Urge una "independencia" futbolística de las selecciones mexicanas. Separar el negocio de la cancha y buscar una estructura distinta para el manejo de las selecciones. Solo así el futbol mexicano podría llegar con otro tipo de argumentos y garantías dentro de cuatro u ocho años, cuando vuelva a buscar el paso de calidad en una Copa del Mundo. No se trata sólo de nombrar un entrenador. Detrás de Juan Carlos Osorio, de Miguel Herrera o de Matías Almeyda, debería existir un consejo, debidamente conformado por personajes de experiencia, las mejores y más brillantes mentes del futbol mexicano al servicio de las selecciones mexicanas. Es tiempo de profesionalizar al máximo a la selección mexicana y no solo verla como un producto, una "marca registrada" para generar ingresos...

MOSCÚ, Rusia.- Hay muchas formas de hacerlo. Todas requieren de voluntad y el deseo verdadero de un cambio. México puede ser una potencia del futbol, pero no basta creer en ello, no es suficiente con imaginarlo o soñarlo, hay que realizar las transformaciones necesarias para lograrlo.

Antes que una continuidad de Juan Carlos Osorio --que de ninguna manera veo con malos ojos-- el futbol mexicano necesita un proyecto de selecciones nacionales que garantice que dentro de cuatro u ocho años el arribo a los cuartos de final no dependa de temas fortuitos.

Siete mundiales, 28 años consecutivos han concluido de la misma forma. En todo ese tiempo, se utilizaron diferentes jugadores y entrenadores. Es tiempo de sentar las bases de un cambio, de una verdadera transformación en la estructura de las selecciones nacionales para que, cuando llegue otra vez el día de dar el paso de calidad, no se dependa únicamente de una mala jornada del rival o del camino que de pronto se dio en el torneo. México necesita de un plan, de una estructura diferente en la selección, de un consejo deportivo que sea capaz de equilibrar la parte comercial, que le de rumbo al trabajo de selecciones menores, a la búsqueda de un estilo homogéneo para todas las selecciones mexicanas, que le exija cuentas al entrenador y que determine la organización deportiva. Hay que "arrebatarle" el manejo de la selección a quienes hoy tienen el poder. Que ellos se queden con la parte comercial que, supongo, lo hacen bien y que dejen que una comisión independiente se haga cargo de la parte futbolística. Tengo los nombres de quienes podrían integrar esa comisión: Manolo Lapuente, Ricardo Lavolpe, Ricardo Ferretti, Enrique Meza, Hugo Sánchez, Víctor Vucetich, José Manuel de la Torre y otros entrenadores y ex jugadores podrían aportar su experiencia y conocimiento. A ellos hay que darles "las llaves" de la selección para que conduzcan la parte futbolística. Mientras más esté "divorciada" esa "sección" de la que maneja los intereses comerciales, habrá una mayor oportunidad de conseguir resultados.

Los dueños de equipos y las televisoras deben darse cuenta de que todas las fórmulas han fracasado y de que si le dan a las selecciones nacionales una independencia --al menos deportiva-- y se hacen algunos cambios en la liga y en el desarrollo de los futbolistas, podríamos estar más cerca del salto de calidad que el futbol mexicano tanto añora.

Habría que analizar la actual estructura deportiva de las selecciones nacionales, donde aparecen, debajo del secretario general de la FMF, Guillermo Cantú, nombres como el de Dennis Te Klose y Gerardo Torrado. Los dos, grandes profesionales, pero... ¿son los adecuados para el puesto? ¿Le piden ellos "cuentas" al entrenador nacional? ¿Pueden o tiene la autoridad para hacerle alguna observación al entrenador? Hay que profesionalizar más a las selecciones nacionales. Tiene que estar las mejores mentes del futbol mexicano, las más experimentadas.

Puede ser Juan Carlos Osorio, puede ser Matías Almeyda o Miguel Herrera o quizá algún otro, pero lo más importante es respaldar a ese entrenador con un proyecto que vaya más allá del capricho de aquellos que manejan a la selección como una "marca registrada", como un producto que se puede moldear al gusto de los que solo piensan en el negocio.

Es urgente que entreguen "las llaves" de la Selección Mexicana, al menos en la parte deportiva, futbolística y que ellos --lo que tienen el poder-- sigan manejando los negocios. Solo así podremos llegar con otro tipo de garantías en cuatro u ocho años.

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México, David Faitelson

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Para la mayoría de la afición mexicana se acabó el Mundial. Es momento de tomar al segundo equipo favorito. Seguramente después de la ronda de Octavos de Final, ahora muchos estarán del lado latinoamericano con Uruguay y Brasil, después de la desafortunada eliminación de Colombia, un equipo que fue protagonista de principio a fin, pero que lamentablemente perdió en lo tiros penales.

¿Qué sigue para los que gustan este bello deporte en nuestro país? Bueno, pues la Liga Mx. Ahora los que se unieron en torno a la playera verde se dividirán semana a semana con sus respectivos locales. El tema Selección Nacional pasará a segundo término salvo cuando ratifiquen -luce imposible- o no renueven el contrato del técnico colombiano, Juan Carlos Osorio. Después quién podría llegar a la dirección técnica para volvernos hacer soñar con el quinto partido. En fin, se comienza de cero y parece que no avanzamos nada, pero estoy de acuerdo con lo dicho por Javier ‘Chicharito’ Hernández, quizá en resultados no llegaron al quinto juego, pero en mentalidad existe una mejora sustancial.

