Madison Bumgarner
Brian Rothmuller/Icon Sportswire
Los Gigantes de San Francisco Giants jugaron tal y como lo indica el libreto escrito por su gerencia en la noche del lunes. Chris Stratton, quien se establece rápidamente como fuerza confiable dentro de la rotación, lanzó bien contra los Nacionales. Igualmente, el poder hizo acto de presencia, en esta ocasión gracias a Mac Williamson, quien chocó la pelota para llevarla a un sitio casi inalcanzable para los bateadores diestros en el AT&T Park.

Sin embargo, si no se producen muchos días buenos para los Gigantes antes de la fecha límite de cambios del 31 de julio (y si caen fuera de contención dentro de la División Oeste de la Liga Nacional), entonces el equipo debe hacer todo lo que esté en su poder para evitar caer en el abismo en el cual se hundieron los Filis de Filadelfia en temporadas recientes. Si los Gigantes confrontan dificultades en el próximo par de meses, deberían colocar a su leyenda de octubre Madison Bumgarner en el mercado de canjes.

Un evaluador rival charló sobre los Gigantes a principios de mes, discutiendo con respecto a la acumulación de jugadores que podrían encontrarse en la fase de declive de sus respectivas carreras. "Tienen que reiniciar y comenzar a pasar la página, pero no cuentan con muchas formas de hacerlo", indicó.

Pues, no las tienen. Si los Gigantes pasaran a ser vendedores, no conseguirán mucho a cambio de Andrew McCutchen, cuando le quedan pocos meses antes de convertirse en agente libre. El inicialista Brandon Belt acaba de cumplir 30 años recientemente y se le deben aproximadamente $65 millones hasta la temporada 2021. Entonces, como consecuencia de la saturación del mercado en cuanto a inicialistas, no tiene valor para formar parte de un pacto. Igualmente, San Francisco le debe al antesalista Evan Longoria, de 32 años, $60 millones. Incluso, si San Francisco ha pensado en canjearle, prácticamente no aportaría valor para servir como carnada de cambio.

El campocorto Brandon Crawford podría aportar algo a cambio en un potencial pacto, pero se le deben cerca de $55 millones hasta 2021 y es prácticamente un producto muy especializado dentro de un mercado limitado, debido a los activos con los que ya cuentan otros contendores en su posición: los Astros tienen a Carlos Correa, los Angelinos disponen de Andrelton Simmons, los Yankees cuentan con Didi Gregorius, los Medias Rojas, con Xander Bogaerts; los Cardenales acaban de firmar a Paul DeJong a un pacto a largo plazo; los Mets tienen a Amed Rosario; los Nacionales, a Trea Turner y los Dodgers a Corey Seager (y ciertamente los Dodgers y Gigantes no considerarán seriamente hacer un cambio).

La idea que permanece firme dentro del resto de los equipos es que los Gigantes jamás negociarán a su estelar receptor Buster Posey, porque es un pelotero que representa un legado dentro de la franquicia y su contrato a largo plazo podría concluir con el fin de su carrera. Johnny Cueto y Jeff Samardzija no aportarían mucho a cambio en una tentativa negociación, debido a los altos montos que se les deben.

Pero. ¿y Madison Bumgarner? ¿El Paul Bunyan de la postemporada? ¿El hombre que lanzó el doble de entradas de cualquier otro pitcher en aquel octubre en el cual los Gigantes ganaron por última vez la Serie Mundial?

El zurdo se convertiría en el objetivo más cotizado del béisbol a la hora de plantear cambios (quizás sería una de las piezas más ansiadas en el mercado veraniego en la historia del béisbol) si los Gigantes deciden hacerlo disponible, y probablemente traería a cambio por lo menos dos prospectos de alto nivel a una organización que no cuenta con amplitud de talentos en Ligas Menores. "Posiblemente, dos chicos de primer nivel y otros dos de segunda categoría", dice un evaluador. "Quiero decir, si algún equipo decide negociar para hacerse con los servicios de Bumgarner, es porque quiere (moverse a fin de) ganar la Serie Mundial".

Claro. Porque Bumgarner es experto en ganar en postemporadas. En 16 apariciones en octubre, tiene efectividad de 2.11, con los Gigantes ganando todos los compromisos en los cuales se ha puesto en la lomita, con la excepción de tres.

El verano pasado, la industria del béisbol mostró alto interés en Justin Verlander, pero la capacidad que tenían los Tigres para hacerlo atractivo a los ojos del mercado se complicó debido a todo lo que estaba atado a él: la cláusula de veto a cambios de la que dispone el diestro, los $56 millones a pagarle entre 2019 y 2020 y su edad de 35 años.

