

Minutos después llega la Selección Mexicana. Descienden en silencio. Inusual el horario, especialmente para futbolistas que no duermen, sino que hibernan, como un reclamo del organismo. Alguno incluso se quita el rezago pegajoso de los ojos, esa lagaña necia.

Mientras los jugadores se mueven, un hombre se aleja del grupo. La cachucha le cubre el rostro con esa barba tan desordenada como a veces se manifiesta su equipo en la cancha. Pasos rápidos, con los conos naranjas en las manos.

Colombiano al fin y al cabo, preocupado por las formas y la educación, muestra su gesto natural, que contrasta con aquellas actitudes ante Nueva Zelanda y Portugal: caballerosamente se acerca al personal de la Universidad Trinity. Saluda y agradece.

Y vuelve a sus quehaceres, esos, que otros técnicos delegan a sus auxiliares. Pero él lleva aún el ADN del que comenzó como preparador físico. Él sabe lo que quiere. Pone sus reglas.

Acomoda la primera pirámide de plástico en el césped. Minuciosamente cuenta los pasos antes de depositar el siguiente cono sobre el pasto. Y de nuevo, cuenta, y se agacha. Marca las fronteras del peloteo, mientras los porteros ya trabajan aparte y el resto juega al torito.

Después de montar su corredor imaginario, al colocar más de media decena de señalamientos, se inclina, como si fuera un ingeniero, y con un teodolito imaginario observa que el trazado del espacio fuera perfecto. Parecería que quisiera irrumpir con una carretera entre el silenciosamente sagrado recinto cultural y educativo.

Pone los brazos en jarras, asiente y regresa al grupo de los jugadores. Los camarógrafos no pierden detalle. Productores y reporteros siguen eligiendo el menú del desayuno, con harto café, claro.

Define equipos. Unos con casaca naranja y otros con la camiseta verde. Interesante. ¿Fraga, Chaka, Pereyra, Marín y Reyes, con Álvarez delante de ellos?

Para entonces, los reporteros se olvidan de los chilaquiles y el menudo, y empiezan a especular. ¿Dueñas, Orbelín y el Burrito? ¿Pizarro seguirá perdido donde no sabe, o no quiere o no puede jugar? Él saca sus piezas de la bodega. El simulacro de partida comienza.

"Pueden quedarse a ver esta parte del entrenamiento", grita él al jefe de prensa del Tri, Israel Márquez, quien asiente. Se iluminan los ojos de los representantes de una decena de medios.

El preparador físico Jorge Ríos se olvida de la innata caballerosidad del colombiano e increpa: "¡Eeeeh! ¿Quién les permitió grabar esto, el Profe?". Le explican que sí. Refunfuña. Se entera Ríos que tiene un bastón de mando... sin el mando.

Los camarógrafos persiguen el balón y los jugadores. Los reporteros hacen apuestas. Tahúres fallidos, seguramente. En todos los años de técnico, nadie, a este entrenador, le ha acertado una formación antes de un partido.

Raciocinio, estudio, características del rival, pálpitos, sueños, pesadillas y hasta un gesto del jugador saliendo del elevador, y tal vez hasta el horóscopo, pueden determinar de último momento el armado del equipo. Rotaciones.

En una franja angosta en media cancha, se amontona la veintena de jugadores. Dirige cada detalle. Entrega la pelota a los verdes y empiezan a circular la más codiciada gordita del mundo.

Intensifica la trayectoria caprichosa del balón. Batalla entre los guardaespaldas de la pelota y los acosadores de ella.

"Vaya, entregue rápido", grita lo más cerca que puede del que titubeó más de un segundo. En esa eternidad de un segundo, aparece un chileno o un alemán, y ¡kaput!.

"Vamos, cambien de lado, ya jugaron mucho por ahí, dele la vuelta", exige mientras enfila su cuerpo hacia la banda derecha.

Cuenta entonces él del uno al cuatro. "Vayan naranjas, vayan casacas, recuperen ese balón, presionen", y los invocados muerden a los verdes, quienes se apresuran a poner a salvo a la doncella de piel.

Da una pausa, y reanuda. "Acérquese, ayude, y usted entregue rápido", y eventualmente recomienda al domicilio móvil: "Allá a...", en dinámica de movimientos cortos en esa franja delineada por los conos.

Los gritos son constantes. Se acerca, gesticula, se inclina, se acuclilla, exige rapidez, se desespera, manotea, se contiene...

La invitación a la solemnidad matutina y sabatina de la Universidad de Trinity, era por quince minutos. Se tardaban más los camarógrafos en montar sus vigías ópticos que en ser echados, y además, no alcanzaba el tiempo para decidir el desayuno en ese cónclave entre productores y reporteros.

Porque, más vale perder al Tri que perder una tripa, ¡caray!

Pero esta vez fue distinto, y siempre es útil a los medios escrudiñar más allá de las obviedades del torito, las elongaciones o la pereza del estiramiento de algunos.

Súbitamente tras una seña, la función ha terminado. El telón ha caído, los medios deben salir de la zona de observación. "Muchas gracias (por venir)", dicen sin mucha convicción, los integrantes del equipo de comunicación del Tri.

Los camarógrafos cargan con el registro del día, los fotógrafos con tomas aspirantes a portada, mientras los productores interrogan para saber si se hizo el trabajo que ellos querían, pero nunca pidieron.

¿Los reporteros? Salen con más dudas sobre la alineación de México ante Curazao que para el menú inmediato del desayuno. Lo que sea, pero, con harto chile.

Él, sí, Juan Carlos Osorio, empieza a dar indicaciones, retoma casacas, arma otras parejas en el baile de su laboratorio. La temperatura va subiendo en San Antonio.

Sí, más allá de todas las agravantes con las que carga su equipo, incluyendo un sabor amargo en esta Copa Oro, Juan Carlos Osorio trabaja, sin duda, pero, como ya se sabe, en esa frase inmortal del inmortal Carlos Miloc: "El técnico es hijo de los resultados", y no necesariamente de aquellos de la Copa Oro o de las eliminatorias mundialistas.

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