Ojalá que el próximo ciclo mundialista se capitalice. También espero que haya mucho apoyo a los jugadores mexicanos, tanto para salir al extranjero, como para tener oportunidades en el campeonato mexicano, después de la invasión foránea.

Los rastros de la eliminación

Tristeza. Los mexicanos que aún deambulan por las calles de Samara, un día después de la eliminación ante Brasil se ven cabizbajos, tristes y sin respuestas inmediatas a las eliminación. Asegurar que no tienen amor a la camiseta y no pusieron lo que tienen que poner son análisis demasiado ligeros que ya no deberían caber entre nosotros. Insisto en este tema, queremos que la Selección avance significativamente y no nos damos cuenta que como aficionados tampoco hemos crecido con análisis más profundos sobre lo que verdaderamente pasó en Rusia.

Siempre se ha querido que México tenga una propuesta futbolística y la tuvo. Le jugó de tú a tú a sus rivales. Regularmente se ha pedido que tengan mentalidad para afrontar los compromisos, la tuvieron los jugadores que dieron cara a los cuatro rivales que les tocó, se quería un equipo ofensivo y también se tuvo, es decir, los márgenes de crítica sinceramente quedan muy disminuidos para los que gustan de herir el crecimiento de nuestro futbol, aunque el resultado sea el mismo.

Mexicanos que se encuentran en las calles reconocen que Brasil fue mejor. “Ni modo, se peleó hasta el final”, es el comentario que redunda entre la gente. No es que yo esté de acuerdo con lo que pasó. México comenzó con luces y terminó entre sombras. Ilusionó a millones y terminó decepcionándolos nuevamente. Ojalá que en los próximos cuatro años se haya aprendido de esta nueva lección. Se deben exportar jugadores para que estén en los mejores niveles semana a semana. No es nuevo. Todos lo han dicho.

Lo mejor de México, su gente y el grito...

Sin duda lo mejor de México fue su afición. Ninguna como la nuestra. No es que me ponga los colores ‘verdes’, pero estuvieron a la altura de las circunstancias en los momentos que el equipo los necesitó. En medio del apoyo y de los cánticos, específicamente al ‘Chucky' Lozano, lo que no debe olvidarse es que en Rusia se acabó el grito de ‘eeehhhhhh puto’ ¿cómo? Primero por la voluntad de la gente que se puso de acuerdo estrictamente para apoyar y no dañar más al equipo. Segundo porque en Rusia se hace respetar la Ley.

Lo decía en otra columna, acá no se andan con miramientos con las normas, si alguien las viola de inmediato se aplica un castigo. Otro gran acierto es el FAN ID porque cada persona está identificada, incluso hasta para registrarse en los hoteles a donde van. Otro beneficio es que para entrar a los estadios el ‘documento’ es revisado, por lo que cualquier desmán la persona es identificada en forma inmediata. Ojalá y las autoridades de la Liga Mx hicieran algo similar. Se ahorrarían seguramente varias problemas en las tribunas. No sé si sea una cuestión de voluntad o de organización, pero de que se puede, se puede.

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El Tri se tropezó con la misma piedra

México volvió a las andadas como lo ha hecho en los últimos 7 Mundiales: se quedó en la frontera del quinto partido. Y fue un asunto de calidad -no de otra cosa- lo que le distanció de la posibilidad de vencer a Brasil. Es completamente equivocado voltear hacía los futbolistas o el entrenador. Lo que hay que revisar son las anquilosadas estructuras del futbol mexicano y de la selección mexicana y darles otro rumbo, otra dirección...

MOSCÚ, Rusia.- El futbol mexicano tropezó con la misma piedra de los últimos 28 años: el cuarto partido de una Copa del Mundo. Y lo hizo por una simple y llana razón: falta de calidad.

Después, habrá tiempo para diferentes interpretaciones sobre el cómo y el por qué. La realidad es que cuando México intenta traspasar esa imaginaria frontera que mide su avance en la cancha de juego, retrocede temerosamente. Hace 28 anos fue Bulgaria, hace 24, Alemania. Luego, Argentina. Hoy, fue Brasil. Muy simple: es un tema de calidad futbolística.

Podemos objetar las decisiones del entrenador, la alineación de un veterano de 39 años como Rafael Márquez, por ejemplo, o el comportamiento de equis o zeta jugador. La realidad es que México volvió a ser superado en todos los rincones de la cancha. Si acaso, por 20 o 25 minutos, mantuvo una imagen competitiva. Luego, en el desgaste del partido, se fue descomponiendo. Brasil, con Neymar, con Wiilian, con Coutinho, Gabriel Jesús y todo su arsenal ni siquiera tuvo que emplearse a fondo para sentenciar el resultado. México se ha ido, nuevamente, por “la puerta de atrás” de un Mundial en el que de pronto elevó sus expectativas y soñó libremente con trascender. Al final, ni el valorado triunfo sobre Alemania, ni los seis puntos que podrían colocarle entre los 10 mejores de la FIFA, parecen suficientes para saciar la sed del aficionado mexicano al futbol.