Bumgarner cumplirá 29 años el día posterior a la fecha límite para hacer cambios. Antes de que sufriera esa extraña lesión en su dedo meñique con un batazo de línea a finales de los entrenamientos primaverales, los miembros del cuerpo de lanzadores de los Gigantes indicaban que Bumgarner estaba lanzando tan bien o mejor de lo que siempre ha mostrado, con su velocidad rozando las 94 millas por hora. No posee ninguna prerrogativa para vetar cambios dentro de los términos del contrato que firmó siendo muy joven. Bumgarner ganará $12 millones este año, y los Gigantes tienen una opción del equipo para 2019 por $12 millones, la cual lo convierte en pieza de increíble valor.

Se podría argumentar, de forma muy razonable, que los Gigantes deberían hacer todo lo que puedan a fin de atar a Bumgarner mediante una extensión contractual durante este verano para luego construir un futuro inmediato con él y Stratton como bases fundamentales, mientras se reconstruye al sistema de granjas. Ambos abridores podrían servir como vehículo que ayude a la transición de los Gigantes para avanzar más allá del núcleo de los años en los cuales fueron campeones entre 2010 y 2014.

Sin embargo, si los Gigantes deciden ir por esa ruta, podrían entonces caer en la misma trampa ante la cual sucumbieron los Filis, cuando la generación campeona conformada por Ryan Howard, Chase Utley y Jimmy Rollins comenzó a envejecer y, por ende, a decaer en desempeño. Al esperar demasiado tiempo para remozar su roster, los Filis se condenaron a sufrir una sequía competitiva que lleva ya casi la misma cantidad de tiempo que sus años de gloria. Los Filis no han tenido una temporada ganadora desde 2011 y durante las tres campañas anteriores, sumaron 63, 71 y 67 victorias. Este año, Filadelfia ha logrado revertir esa tendencia.

Si los Gigantes hacen un canje y despachan a Bumgarner este verano o el próximo invierno, evitarán también lidiar con el dilema y los riesgos inherentes a pagarle a un lanzador durante el ocaso de su carrera. Bumgarner podría exigir, de forma razonable, un pacto por siete temporadas y $245 millones, considerando su hoja de vida y los contratos firmados por Clayton Kershaw, Zack Greinke y otros pitchers. Ocasionalmente, esos mega contratos para un abridor de élite con edad cercana a los 30 años pueden funcionar (como ha sido el caso de los Nacionales y Max Scherzer). Pero en su mayoría, no es así. Si los Gigantes deciden invertir grandes sumas de dinero en una extensión a Bumgarner, deberán entonces asumir el riesgo sin aprovechar el valor que éste podría atraer en el mercado de cambios. Los Gigantes, una de las organizaciones más acaudaladas del béisbol, podrían aspirar a hacer lo mismo que los Yankees lograron con Aroldis Chapman: negociarlo a cambio de prospectos y luego repescarlo cuando se convierta en agente libre.

Los Gigantes en su versión 2018 podrían terminar siendo mejor de lo que han mostrado en este comienzo de temporada y eso podría cambiar todo el contexto alrededor de Bumgarner. Pero si no logran hacerlo, entonces San Francisco haría bien en pensar con respecto a cómo sería su equipo en 2021 y 2022. Para ese momento, ese equipo parece requerir de muchísima ayuda y los Gigantes podrían conseguirla si están dispuestos a escuchar ofertas a cambio de un pitcher deseable para cualquier contendor por el título.

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Los diez mejores peloteros de Grandes Ligas

FECHA
26/06
2017
por Buster Olney | Escritor Senior de ESPN.com
Machado
G Fiume/Getty Images
Aaron Judge ha sido el mejor jugador de la MLB en los primeros tres meses de la temporada 2017, sorprendiendo a evaluadores rivales con su mejoría desde el final de la temporada 2016. Pero todavía tiene menos de 100 partidos en las Grandes Ligas, razón por la cual no está clasificado entre los 10 mejores jugadores de las Grandes Ligas. Como hemos visto con Kyle Schwarber, los ajustes son necesarios incluso por los bateadores más talentosos, y con el tiempo, vamos a saber si los lanzadores pueden encontrar una manera de atacar la amplia zona de strike de Judge.

Por ahora, he aquí mi lista de los 10 mejores jugadores de las mayores - sin el tipo que actualmente lidera las grandes ligas en WAR.

Nota: Todas las estadísticas son hasta el viernes 23 de junio.

10. Corey Seager, SS, Dodgers de Los Ángeles

Seager, de 23 años, se ha convertido en el mejor jugador de los Dodgers, después de anotar 105 carreras y compilar 26 jonrones la temporada pasada. Sólo Kris Bryant clasificado más alto en WAR en la última temporada de la Liga Nacional.

9. Joey Votto, 1B, Rojos de Cincinnati

Un ejecutivo rival sobre Votto: "Es tan bueno, y lo loco es que en realidad ha mejorado".

Votto .601 porcentaje de slugging es el mejor de su carrera, y todavía tiene una tasa de ponches de sólo 11,2 por ciento, una combinación increíble en una época dominada por los ponches. Tenga en cuenta: él usualmente ha sido un mejor bateador en la segunda mitad de la temporada que la primera.

8. Manny Machado, 3B, Orioles de Baltimore

Tal vez su día de 4-4 contra los Indios la semana pasada señaló el inicio de un cambio de 2017 para Machado, que ha tenido problemas este año. Pero el total de su carrera ha sido extraordinario, y estará bien compensado cuando llegue a la agencia libre al final de la próxima temporada. Machado pronto cumple 25 años, y ya ha tenido tres top-10 en la carrera de MVP. Se perdió la mitad de una temporada con una lesión en la rodilla en 2014, y sólo cuatro jugadores están por delante suyo en carreras defensivas salvadas desde que irrumpió en las Grandes Ligas.

7. Clayton Kershaw, pitcher zurdo, Dodgers de Los Ángeles

Él tiene el mejor ERA+ ajustado entre todos los lanzadores abridores de todos los tiempos, y en las últimas seis temporadas, ha ganado tres premios Cy Young y tuvo un segundo, un tercero y un quinto lugar. Kershaw ya ha permitido más jonrones esta temporada que en cualquier otra temporada de su carrera, y su ERA es su más alta desde 2010. Pero en un momento en que un montón de equipos de forma rutinaria sacan a sus abridores la tercera vez que el orden de bateo de los contrarios está en turno, Kershaw está entre los líderes de la MLB en entradas y ponches.

6. Nolan Arenado, 3B, Rockies de Colorado

Algunas de las analíticas avanzadas no son amables con el tercera base de los Rockies, y al igual que todos los jugadores de Colorado, él nadará siempre en contra de la pregunta de cuánto de su producción ofensiva es creada por las favorables condiciones de bateo en Coors Field. Pero los evaluadores han llegado a creer que esto trata sobre el Arenado multitalentoso e intenso: es un jugador que puede ser el ancla de un equipo ganador. Él es un importante jugador que marca la diferencia.

5. Max Scherzer, pitcher derecho, Nacionales de Washington

Scherzer tiene la oportunidad de convertirse en la más rara de las especies: Scherzer está bien en su camino para justificar plenamente una inversión a largo plazo, de gran dinero en un lanzador de agente libre. En sus primeras 78 aperturas con los Nacionales, Scherzer tiene 705 ponches y 114 boletos en 564 2/3 entradas - y una efectividad de 2.73 mientras que promedia unas siete entradas por inicio.

Entrando en el fin de semana pasado, Scherzer lideró a la Liga Nacional en las tres categorías de la Triple Corona -ERA, entradas y ponches- en el arranque de lo que ha sido la mejor temporada de su carrera.

4. Chris Sale, pircher zurdo, Medias Rojas de Boston

¿Recuerda la temporada pintoresca de Sale en 2016, cuando él era toda sobre la eficacia de pitcheo y provocando rolatas? Bueno, olvídate de eso: Sale ha ponchado a 12.2 bateadores por nueve entradas esta temporada, lo que le ubicaría entre los 10 mejores promedios de todos los tiempos si puede permanecer en el mismo rango durante la temporada. Tiene un FIP de 1.97 y el único lanzador titular activo que se ha ido mejor en una temporada es Clayton Kershaw, a 1.811 en 2014. Sale tiene la oportunidad de acumular algo en el rango de los 330 ponches esta temporada; Nunca ha tenido más de 274. Es uno de los mejores, y está en su mejor momento en 2017.

3. Mookie Betts, RF, Medias Rojas de Boston

"Cuando ustedes tienen esa conversación sobre quién es el mejor jugador joven -[Mike] Trout, [Bryce] Harper o [Manny] Machado- es mejor que incluyan Mookie Betts", dijo un gerente.