Pero culpar a los futbolistas y al entrenador parece una rutina equivocada de cada ciclo mundialista. Lo que habría que hacer en realidad es revisar las anquilosadas estructuras del futbol mexicano y el trabajo en las selecciones nacionales. Y exigirle responsabilidades a los dirigentes, los que toman decisiones, lo que no parece importarles demasiado porque para ellos la selección y el futbol mexicano es un negocio. Mientras las cuentas sean claras y contundentes, lo demás les importa un reverendo “cacahuate”. En ellos habría que centrar la atención de un problema que se repite cada cuatro años. Las estructuras del futbol mexicano, de la selección nacional. Las reglas de la Liga MX que no favorecen el desarrollo del futbolista. Las fuerzas básicas. La exportación de jugadores hacia las ligas europeas. El proyecto de selecciones, quien decide al entrenador, el estilo de la selección en todas las categorías, los juegos de preparación, los objetivos. Todo ese acumulado termina acumulándose el día en que México se plantea pasar por la frontera del quinto partido.

No estoy muy seguro de que el futuro sea muy alentador para el futbol mexicano. Cada día es más y más complicado el surgimiento de futbolistas mexicanos. Los dueños de clubes toman decisiones que parecen ir contra el desarrollo mismo del deporte, un ejemplo de ello, la abolición del descenso.

México ha vuelto a quedarse en el camino en el sitio que históricamente le corresponde. No está para incluirse entre las 8 mejores selecciones del mundo y hoy, cuando trató de probar qué tan lejos o qué tan cerca está de las grandes potencias (personificada a la perfección en una selección como la brasileña) terminó con malas noticias. Es un tema de calidad. Aquellos que no lo quieren ver así, no saben o no quieren apreciar la realidad. Y a ese asunto de calidad se llega con un trabajo y con un plan diferente. Ninguno de los intentos que se han realizado en los últimos 30 años ha dado resultado. Es tiempo de voltear el timón, de buscar nuevos horizontes, vientos, tripulantes diferentes, velas y mares distintos para ver si da el paso de calidad que todos anhelamos.

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México, David Faitelson

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Hace poco un compañero del diario Esto, Salvador Aguilera, preguntaba a Andrés Guardado sobre si a la prensa nos gustaría escribir crónicas de éxito... Qué difícil que las últimas siete nos quedemos en el mismo capítulo y no avancemos.

Dudo mucho que sea el entrenador. Juan Carlos Osorio, un técnico estudioso, hizo hasta lo imposible porque México alcanzara el objetivo del quinto partido, pero él tiene su parte y el resto es de los jugadores.

No caigamos en la simpleza de asegurar que no le ‘echaron ganas’, por favor, esto tiene un argumento más allá, pues los análisis pasan por muchos aspectos y uno de ellos es que los brasileños son mejores.

Nos falta competencia. Tener jugadores en Europa que entrenen con los grandes y jueguen a altos niveles, porque colectivamente México buscó igualar lo que sabemos que individualmente en algunas posiciones es inferior. Los brasileños nos ganaron porque juegan cada ocho días en las mejores ligas del mundo y eso hace una diferencia.

Mentalidad había, calidad también, pero hasta en eso hay límites y los mexicanos las tenían. Dénme un Neymar, un Willian, un Coutinho... Imposible con lo que tenemos en la actualidad. México se enfrentó a lo mejor y tiene su boleto a casa. Debe seguir su trabajo de recambio en el equipo y tiene cuatro años para lograrlo.

Lo bueno, lo malo y lo feo

Lo bueno es que México le jugó de tú a tú a Brasil sin mirar al rival y su potencial futbolístico. La Selección encaró un equipo con mejores recursos individuales y lo dominó casi 30 minutos del partido. Después los rivales equilibraron el juego y llegaron las dos cuchilladas mortales.

Lo malo fue que quedó nuevamente patentado que mientras México no tenga más jugadores en el extranjero, la calidad del equipo mexicano no se elevará. Hirving Lozano, el mejor jugador mexicano, se perdió cuando lo anularon por las dos bandas en las que jugó y de ahí ya se perdió prácticamente en el partido.

Lo feo es la nueva frustración de miles de aficionados que volvieron apoyar con todo al Tri, pero se llevan una nueva decepción en la misma etapa de siempre.

En las tribunas, los mexicanos fueron superiores desde el principio y eclipsaron el apoyo brasileño, sin embargo, ya cuando estaba casi todo definido obviamente el silencio fue la respuesta y quizá un atisbo de ilusión con el “Sí se puede... Sí se puede...”, pero realmente no se pudo.

Balance general, suficiente

Después de haber visto los cuatro partidos, realmente el balance fue suficiente. Dos partidos muy buenos ante Alemania y Corea del Sur, una derrota muy clara ante Suecia y otro descalabro frente a Brasil, uno de los mejores equipos del mundo.

Futbolísticamente se tuvo una identidad de juego ofensivo, de no achicarse frente a un rival, pero también quedó claro que en instancias decisivas, de la mano de Juan Carlos Osorio no se rompieron esos límites mentales que tanto se buscaron.

Este equipo mexicano se irá con el recuerdo de haberle ganado a una Alemania que no pasó a la siguiente fase, así como también ante los coreanos, que quedaron eliminados, pero que cayó cuando estaban a un paso de hacer historia y frente a Brasil que de igual forma significaba el boleto para llegar al quinto partido.

Lo que sigue será escoger un buen entrenador, hacer ese cambio generacional que necesita el equipo y finalmente apoyar a los jóvenes mexicanos en la Liga Mx que es la cantera y base del equipo nacional, así como la exportación de jugadores hacia Europa.

Mientras seguiremos lamentándonos no llegar a ese quinto partido que más que una meta se ha convertido en una obsesión.