Betts terminó detrás de Trout para el Premio MVP de la Liga Americana en 2016, pero todavía está construyendo su consistencia ofensiva. Ya está considerado como uno de los mejores jugadores en el corrido de las bases, así como el mejor jardinero derecho defensivo.

"Es el mejor jardinero derecho que he visto", dijo un evaluador.

"¿El mejor ahora?" Yo pregunté.

"No -el mejor de todos los tiempos", respondió. Nunca he visto a nadie cubrir tanto terreno delante de él. Ni siquiera de cerca".

2. Paul Goldschmidt, 1B, Diamondbacks de Arizona

El primera base de Arizona ha terminado segundo en el MVP de la Liga Nacional votando dos veces ya, pero esta podría ser la temporada en la que Goldschmidt finalmente recibirá la aclamación personal que muchos de sus compañeros creen que merece hace mucho tiempo. Él está entre los primeros en todos los departamentos. Goldschmidt lidera a las mayores en carreras y remolcadas; y su porcentaje de embasamiento esta temporada está cerca de .450, lo mejor de su mejor carrera. Él se clasifica entre los cinco primeros en la métrica de eficiencia en el corrido de bases. Y él es un defensor superlativo, quizás el mejor entre aquellos en su posición que lanzan con la mano derecha.

1. Mike Trout, CF, Angelinos de Los Ángeles

Ha perdido alrededor de un mes esta temporada debido a lesiones en el músculo isquiotibial y el pulgar, y sin embargo los únicos jugadores que clasificaron más alto que Trout en WAR a partir del 23 de junio fueron Aaron Judge y Paul Goldschmidt. Ése es apenas un número entre los muchos que demuestran la preeminencia de Trout en el deporte. Trout estaba teniendo la mejor temporada en una joven carrera repleta de éxito sin precedentes, con un OPS de 1.203, y espera volver a estar de vuelta para el receso por el Juego de las Estrellas. Él podría recolectar su hit número 1,000 y el cuadrangular No. 200 en torno al tiempo en que cumpla 26 años en agosto.

Omisiones más difíciles: Buster Posey y Carlos Correa

La desastrosa temporada de los Gigantes oscurece lo que ha sido una espectacular temporada ofensiva para Posey, que tiene la oportunidad de unirse a la muy corta lista de receptores que han ganado títulos de bateo. Entre los receptores que tienen al menos 200 apariciones en plato esta temporada, Posey lidera en wRC + con 159 -y está en un universo diferente al de todos los demás. Brian McCann es segundo en 124. Los Gigantes tienen muchos problemas, pero tienen el jugador preeminente en una posición Premium.

Correa ha dado un gran paso adelante este año, en una temporada en la que su atención al detalle ha crecido. Trabajó diligentemente en su defensa, especialmente en los batazos rodados a su derecha, y Correa ha estudiado video de su corrido en las bases. Lo más obvio es que continúa aprendiendo a batear en las Grandes Ligas. Aún con apenas 22 años de edad, Correa está bateando .303, con 14 jonrones de cara a los juegos del viernes.

"Todo el mundo habló de que tuvo un año bajo [en 2016]", dijo un evaluador. "Él tuvo - ¿qué?- 20 jonornes y 96 RBI a la edad de 21 años? Tomaré eso".

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Hay un poco del Bambino en Aaron Judge

FECHA
13/06
2017
por Buster Olney | Escritor Senior de ESPN.com
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Judge disparó su jonrón número 22
Aaron Judge está a dos meses de completar su primer año de servicio en Grandes Ligas, y no ha sido electo a un solo equipo Todos Estrellas ni ha ganado un gran premio. Mark Reynolds y Steven Souza Jr. y muchos otros han logrado más en sus respectivas carreras que Judge, quien es tan nuevo en el deporte que sigue aprendiendo cómo navegar por los pasillos de los estadios para llegar a los camerinos visitantes.

Pero al analizar el potencial de mercadeo de Judge en la forma en que uno podría crear un pronóstico del clima, se podría derivar algunas lecciones de uno de los mejores de todos los tiempos en el béisbol: Babe Ruth, una estrella transformadora que elevo el deporte al estatus de pasatiempo nacional en su época.

Photo by Elsa/Getty ImagesEn su primera temporada completa con los Yankees, Aaron Judge se ha convertido en una estrella gracias a su rara combinación de poder y producción.
Ruth se convirtió en una leyenda debido a algunos de estos factores que capturaron la imaginación de los fanáticos de su tiempo:

Con 6 pies 2 pulgadas y 215 libras, Ruth dejaba pequeños a la mayoría de los jugadores de esa época. Ty Cobb medía 6-1 y pesaba 175 libras, el intermedista miembro del Salón de la Fama Eddie Collins medía 5-9 y pesaba 175 libras, y Walter Johnson - conocido como el "Gran Tren" - medía 6-1, y pesaba 200 libras. Con su gruesa parte superior del cuerpo, Ruth no se parecía a otros jugadores de béisbol.