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El cuarto juego que tiene “la llave” para el quinto juego. ¿Lo hará? ¿Lo logrará esta vez? Enfrente tiene a quien la crítica considera más que nunca como la mejor selección del mundo. El imponente Brasil, con sus grandes estrellas en cada línea del campo y con un jugador “clase A” llamado Neymar. El gran aspirante a ser Campeón en una Rusia convulsionada y abatida por los acontecimientos inesperados de la cancha…México, ante su destino…

MOSCÚ, Rusia.- Volvemos a un viejo escenario del futbol mexicano: “el quinto partido”, un agónico, dramático y sufrido episodio convertido en melodrama donde nadie parece tener la explicación exacta sobre la razón o las razones del fracaso.

“Tal vez ese sea nuestro tope, nuestro verdadero nivel”, me dijo alguien la semana pasada. Y puede que así sea. También, se trata, sin duda, de la salida mas fácil y más sencilla para un futbol que, sin embargo, presume una de las grandes pasiones e industrias del mundo y que ha tenido su propia historia -limitada y todo- en la historia del futbol internacional.

Con todo ese “bagaje” encima, México vuelve a un sitio común: el cuarto juego que tiene “la llave” para alcanzar el nivel que nunca han logrado en un Mundial de Futbol. En la memoria de viejos y jóvenes quedan “las cenizas” de Nueva York (1994), Montpellier (1998), Jeju (2002), Leipzig (2006), Soweto (2010) y Fortaleza (2014). El problema es que tendrá enfrente a una potencia del juego llamada Brasil. Las posibilidades vuelven a ser remotas. Los jugadores reclaman confianza, los aficionados gloria y los periodistas prudencia. ¿Cuál es la medida correcta?

Como lo ha dicho este domingo el entrenador Juan Carlos Osorio, México juega ante la que, quizá hoy, ante las prematuras caídas de Alemania y España, tenga ya el carácter de la mejor selección del mundo. Un equipo que ha ido de menos a mas en el Campeonato, plagado de talento en cada una de sus líneas y con una figura descollante llamada Neymar. El Brasil de “Tite” es más que favorito para jugar y ganar la Final de Rusia 2018 el próximo domingo 15 de julio.

¿Dónde radican las posibilidades de México? En el valor entendido de que en ninguna zona del campo México supera a Brasil, todo parece volver a depender de una gran estrategia mexicana y una pobre actuación brasileña, más o menos, la misma película que esperábamos y que finalmente se produjo el 17 de junio, cuando México se presentó en el Mundial ante Alemania. Claro, no sabíamos cuál era el estado de esa selección alemana que terminó siendo un fracaso. Pero Brasil ha mostrado solidez paso a paso en este Mundial. Ni siquiera ha tenido que depender tanto de Neymar. Ha descargado más en la figura del Barcelona, Coutinho, que ha sido declarado por los medios brasileños como el mejor jugador de la primera fase. 

Algunos expertos creen que a este Brasil se le hace daño atacándole. Nadie, salvo Serbia por algunos parajes del juego, se animó a inquietar la portería de Allison. En tres juegos del torneo, Brasil sólo le permitió un gol a Suiza, un tiro de esquina que remató Steven Zuber para empatar el marcador al comienzo de la segunda parte. Fue el único punto que le arrancaron a Brasil en un partido donde tuvo las mejores opciones de gol. Osorio insistió hoy en que presentaría una alineación ofensiva este lunes en Samara, es decir, al menos cinco jugadores de vocación ofensiva. No parecía todavía claro si elegiría jugar con una línea de tres defensores centrales. Hay que recordar que el zaguero central titular, Héctor Moreno, esta suspendido por acumulación de las tarjetas amarillas.

El clima del Mundial parece propicio para que México intente una hazaña este martes en la Arena de Samara. Las intempestivas eliminaciones de Alemania, Argentina, Portugal y España han alentado un campeonato de sorpresas, pero vencer a Brasil, para México, ha sido imposible en la historia de los Mundiales. En otros torneos -incluyendo y destacando la final de los Juegos Olímpicos del 2012- la gesta ha ocurrido.

El “otro clima”, el interno, señala que México viene de una estrepitosa caída ante Suecia cuando se supone que debería confirmar sus primeras dos actuaciones del Mundial -el valeroso triunfo ante Alemania y la victoria sobre Corea del Sur-. Al final, México logró su pase a octavos gracias a la intervención de “un tercero” además de que no pudo evitar el enfrentamiento ante Brasil.

México sale otra vez ante su destino este lunes en el Mundial. La verdadera pregunta que podemos hacernos es si realmente pertenece a la clase de las 8 mejores selecciones del mundo. La respuesta será que no, pero que, en un juego, pueden ocurrir muchas cosas. Y si no cree, basta preguntarle a Alemania, Argentina y a Portugal que ya están en casa y a España que va en camino…

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México, David Faitelson

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SAMARA -- Si el mundo se debe frotar las manos por lo que veremos mañana en la cancha de la Arena Samara, seguramente habrá otro duelo muy interesante. No necesariamente en la cancha, sino en las tribunas.

Sin duda, el ‘enfrentamiento’ de mexicanos y brasileños será muy interesante, a fin de saber quién va apoyar más a su equipo. Para la prensa rusa, sin duda, México le ha dado un sabor muy especial a la Copa del Mundo con sus cerca de 40 mil aficionados que han alentado al Tri toda la primera fase. Más allá, el colorido de los sombreros y la música nacional han traído mucha alegría a los rusos. Sin embargo, mañana, estará también otra torcida muy apasionada: la brasileña. Apenas suenan los tambores de la batucada y los rusos corren como hipnotizados al ritmo de los brasileños un punto que hace la diferencia entre ambas selecciones es que mientras los mexicanos compran los tres boletos de la primera fase, los brasileños lo adquieren, pero en fases decisivas, pues saben que ahí es donde va a ver a su selección. Quizá mañana no se podrá cantar el “Y ya lo ves y ya lo ves somos locales otra vez”, ni modo.

Realidades diferentes. En Brasil 2014, cuando México enfrentó a La ‘Canarinha’, en casa, (Fortaleza) me pareció más apoyo de los mexicanos, esperemos ver mañana que sea lo mismo.

Toros-México

Si algo saca adelante los objetivos es el trabajo es el equipo. Ver a Miguel Layún, Javier Chicharito Hernández y ‘Tecatito’ Corona platinados habla de la unión de grupo que hay al interior. Mañana todo puede pasar, pero es un hecho que el representativo mexicano se ha caracterizado por estar integrado por un fuerte grupo en lo mental y lo futbolístico.

Héctor Herrera declaró eso en la conferencia de prensa, como uno de los argumentos para ganarle a Brasil. Es muy loable, aunque para superar a los Pentacampeones del mundo se necesitará más que unión en el equipo. Sin embargo, el primer paso está dado. Gerardo Torrado, hoy director deportivo, aseguró que ve un plantel muy fuerte fuera de la cancha y dentro de la misma. Personalmente he seguido al Tri, desde su llegada a Europa y puedo corroborar que este plantel es uno sólo. Nadie dude que mañana se morirán en la cancha por sacar un buen resultado. Es el momento preciso para romper esas barreras mentales y no lo dudo ni tampoco sería una sorpresa que mañana lo logren. Es tiempo de creer en el sí se puede de antaño e imaginarnos cosas chingonas de la actualidad.

La humildad de Tite, de aplaudirse

Uno de los aspectos que me atrajo de Tite, técnico de la Canarinha, es la forma en cómo se maneja respetuosamente con los reporteros de su país, pero no sólo eso, le da el lugar a sus auxiliares de campo, Sylvinho (auxiliar) y Fabio (preparador físico), como lo hace al acudir con ellos a la conferencia de prensa.

Cuando hay una pregunta relacionada a cuestiones tácticas sede el micrófono a Sylvinho, quien explica todo el tema relacionado a cuestiones de estrategia y conocimiento del rival, pero cuando se habla de recuperación física, entonces cede la palabra a Fabio. Quizá agrega uno o dos comentarios, pero es la primera vez que observo que en una conferencia de prensa, el seleccionador no va sólo y se hace acompañar por su equipo a quien les otorga un nivel superior a lo que regularmente están acostumbrados los auxiliares de campo a quienes incluso, algunos entrenadores, piden no salir al escenario, pues el único que manda es él. Otro punto a favor es que ante tanta prensa y cuestionamientos de colegas de su país, les responde uno por uno sin enfado alguno. Un buen ejemplo de lo que seguramente vendrá a futuro cuando la humildad sirve la mesa de los protagonistas. ¡Salud!

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Para alimentar un falso nacionalismo confundido en el futbol, el aficionado mexicano de los Mundiales parece exigir que el periodista --convertido en "porrista"-- le mienta y le diga lo que quiere escuchar. Si no recibe la respuesta adecuada, se transforma, se incomoda, se enoja y hasta se violenta…El futbol no se puede confundir con la bandera o la patria y el aficionado debe entender que cada quien tiene su labor en "el juego"…A propósito: no parece existir la forma de decirle al aficionado lo que él quiere escuchar: que México tiene opciones de ganar este lunes en Samara…

MOSCÚ -- Me tardé, pero ya entendí de qué se trata "este juego": De decirle al aficionado lo que él quiere escuchar y no lo que uno piensa... ¿Mentirle?

¿Cómo le va a ir a México?, me increpó uno de los tantos aficionados mexicanos que caminan por las calles moscovitas.

Es un juego difícil, le dije antes de que me exigiera un marcador.

2-0 para Brasil, le dije...

Y eso fue suficiente para que su semblante y su tono se transformaran de inmediato.

Hay que ser positivos, carajo. ¿Qué? ¿No eres mexicano?, me lanzo antes de que yo aumentara vigorosamente el ritmo de mis pasos.

El aficionado mexicano quiere escuchar lo que es satisfactorio para él escuchar. Lo demás, pareciera una ofensa, un ataque que convierte a su interlocutor en un enemigo, casi en un "antipatriota", casi en un "traidor".

Tampoco me alarmo demasiado. Entiendo perfectamente --porque alguna vez lo fui -- el sentimiento y la pasión que siente un aficionado. Comprendo también que gran parte de esa reacción obedece a un tema mercadológico --comercial--, donde la FIFA --principal "culpable" -- acude un sentimiento nacionalista cuando en realidad se está jugando un simple juego de futbol que representa al futbol de ese país. La selección de México no representa a México, sino al futbol de México. En un camino donde impera la escasa educación --yo le llamaría ignorancia-- aparecen comportamientos radicales de índole nacionalista que nada tienen que ver con el juego de futbol como tal. Los himnos, las banderas e insisto, la ausencia de valores, terminan propiciando esa situación que no es privativa de México. Se desarrolla en la mayor orate de las selecciones que participan en el Mundial, pero se acentúa más en la ideología latinoamericana del futbol.