Podía batear la pelota más lejos que sus compañeros y batear más cuadrangulares que cualquier otro. En 1920, Ruth lideró la Liga Americana con 54 jonrones - más que cualquier otro equipo.

Ruth jugó en el mayor mercado del béisbol en un estadio adaptado a sus habilidades particulares como bateador de poder - con una corta distancia de la cerca en el jardín derecho - al grado que el Yankee Stadium se conocía como la Casa Que Ruth Construyó.

Era el mejor jugador en la liga, logrando números que no se habían visto antes, bateando la pelota a donde nadie la había bateado antes.

Y cuando Ruth venía al plato, no se le podían quitar los ojos de encima. Como decía uno de sus compañeros, incluso sus ponches eran épicos, con Ruth abanicando la pelota tan duro que se caía. En el medio de su carrera - e incluso después de ella - los fanáticos se reunían para verlo tomar prácticas de bateo, para ver la fuerza y el poder.

¿Acaso algo de eso les suena familiar?

Hasta hoy, Judge lidera las mayores en jonrones y está en la delantera en las categorías que conforman la Triple Corona en la LA... para los Yankees... quienes juegan en un estadio relativamente nuevo que recompensa a los toleteros derechos que pueden batear la pelota hacia la banda contraria... como Judge.

Desde el inicio de los entrenamientos primaverales, fanáticos y compañeros y rivales se detienen dondequiera que estén para ver a Judge tomar sus prácticas de bateo, porque se preguntan lo que va a hacer próximamente, y cuán lejos podría batear el siguiente lanzamiento - haciendo cosas que ellos no habían visto antes. "Este chico es de otro planeta", dijo Pablo Sandoval en el camerino de los Medias Rojas luego del cuadrangular de 496 pies de Judge el domingo.

A Ruth le encantaba ser el centro de atención y estar en el gran escenario. Judge no parece tener la misma personalidad atrayente de Ruth, dentro y fuera del terreno; es muy discreto y de forma reflexiva desvía la atención.

Pero para un deporte y para un equipo que anda en búsqueda de una estrella, Judge ha dado grandes pasos hacia esa meta. Por lo menos él tiene algunos de los elementos de la fórmula que elevó a Ruth al estatus de ícono.

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Luego de meses de negociaciones sobre el nuevo acuerdo colectivo, el documento está completo y en manos de los impresores, dicen las fuentes. Esto limpia el camino para las conversaciones sobre el ritmo de juego entre las Grandes Ligas y la Asociación de Jugadores que están destinadas a tener un impacto duradero en un juego que siempre se ha destacado por su atemporalidad.

Los oficiales del béisbol y los jugadores podrían terminar aceptando - o confrontando - dos palabras que parecían inimaginables hace cinco o 10 años: reloj de pitcheo. Y a medida que el sindicato y MLB intercambien ideas en los próximos meses, algunos jugadores esperan en privado que parte de la solución sea la llegada de una zona electrónica de strike, la que ellos creen que podría servir para mover los juegos tanto como un límite de tiempo entre lanzamientos.

Habrán cambios entre ahora y el inicio de la temporada 2018, pero bajo los términos del nuevo acuerdo, MLB solo puede hacer cambios de forma unilateral si no puede llegar a un acuerdo con la unión. El poder de alterar las reglas para acelerar el ritmo del juego - o para forzar la negociación de las alteraciones que quieren imponer - está contenido en el Artículo XVIII del nuevo acuerdo colectivo, página 77.

Se piensa que la redacción es un viejo resquicio de los años 70, y aunque no está claro por qué esa sección fue agregada en ese momento en particular, es práctica ahora para el comisionado Rob Manfred mientras que él se esfuerza por acelerar la manera en que se juega el deporte, para reflejar mejor los tiempos de atención de esa era: "El derecho de los equipos de hacer cualquier cambio en las reglas no se verá afectado o limitado de ninguna manera", en tanto y en cuanto MLB le notifique a la unión con una temporada de antelación - algo que ya ha hecho. Las áreas de enfoque para MLB son los tiempos entre lanzamientos y el creciente número de reuniones entre lanzadores, receptores y jugadores del cuadro.