Entenderán, ustedes, que la labor periodística se complica más alrededor de un Campeonato Mundial, que deja de ser una competencia futbolística --como lo que realmente es-- para transformarse en una batalla donde interviene un exagerado y mal entendido sentimiento patriótico. Y no importa si se dicen "mentiras", el aficionado cree que la labor del periodista es la de transformarse en un "porrista" más y alentarle a creer que el resultado o la gesta es posible. Ninguna explicación basada en un estilo de juego, en calidad, en estadística, en experiencia es capaz de suplir frases como se "tiene que confiar y creer" o el "sí se puede" tradicional.

Claro que existe una, algunas o muchas probabilidades de que México salga con la victoria este lunes en Samara, pero en condiciones normales, Brasil sería un claro triunfador del juego de los octavos de final. Y tiene que ver, más allá de un sentimiento, con el nivel técnico y físico de cada uno de sus futbolistas y de que México no tiene una figura de los tamaños de Neymar que pueda cambiar el curso del juego por sí mismo.

En realidad, lo envidio. Envidio al aficionado, que puede y debe pensar de esa forma, pero tendrá que entender que los periodistas estamos para dar una opinión, un juicio o un pronóstico de acuerdo a ciertos parámetros, pero nunca bajo parámetros que tengan que ver con pasión. El día en que el periodista rebase esa delgada línea, perderá cualquier credibilidad de y para su profesión.

En resumen, como mexicano, ser periodista no parece una posición cómoda en la Copa del Mundo, pero ser aficionado, por otra parte, implica sufrir más de la cuenta. Al final, si cada quien, con respeto y prudencia, se mantiene en su lugar, creo que estaremos bien y a salvo...

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México, David Faitelson

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 La Selección Nacional necesita ya el recambio generacional que todo representativo presenta en los mundiales. México es el tercer equipo con un promedio de años arriba de 30 lo cual lo hace el tercero más grande de las 32 selecciones del mundo, sólo por debajo de Panamá y Costa Rica, por cierto, otros dos combinados que pertenecen al área de la Concacaf.

Sin duda, jugadores como Rafael Márquez, con una gran experiencia mundialista, incrementan mucho ese porcentaje, aunque su aportación dentro del campo y fuera del mismo, más esto último, sea excepcional. El tema pasa porque Francia, el equipo más joven del campeonato, con casi 25 años superó a Argentina por marcador de 4-3 con un elemento -Mbappé, seleccionado del PSG- quien incluso igualó la marca de Pelé y tiene un futuro impresionante.

Argentina también es de las delegaciones donde sus integrantes rozan los 30 edad en lo que antes se consideraba el futbolista al cien por ciento en lo físico y futbolístico; empero, este mundial ya demostró que la juventud comienza a predominar más en las justas ecuménicas.

El problema para el próximo técnico del Tri (Osorio tiene pie y medio fuera) será hacer ese recambio generacional con futbolistas de los llamados nuevas promesas (Campeones del Mundo en 2005) que hoy ven pasar los años y en muchos casos difícilmente llegarán a plenitud física en Qatar 2022. Si se le suma una liga llena de extranjeros, el resultado predice otros mundiales donde sólo la esperanza será el quinto partido (habrá que esperar el resultado del lunes), claro sólo en caso que pierdan los mexicanos.

¿Y los mexicanos?

En Samara, sin duda, habrá miles de mexicanos, pero en esta ocasión brillaron por su ausencia a la llegada de la Selección Nacional. Quizá porque el hotel del equipo está alejado de las comunicaciones en transporte o porque definitivamente los gastos de muchos connacionales ya comienzan a mermar sus bolsillos. Es verdad que Rusia no es caro, pero también es un hecho que estar cerca de tres semanas ni con bolsillo lleno alcanzará para la Final.

Es muy probable que el escenario donde México buscará hacer historia este lunes tendrá mayoría de connacionales que apostaron por el juego en esta sede, pero en el avión que nos trajo a esta ciudad, la sexta más poblada de Rusia, ya había torcedores brasileños que confían en que la Canarinha avanzará a la siguiente ronda. Otro conflicto que acompaña a los connancionales son los boletos. Como sucedió en Ekaterimburgo, los paisanos buscan con denuedo tickets para entrar al juego, mismos que nuevamente se cotizan hasta en mil dólares. Si usted le suma los gastos de cada mexicano en este país debieron haber roto más que un puerquito. Vamos a ver hasta donde llegan. Confianza hay. De último momento la FMF puso disponibles boletos en categorías 1, 2 y 3.

Hotelería de baja calidad

Samara, la sexta ciudad más poblada de Rusia, con cerca de un millón seiscientos mil habitantes, lamentablemente no cuenta con la infraestructura hotelera que debería tener una sede mundialista. Varios colegas y aficionados se quejan de los lugares donde fueron alojados por dos cosas: el costo de la noche (en algunos casos llegan a pagar hasta 5 mil pesos), pero el tema no pasa por el pago, sino por las habitaciones que son viejas, chicas y con hoteles de 2 y 3 estrellas sin mucho que ofrecer.

La gente en general, sobretodo mexicanos que llegan de mochilazo, se van a hostales y algunos más incluso a orfanatos, pero es un hecho que la comodidad no es algo que se destaque en algunas de las sedes mundialistas. Otro tema es que las distancias son enormes y en algunos casos los medios de transporte son insuficientes. Ojalá en Qatar —seguramente no sucederá— no pasará este ‘inconveniente’ que a muchos periodistas ha molestado, ya que en algunos casos se quedan en esta sede por muchos días y si se acumula el calor y el cansancio pues la fórmula es perfecta para explotar en cualquier momento.

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MOSCÚ -- Rafa Márquez y Javier Hernández quemaron su pólvora en infiernitos, en juegos pirotécnicos de kermese.

Ambos se apresuraron en redes sociales a aclararle al bullicioso entorno de la selección mexicana que el pase a Octavos de Final es sólo mérito suyo y que no existe padrinazgo de Corea del Sur por humillar a Alemania, 2-0.

¿Y...?

Márquez y Hernández puntualizan que es mérito del Tri el haber sumado los seis puntos que los envían a enfrentar a Brasil, y que la sacudida de Corea del Sur a Alemania ocurrió en otro universo y no en su vecindario mundialista.

¿Y...?

Pasaron, los seleccionados, en cuestión de horas, de #ImaginémonosCosasChingonas a imaginarse complots.

Sin duda tienen razón. Los seis puntos los acercaron a un desenlace dramático, especialmente porque nadie podía apostar por la debacle alemana.

México siempre fue dueño de su destino, claro, hasta antes de que Suecia le diera tres tiros y no en el pecho, sino más abajito. Y entonces, sus feligreses tricolores prefirieran pujar por Corea, y olvidarse de sus héroes, que ya eran fiambres en descomposición en la cancha de Ekaterimburgo.

Márquez generaliza con el término "mediocres" a todo aquel que hizo mofa, meme, tweet, reporte noticioso, análisis o simplemente un chascarrillo, por la fortuna de que Corea del Sur finiquitó las esperanzas alemanas, y ahuyentó el peligro.

Márquez debe recordar que "el que generaliza, se descalifica y exonera", y al igual que Hernández, soslaya, lamentablemente, que en la amargura del 3-0, cabe la festividad consoladora de rendir tributo y agradecimiento a los futbolistas coreanos, que, dicho sea de paso, fueron recibidos de manera humillante en su país.

Contrastes pues: en Corea del Sur no se permite vanagloriarse por vencer a Alemania, porque no sana la herida de la eliminación; y en México se les trata como héroes porque sirven de catarsis para olvidarse de la abominación del 3-0 ante Suecia.

Ni Rafa Márquez ni Javier Hernández, ni otros seleccionados nacionales que se han inconformado de manera confidencial con algunos comunicadores, ninguno de ellos tenía porque desgastarse en esos mensajes de autocompasión.

¿De verdad Márquez cree que se les considera mediocres por la derrota ante Suecia? El 3-0, penoso, doloroso, no puede competir con la contundencia de no sólo vencer a Alemania, sino ofrecer 45 minutos brillantes ante los vigentes campeones del mundo y de la Confedereaciones.

¿Y de verdad Javier Hernández cree que se les considera "pendejos" por perder ante Suecia?

Curiosamente, cuando les conviene, los futbolistas argumentan que ni son los mejores cuando ganan, ni son los peores cuando pierden.

Y, ahora, mientras los aficionados se deleitan con el folklore tan mexicano de bailar un jarabe o un huapango sobre su propia tumba, son los mismos seleccionados, a través de sus aparentes líderes, Rafa y Chicharito, quienes se quejan de considerarse, a sí mismos, los peores porque perdieron ante Suecia.

Tal vez fueron celos: esperaban un apapacho y una felicitación, pero todas las atenciones fueron hacia los sudcoreanos.

Tal vez, el estar enclaustrados, el vivir entre cuatro paredes y la cancha de entrenamiento, los aísla de la realidad. A más de 48 horas después del descalabro ante Suecia, los aficionados mexicanos montan su caravana llena de ilusiones con rumbo a Samara

Rafa y Javier deben saber que ningún peregrino de sus propias fantasías, que se encuentra en Rusia, devoto del Tricolor, piensa que México ya perdió ante Brasil.

El fenómeno que implica una psicomotricidad anímica y espiritual, ese del "sí se puede", los lleva a esta jornada trasiega, porque creen que tras la exhibición ante Alemania, en verdad, ellos pueden.

¿Sabrán los seleccionados que hay fanáticos suyos que mal comen, mal duermen, viajan en tren, a veces no consiguen boleto, y hasta hay gente anciana que sufre para subir los escalones de los estadios?

Calificar y clasificar de "mediocres" a quienes festejan el triunfo de Corea del Sur, o pensar que sus seguidores les consideran que perdieron "por pendejos", es quemar pólvora en infiernitos.

Recordemos: en la Arena Ekaterimburgo no hubo abucheos, no hubo reclamos, aunque, ciertamente, no hubo ese éxtasis festivo como el alboroto que se armó tras vencer a Alemania y a Corea del Sur.

Si no hubo reproches, ¿a quiénes reprochan Márquez y Hernández, a nombre de todos en el Tri a través de sus epístolas mediáticas?

Es más, internamente, el aficionado debió agradecer esa dosis extra de estremecimientos, de angustia, de ansiedad, al olvidarse de bendecir a los de Ekaterimburgo, para implorar a todas las virgencitas para que el milagro ocurriera en Kazán.

Insisten ambos en que ya entendieron en qué se equivocaron y que pretenden solucionarlo ante Brasil. Ni falta hacía aclararlo. Ni por parte de ellos, ni por parte de otros jugadores que envían quejumbrosos mensajes directos a otros comunicadores. ¿Acaso no es su obligación?