La preferencia de ambas partes es una solución negociada - que encuentren un terreno común en las conversaciones y el intercambio de ideas. Manfred habló sobre esto en marzo, sobre cómo él quiere tener más diálogo con los jugadores, más retroalimentación sobre cómo mejorar el ritmo de los partidos. Pero algunos jugadores reconocen que, de una manera u otra, los cambios a las reglas van a llegar. Un jugador le dijo recientemente a sus compañeros que es mejor que se vayan acostumbrando a la idea de un reloj de pitcheo "porque es inevitable".

Entre los rangos y las filas de la unión, el concepto quizás no sea visto como algo tan radical como antes porque la inmensa mayoría de los jugadores en MLB han competido en juegos donde a los lanzadores se les da 20 segundos entre lanzamientos. Ese cambio en la regla fue implementado antes de la temporada 2015 en Doble A y Triple A, y como nos dice Sarah Langs de ESPN Datos, un impresionante 74 por ciento de los 1,047 jugadores en rosters activos o lista de lesionados en MLB jugaron en estos dos niveles desde el inicio de la temporada 2015, algunos por asignación de rehabilitación por lesiones.

El tiempo promedio de juego en MLB bajó en seis minutos en el 2015, pero esos avances desaparecieron en el 2016, cuando el tiempo promedio de un juego de nueve entradas aumentó de 2 horas, 56 minutos a 3 horas. Este año, el tiempo promedio de los juegos a nueve entradas es de 3 horas 4 minutos, y de 3:08 para todos los juegos. Algunos oficiales de los equipos están convencidos que el paso más deliberado es debido a los hábitos cambiantes de los jugadores.

Entre los 88 jugadores que calificaron para el título de efectividad en 2008, solo tres promediaron más de 25 segundos entre lanzamientos; Josh Beckett fue el más lento con 26.7 segundos. Sesenta y seis de los 88 lanzadores promediaron 22 segundos o menos.

En 2017, solo 21 de los 87 lanzadores abridores de Grandes Ligas están promediando 22 segundos o menos entre lanzamientos. Los lanzadores que trabajan más rápido suelen atrapar el tiro de regreso del receptor mientras retroceden por la pendiente delantera del montículo, casi nunca dándoles la espalda al plato mientras intentan crear un ritmo. Carlos Martínez de los Cardenales de San Luis promedia apenas 19.2 segundos entre lanzamientos; R.A. Dickey de los Bravos de Atlanta promedia 19.1 segundos. Pero 12 promedian más de 25 segundos. Interesantemente, cinco de los 10 más lentos pasaron sus años formativos con los Rays de Tampa Bay -- Matt Andriese (28.4), Alex Cobb (26.4), Chris Archer (26.3), Jason Hammel (25.6) y Jeremy Hellickson (25.2).

Charlie Riedel/AP PhotoJason Hammel promedia 25.6 segundoa entre lanzamientos, uno de los más lentos en MLB esta temporada.
Algunos lanzadores veteranos tienen preocupación de que sus rutinas dentro de los partidos se vean afectadas. Los lanzadores quieren asentarse en el montículo antes de hacer cada lanzamiento, lo que tiene el potencial de alterar la trayectoria del lanzamiento. Los bateadores se salen de la caja de bateo, se ajustan sus guantillas, compran algunos segundos para pensar sobre lo que el lanzador y el receptor planifican hacer después.

Algunos lanzadores y bateadores trabajan lentamente. El relevista de los Dodgers de Los Angeles Pedro Báez atrajo mucha atención durante la postemporada del año pasado por sus hábitos laboriosos. Y el jardinero de los Filis de Filadelfia Odúbel Herrera, quien promedia 30 segundos entre lanzamientos, tiene el ritmo lento más deliberado en las Grandes Ligas. Probablemente Abraham Lincoln pronunció su famoso Discurso de Gettysburg en menos tiempo que lo que le toma a Herrera terminar un turno al bate de cinco o seis lanzamientos.

"Es algo ridículo", dijo un jugador veterano sobre los turnos de Herrera. "Los lanzadores reciben la mayoría de las críticas por la gran cantidad de tiempo que se toman, pero durante mucho tiempo, han sido los bateadores quienes están haciendo las cosas más lentas".