Ahora, si estos boletinazos en redes sociales pretenden ayudar a la catarsis, a la autoexpiación de culpas, tiene todo su derecho. Tal vez, incluso, pueda ser un método de liberación que caiga en el librito de Imanol Ibarrondo.

No siempre estas reacciones son eficientes ni efectivas. Recordemos aquella cartita de Márquez, que balbuceó Héctor Moreno, y que le escribió un tundeteclas, por consejos de Decio de María y de Justino Compeán.

En realidad, el que tipos experimentados, con recorrido por torneos europeos, ganadores de varios de ellos, con un historial en las primeras ligas del mundo, parecen demasiado bobalicones, distrayéndose del momento en que están.

Aquí falla Ibarrondo: debe hacerlos entender que ellos son los protagonistas de su propia historia, y no pueden perder tiempo y esfuerzo en lamentaciones, simplemente porque el aficionado y los medios se subieron al carrusel festivo del "coreano, hermano, ya eres mexicano".

Porque, ojo, estos futbolistas profesionales, predestinados, privilegiados, y ciertamente porque lo merecen, tienen la oportunidad histórica de invitar a la fiesta y al orgullo a 130 millones de mexicanos, con ese quinto partido, algo que ya hicieron balompiés con ligas inferiores a la mexicana, como Costa Rica y Estados Unidos, y sin tanto lavatorio público de sus culpas, como lo han hecho Márquez y Chicharito.

Ellos, todos, tienen algo más importante que enfrentar, antes que el chacoteo festivo de su perímetro pasional, como a un tal Neymar, una tal Coutinho, un tal William, un tal Marcelo, etc...

Lamentable pues que se distraigan en murmullos inocuos, inofensivos, inocentes y juguetones, cuando el entorno los ampara para que sean dignos competidores ante Brasil...

Por eso, insisto: dónde quedó aquello, Javier, de #ImaginémonosCosasChingonas en lugar de andarse imaginando complots...

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Los jugadores de la Selección Mexicana están enviando mensajes a través de las redes sociales. Algunos de esos recados --siempre sin un destinatario especifico-- pretenden reclamar o justificar ciertas críticas sobre lo que ocurre en el campo de juego. Los futbolistas están utilizando su gran condición mediática para expresarse, lo cual no está mal, siempre y cuando no pierdan la concentración de lo más importante que tienen en su trabajo: el futbol. Yo creo que necesitamos más futbolistas de cancha y menos de redes sociales y una muy urgente autocrítica que nos permita crecer a todos...

MOSCÚ, Rusia.- No entiendo la necesidad de los futbolistas de salir a las redes sociales a tratar de hacer lo que no hicieron en el campo de juego.

La crítica buena, mala, constructiva o destructiva es crítica y es parte de la vida de un futbolista que es figura pública. La mayor parte de los integrantes de la selección son futbolistas que actúan en las desarrolladas ligas europeas. Ellos entienden que una parte integral de la profesión es asimilar y vivir con la crítica.

Antes y después del Mundial han aparecido diferentes mensajes de los jugadores con respecto al papel de los medios de comunicación alrededor de la Selección Mexicana. “Ustedes no saben como podrían ayudar”, me decía Javier Hernández durante una entrevista en Londres. El propio “Chicharito” ha salido en las ultimas horas a tratar de explicar o justificar lo que le sucedió a México en el partido de cierre de la ronda de grupos ante Suecia. Horas antes, lo había hecho Rafael Márquez, con un mensaje recriminatorio para aquellos que dudaban de la veracidad con la que México había logrado su pase los octavos de final.

No entiendo la necesidad de desgastarse en y ante los medios. Los futbolistas deben estar primero, enfocados, metidos en su verdadero trabajo que es jugar al futbol y luego, disfrutar, regocijarse con el privilegio de jugar un Mundial al que muchas veces no pueden acceder todos los jugadores de futbol. Meterse en líos sobre si la reacción de los medios es la adecuada o sobre si debe dársele el crédito a un “tercero” en la clasificación mexicana es meterse a una cancha y a un partido que no les corresponde.

Los futbolistas de hoy parecen más pendientes de los medios que de su propio nivel de concentración parta afrontar los duros compromisos de un Mundial. No he visto, por otra parte, a ninguno de ellos salir a través de las redes a aceptar públicamente que se equivocaron en tal o equis jugada y que dejaron de hacer lo que tenían que hacer cuando tenían una histórica ocasión para ganar los nueves puntos de la primera fase y lograr un mejor acomodo en los octavos de final.

Los futbolistas son lo más importante del futbol, pero deben jugar menos en las redes y más en la cancha.

Queremos jugadores con personalidad: que hablen, que levanten la voz, que se expresen, que exijan sus derechos, pero me parece inútil que envíen mensajes sin un destinatario específico cuando no están de acuerdo con un juicio o una opinión sobre cierto tema.

Creo que cada quien debe hacer su trabajo y todos estaremos bien: los aficionados deben apoyar, los periodistas deben hacer periodismo y los futbolistas deben jugar al futbol. Cada quien en su sitio.

Los futbolistas lucen más en su hábitat natural: en la cancha. Ahí es donde pueden y deben hablar, expresarse y es ahí donde tiene ventajas sobre cualquiera de nosotros que no puede hacer lo que ellos hacen. Seria muy recomendable que hablen más en la cancha y menos en las redes…

@Faitelson_ESPN

Etiquetas:

México, David Faitelson

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