Un reloj de pitcheo ayudaría a resolver eso, aunque se tendría que crear una capa adicional de regulaciones para las situaciones cuando hayan corredores en base, para cuando los lanzadores se salgan de la goma de lanzar, y para cuando los bateadores se salgan de la caja de bateo - vestigios de la atemporalidad única del béisbol. Después de todo, el mariscal de campo de los Patriots Tom Brady tiene que pedir tiempo fuera si quiere tiempo adicional para estudiar la defensa de un rival, y el estelar jugador de los Cavaliers LeBron James no puede detenerse a conversar con un compañero sobre cómo ejecutar un movimiento más efectivo de pick-and-roll sin consumir un tiempo fuera.

Pero MLB quiere un mecanismo formal para mejorar aún más el ritmo de los partidos, y al tener el poder de cambiar las reglas a su voluntad, se encuentra en una posición fuerte para negociar los términos de un reloj de pitcheo y restringir el número de visitas al montículo entre compañeros.

A través de la negociación, los jugadores estarían en posición de conseguir algo a cambio, y en semanas recientes algunos han mencionado en privado que su esperanza es que la unión empuje por la creación de una zona automatizada de strikes, en la que las bolas y los strikes se canten electrónicamente. Eso eliminaría el debate constante sobre las decisiones de la zona de strike, de acuerdo con los jugadores.

"Eso aceleraría tanto el juego como el reloj de pitcheo", dijo un jugador. "Piensen en lo que sucede ahora: Tienes un pitcheo pegado, y el bateador se sale para preguntarle al árbitro del plato. O el receptor se vira para preguntarle al árbitro. O el lanzador dice algo, y se tarda más tiempo porque está frustrado con una decisión. Las bancas le gritan al árbitro, y el árbitro se vira para gritarles.

"Todo eso se eliminaría. No se tendría que decir nada. Sería una bola o un strike, y todo el mundo seguiría para el siguiente lanzamiento".

MLB y la unión tendrían que sentirse cómodos con que la tecnología sea lo suficientemente buena para replicar lo que hacen los árbitros, ya que algunos de los resultados recogidos son actualmente recalibrados por MLB antes de ser presentados en las evaluaciones debido a las imperfecciones. Sin embargo, un jugador notó que MLB ya tiene suficiente confianza en la tecnología para medir el rendimiento de los árbitros utilizando resultados electrónicos.

Algunos jugadores creen que los jugadores están dispuestos a hacer concesiones importantes como esta en las conversaciones del ritmo de los partidos, sabiendo que los oficiales de béisbol se dedican a racionalizar un producto que sea más adecuado para una audiencia más joven.

"Pienso que esto va a ser bueno para ambas partes", dijo un jugador veterano.

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Temprano en esta temporada, el jardinero central de Toronto Kevin Pillar hizo algo fuera de lugar, gritando un insulto antigay al jugador de los Bravos Jason Motte luego que Motte le lanzara demasiado rápido y Pillar se ponchara. Menos de 24 horas después, los Azulejos colaboraron con las Grandes Ligas en la cuestión de la disciplina y suspendieron a Pillar por dos juegos. Pillar asumió responsabilidad complete por lo que ocurrió, y la rendición de cuentas fue crucial.

Es un ejemplo que las buenas personas que corren los Gigantes de San Francisco deben considerar,, mientras ponderan sus opciones de cómo limpiar el ridículo incidente que uno de sus jugadores provocó el lunes. Luego que Hunter Strickland golpeara a Bryce Harper con una recta de 98 mph - y luego que Harper saliera corriendo al montículo e intercambiara golpes con Strickland - el lanzador le dijo a los reporteros que solo estaba intentando lanzar pegado y no golpeó a Harper a propósito. Pero un chico de 4 años con su cara llena de chocolate y que alega inocencia al ver un envase vacío de galletas de chocolate se vería más convincente.

Los Gigantes saben más que eso, porque ellos conocen el historial entre Strickland y Harper, ya que el lanzador le permitió dos monstruosos cuadrangulares al toletero durante la corrida campeonil de San Francisco en 2014. Y los oficiales de Grandes Ligas y el personal de los Gigantes saben que si esta situación sigue en su trayectoria típica, uno de sus jugadores - quizás Buster Posey, quizás Brandon Crawford -- va a ser golpeado, por la viejas reglas de compromiso que suelen entrar en vigor cuando algo así sucede. Y luego del partido del lunes, el manager de Washington Dusty Baker dijo, "Estamos aquí para ganar el juego. Pero tampoco nos vamos a quedar de brazos cruzados... no comenzamos nada, pero no nos vamos a quedar quietos".

Bryce Harper, Hunter Strickland
AP Photo/Ben MargotBryce Harper arremetió contra Hunter Strickland el lunes luego de ser golpeado por un lanzamiento en la cintura.
Los Gigantes podrían tomar acción preventiva para tratar de alterar el curso de los eventos y suspender o disciplinar a Strickland por cuenta propia, para demostrarle a los Nacionales - a todo el mundo - lo que muchos de ellos ya creen de todos modos: que las acciones de Strickland fueron increíblemente egoístas, peligrosas y bien, bien fuera de lugar, e inaceptables para la organización de San Francisco.

No solo eso sería lo correcto, pero además serviría para desactivar el potencial de cualquier tipo de represalia, porque el mensaje a los Nacionales sería: Entendemos completamente por qué están molestos; Strickland actuó solo, y tampoco estamos de acuerdo con él. Y quizás - solo quizás - esto podría reducir las posibilidades que Posey o algún otro jugador de los Gigantes sea golpeado con una recta, en aras de mantener el código del béisbol del quid pro quo.

Una respuesta similar ha sido tomada en el pasado por otros equipos. En 1995, Armando Benítez le permitió cuadrangular con bases llenas a Edgar Martínez de los Marineros, un momento de gran frustración para el tirador derecho, y Benítez golpeó al siguiente bateador, Tino Martínez. Benítez fue expulsado, y luego del juego, su casillero estaba vacío; Benítez le dijo al personal de los Orioles que iba a renunciar. Los Orioles lo enviaron a las menores por par de semanas. Tres años después, Benítez permitió cuadrangular de tres carreras a Bernie Williams de los Yankees, y Benítez - uno de los lanzadores que más duro tira en el deporte - lanzó la siguiente recta al próximo bateador, que casualmente era de nuevo Tino Martínez, desatándose una de las peores peleas en todo el béisbol. Por eso es que Martínez mantenía dos dedos en alto mientras los jugadores de los Orioles lo aguantaban, en referencia a las dos ocasiones que fue golpeado por Benítez, y por eso es que los jugadores de los Orioles reconocieron a los Yankees durante la pelea que Benítez estaba equivocado, de nuevo.

Es muy posible que los Gigantes ya hayan expresado su molestia a los Nacionales por las acciones de Strickland. Sin duda los jugadores de Washington han visto el video de Posey, capitán de facto de los Gigantes, manteniéndose en su posición en vez de moverse para interceptar a Harper cuando el bateador arremetió contra Strickland. Han visto cuánto tiempo le tomó a otros jugadores de los Gigantes llegar a Strickland, cómo el foco de los jugadores de San Francisco no fue el de ampliar la pelea y sacar a relucir otros viejos rencores; en cambio, un grupo de jugadores de los Gigantes se encargó de arrastar hacia el camerino a un enfurecido Strickland.

Pero la organización de San Francisco sería sabia en distanciarse del ridículo causado por Strickland al tomar algún tipo de medida disciplinaria, con algo sustantivo - quizás una suspensión. Y Strickland luciría astuto si verbaliza algún tipo de disculpa con los Gigantes, y asume la responsabilidad - en aras de su relación con sus compañeros, por lo menos. Porque al actuar motivado por un viejo rencor, sin duda puso a sus compañeros en gran riesgo de ser golpeados en represalia. Al final, podría ser Posey o algún otro compañero el que sufra las consecuencias de la decisión de Strickland.

Algunos oficiales de béisbol de la vieja escuela podrían argumentar que esto se debe dejar que se resuelva en manos de los jugadores, pero eso sería realmente estúpido. Ahora mismo, todo el mundo en el béisbol está bien consciente de la alta probabilidad que los Nacionales tomen algún tipo de represalia - y si la misma es ejecutada apropiadamente, una recta va a rebotar en la espalda o en el trasero de un jugador de los Gigantes. Pero también es posible que el lanzador que intente ejecutar la represalia falle su objetivo y en cambio golpee la mandícula, como casi le ocurrió a Matt Barnes cuando intentó golpear a Manny Machado el mes pasado.

Y como demostraron los Orioles y los Medias Rojas con su serie de pelotazos el mes pasado, no hay guías establecidas para una situación como esta. Equipos diferentes van a tener interpretaciones diferentes sobre lo que constituye una venganza apropiada. Eventualmente, el comisionado Rob Manfred se vio obligado a intervenir y a ordenarle a ambas partes que depusieran su actitud.

Antes de que las cosas lleguen a ese punto, los Gigantes deberían hacer algo. Sí, Hunter Strickland es su jugador, su compañero, pero eso no significa que deban sentarse cómodamente y pretender que lo que él hizo el lunes es remotamente aceptable.

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